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Acuerdo Mercosur-Unión Europea: Turquía será uno de los ganadores

Mucho se habló de los potenciales beneficios y perjuicios que tendrá para el país el entendimiento entre ambos bloques. Pero el lado B del acuerdo muestra que países extrazona, entre ellos Turquía, aumentarán sus exportaciones. Enterate por qué.

Tras más de veinte años de duras negociaciones, el viernes 28 de junio en la sede de la Unión Europea en Bruselas hubo euforia por parte de las delegaciones de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y risas y abrazos de funcionarios de la Comisión Europea -sin dudas, menos efusivos que los latinoamericanos- por haber consensuado, finalmente, los términos del tratado de libre comercio birregional.

A la distancia, también celebraron en Beijing, Moscú, Ankara y Kiev. Este repentino entusiasmo se explica por la propia estructura productiva de la Unión Europea, cuyos estados miembro, en muchos casos, se valen de insumos comprados a bajo precio en países asiáticos y del exbloque socialista.

El punto en cuestión se relaciona con lo que se conoce como reglas de origen, una normativa que determina un porcentaje mínimo de insumos o bienes intermedios que los productos finales exportados deben contener, provenientes de los países desde donde se exportan. Esto es aplicable a los bienes industriales y, en cierta forma, responde a los efectos de la globalización en los sistemas de producción.

Autopartes, textiles y especialmente productos siderúrgicos son los apuntados por los industriales del Mercosur como potenciales amenazas, ante los previsiblemente crecientes flujos de intercambio comercial entre los países sudamericanos y el bloque europeo, a partir de la entrada en vigencia de acuerdo.

Al respecto, hay que recordar que el tratado, con su detalle de cuotas, cupos y modificación del esquema arancelario no regirá en forma inmediata. El proceso de protocolización, traducción a todos los idiomas oficiales de los dos bloques y la aprobación de los respectivos parlamentos -4 en Mercosur y 28 en la Unión Europea- demandará al menos dos años.

Oferta y demanda

En el caso de autopartes y textiles el temor de los fabricantes locales se origina en China, país que produce a muy bajo costo y con normativa laboral mucho más flexible que en Europa y Sudamérica. En los autos fabricados en la Unión Europea el 50% del costo debe corresponder a autopartes y componentes de los países del bloque, para respetar las reglas de origen. En la práctica, utilizan muchas autopartes chinas, les hacen una mínima incorporación de valor agregado y luego se vende como “made in UE”. En el caso de textiles, el fenómeno es similar.

“Europa propuso reglas de origen muy laxas que el Mercosur convalidó”, señaló una fuente de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), que nuclea al autopartismo nacional.

El acuerdo permitirá que la Unión Europea podrá envíe autos al Mercosur con sólo 50% de contenidos locales. “Podrían traer un vehículo de China desarmado, armarlo en Europa y de ahí enviarlo al Mercosur”, señaló la fuente.

Lo relevante es que en el valor de un auto las autopartes representan 60/65% del valor de la exportación. “Si un vehículo vale 100, por ahí trae 50 de autopartes de China más 15 de autopartes europeas el resto es ensamblado, así terminan mandando un auto con 50% de piezas chinas”, se quejó el ejecutivo.

La amenaza turca

La industria siderúrgica tiene un panorama algo distinto. Tras la caída del bloque socialista a fines de los años 80 y comienzos de los 90, la Unión Europea comenzó a virar su estrategia hacia el Este. Hicieron acuerdos con países como Ucrania, Rusia, Kazajistán y también otros como Turquía. En todos los casos el acero es crucial, muchas veces ligado a la industria de defensa, y con un gran excedente de producción.

“Una buena parte del acero que produce Europa se hace con productos semi elaborados de esos países”, indicó un ejecutivo de una de las compañías siderúrgicas líder en la Argentina. La trampa está en “tomar el semi elaborado barato de cualquiera de estos países, hacerle apenas una laminación o pasar de palanquilla a barra y ya es europeo”, explicó la fuente. Por si quedaban dudas explicó que “la única manera que tienen de ser competitivos es usando un semi elaborado ruso, ucraniano, turco, chino o sudafricano”.

La diferencia con la norma del Mercosur es que aquí la regla de origen se cumple cuando el “colado” del acero se hace en la región, esto es cuando se fabrica acero en Argentina o Brasil, los dos países que cuentan con industria siderúrgica.

