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Amena Hayasdán, un antes y un después en la vida de un fotógrafo rosarino

Crónica de un viaje esclarecedor

C_OH-1Federico Campás Ohnikian es un fotógrafo rosarino que decidió emprender un viaje a las tierras de su abuelo materno, a quien no llegó a conocer. Intentando reconstruir su historia familiar, se contactó con la Colectividad Armenia de Rosario para investigar un poco más sobre la historia de ese pueblo azotado por la tragedia.

Reponer la historia familiar en este contexto resultó una tarea compleja, pues los datos sobre el camino recorrido por su abuelo son inciertos y los registros, inexistentes. El fallecimiento en el año 1984, anterior a su nacimiento, imposibilitó la comprensión de su historia personal que, claro está, constituía su propia historia. Todos estos interrogantes inconclusos, debido a su ausencia y a la poca ligazón con la colectividad armenia que tenía hasta ese entonces –producto, también, del hecho de que se haya casado con una argentina–, lo movieron a la realización de su viaje con la clara intención de realizar una muestra.

En abril de 2008, la Colectividad de Rosario recibió a un representante de la organización Birthright Armenia y los armenios de la comunidad tuvieron la oportunidad de conocer sobre el voluntariado para hacer en Armenia. Esa idea siguió dando vueltas por la cabeza de Federico por un tiempo hasta que decidió no postergarlo más y aventurarse al viaje a la tierra de su abuelo en 2013.

Para esto, él, que no hablaba ni una palabra de armenio, se preparó un tiempo con Isabel Anak de Avedisian, quien le dio algunas clases de idioma básico para poder orientarse. Una vez superada la etapa de nervios y ansiedad subió al avión con destino a la capital armenia. Arribó a Ereván un sábado pasadas las 23hs, donde fue recogido por Vahram, un colaborador de Birthright, que no hablaba más que armenio o ruso.

Así arrancó todo

Durante el trayecto del aeropuerto a su nuevo hogar, Federico recordaba: “Ver la oscuridad de la noche en las calles, los edificios al estilo monoblock, el alfabeto armenio en los carteles (chino para mí), los rasgos de la gente, todo muy impactante al primer momento. Recuerdo haber observado todo con más registro, como cuando estás en un lugar nuevo y te acordás el recorrido que hiciste para poder volver sin perderte”.

C_OH-2Llegado a la casa de la familia que lo alojaría, se encontró totalmente desencajado. “En el primer contacto no nos pudimos comunicar básicamente. En la familia sólo había un chico, que era policía, que hablaba un poco de inglés cruzado. Los demás integrantes sólo se limitaban a hablar entre ellos y hacerme señas con el ánimo de que entendiera qué era lo que me decían. Por primera vez, estaba muy lejos de mi casa, en serio, sin gente con la que hablar siquiera un poco, solo”.

Al día siguiente, ya más descontracturado, salió pasear por el barrio junto con Armen, el hijo mayor. Le llamaron la atención los edificios con estructura soviética y los carteles en otro idioma (escritos en ruso). Recorrieron el Vernissage de Ereván, y escuchaba en profundidad la lengua armenia, cómo se vestía la gente. Al mismo tiempo vio el contraste de la ciudad: en el paseo peatonal inaugurado en 2011 con locales de ropa exclusiva, grandes y ostentosas edificaciones, y a los pocos metros nuevamente los gigantes edificios soviéticos que albergan a la mayoría de la sociedad armenia. “Me dio una sensación similar a la de Argentina, cómo se empieza a naturalizar la pobreza. La entrada a un régimen capitalista que transforma su tradición comunista desarrollada en los últimos años antes de que se proclame como república libre”.

Al caminar por las calles se sentía continuamente observado, la gente rápidamente se daba cuenta que no era de allí. Federico a esa altura no tenía la capacidad para comunicarse ni explicar por qué estaba ahí.

El lunes, luego de una charla introductoria en Birthright, comenzó la tarea que la organización tenía preparada para él: profesor de fotografía. Tal cual como suena, resultó imposible por su incapacidad de comunicarse en ese momento, por eso, al principio se limitaba a ayudar a su compañero Armen con las clases que llevaba a cabo en C.O.A.F. (Children of Armenia Fund).

Ésta es una organización norteamericana que lleva a cabo el desarrollo de centros escolares en zonas rurales. La entidad está constituida por armenios de la diáspora, que aportan sumas de dinero para reconstruir, mantener y desarrollar centros de estudio que se dedican desde lo deportivo, artístico hasta lo educacional.

El trabajo consistía en dar clases a un grupo de alumnos sobre fotografía, iluminación y aspectos básicos de la cámara. Los alumnos tenían la idea de hacer un cortometraje que se articulaba con otra materia. “La situación laboral fue buena porque el contexto en el que me tenía desenvolver habitualmente me gustaba, los paisajes rurales, la calidez de la gente de los pueblos, el encuentro con los pibes que iban al taller, todo fue tomando mucha más forma a medida que nos pudimos empezar a comunicar. Otro gran aporte a mi buena experiencia fue un gran compañero y amigo, Armén, que realmente me dio un panorama de Armenia más cercano a la opinión general y a la realidad”.

 24 de Abril en Armenia

Durante su estadía en Ereván se desarrolló la conmemoración del 98° aniversario del Genocidio Armenio. La historia trágica que padeció el pueblo armenio y que hasta el día de hoy no se le ha dado un cierre por la falta de voluntad política e intereses económicos de Turquía, fue lo que impulsó al joven rosarino a querer plasmar en fotografías cómo es el después de una sociedad que fue tan duramente golpeada y que todavía no ha sido resarcida.

Habiendo estado en Ereván durante el 24 de Abril fue testigo de cómo la Armenia actual conmemora a sus antepasados fallecidos durante el genocidio. La actividad consistió una marcha donde se concentraron alrededor de 30 mil personas en la plaza central, seguida por un acto y posterior quema de la bandera de Turquía. Los discursos se centraban en que Turquía debía reconocer sus actos y su completa culpabilidad. El acto finalizó en el memorial de Dzidzernagapert, que conmemora a los fallecidos durante el genocidio.

El contacto con los otros

C_OH-3A esa altura del viaje ya podía comunicarse en aspectos básicos razón por la cual se mantenía en la capital, ya que gracias a las clases que le brindaban a través del programa le ayudaba a contactarse con quien sea. Una de sus profesoras, Lilit, estaba estudiando lengua española en la facultad y ayudó a cambiar el desarrollo de su aprendizaje debido a la cercanía de edad y concepciones comunes. Aprovechaba las clases para intercambiar algunas ideas y para comprender algunas cuestiones generales, sean políticas o sociales. Otra gran fuente de aprendizaje fue la familia con