Pero el tema de la competitividad muchas veces se mezcla con los subisidios. “Una vez le pregunté a un turco por qué su acero es tan barato”, señaló el ejecutivo en cuestión. “Ustedes son muy ambiciosos y quieren ganar todo en la primera exportación”, fue la sorprendente respuesta, para agregar luego que los turcos “miran el mundo muy a largo plazo, ganamos poco y no tenemos grandes márgenes”. ¿Le creyó?”, preguntó este cronista. “No, suena lógico pero no es creíble, y seguramente debe tener algún subsidio como tiene China”, indicó el ejecutivo. Turquía tiene una capacidad instalada fenomenal, en especial en productos largos (para construcción), que aquí afecta particularmente el negocio de Acindar.

Turquía tiene su economía muy ligada a Europa y muchas grandes corporaciones tienen acuerdos para producir en ese país, lo que le permite bajar precios y ser un proveedor clave para la Unión Europea. “En autopartes y en acero, con este acuerdo Mercosur-Unión Europea, el gran ganador es Turquía, que nunca estuvo en la mesa de negociaciones”, indicó el empresario.

Pero aún en este contexto hay muchas quejas de parte de la acería europea. En marzo pasado, la cámara europea de la industria del acero (Eurofer) pidió a la Comisión Europea la aplicación de salvaguardas contra el acero proveniente de Turquía y de Rusia. Esto, luego de que las importaciones de esos orígenes creciera 12,6% el último año, en un escenario en el que la demanda local cayó 0,4%. Uno de los principales perjudicados es España, donde las importaciones de acero turco treparon 52% en 2018, respecto del año anterior.

Carlos Boyadjian
Periodista
coboyadjian@yahoo.com.ar

Cada vez más lejos de la UE

“Pertenecer tiene sus privilegios”, rezaba hace unos años el eslogan de una conocida tarjeta de crédito, dirigida a sectores de altos ingresos. Esta pertenencia al mundo occidental, y a Europa en particular, estuvo siempre en la mente de los políticos turcos desde Mustafá Kemal “Ataturk” en los años ‘20 hasta hoy.

Fue la manera que encontró el régimen de la llamada Turquía moderna para dejar atrás la vergüenza que significó la derrota del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial. También un modo “elegante” de despegarase de la barbarie institucionalizada que implementaron sucesivos gobiernos turco-otomanos y que alcanzó su punto máximo con el genocidio de 1915-23, que costó la vida a 1,5 millones de armenios.

Lo cierto es que en el marco de esta estrategia de inserción internacional, desde hace más de medio siglo Ankara busca un acercamiento a la Unión Europea, que le permita en algún momento, tener la membresía del club. Nada más lejos, por ahora, aunque en diplomacia, nunca se sabe.

En 1959 Turquía solicitó la adhesión a la Comunidad Económica Europea (CEE) y cuatro años después las partes firmaron un Acuerdo de Asociación para una unión aduanera. Hubo que esperar hasta 1987 para la solicitud formal de adhesión.

En diciembre de 1995 entró en vigor el Acuerdo de Unión Aduanera entre la UE y Turquía, que abarca todos los bienes industriales, salvo el acero.Desde el Consejo de Copenhage (2002) la UE está evaluando la ampliación de la unión aduanera a los servicios y compras públicas.

Unos años antes, en 1999 Turquía había logrado ser considerado candidato a ingresar y comenzó un proceso de reformas -apoyadas con recursos de Bruselas- para alinear su macroeconomía a los estándares fijados por la UE. En 2004 el Consejo Europeo definió las condiciones de adhesión al bloque, situación que permanece invariable hasta ahora.

Más allá de las reformas económicas, hay razones políticas de peso que congelaron el proceso. En primer lugar, algunos miembros de la UE se resisten a integrar en su seno a un país musulmán, con una cultura muy distinta. También están el secular enfrentamiento de Grecia con los turcos y el conflicto por la invasión de Chipre -miembro de la UE- en 1974, situación que se mantiene hasta hoy.

Otro factor relevante es el no reconocimiento del genocidio armenio, opuesto a la legislación de varios países del bloque. Francia es el mascarón de proa de esta política, que también es seguida por Alemania y Grecia, entre otros. El último aspecto se relaciona con la política migratoria y el conflicto por los refugiados de Siria en los últimos años, donde pese a la ayuda económica de Europa a Turquía para afrontar la crisis humanitaria, continúan las tensiones entre Ankara y Bruselas.

C.B.

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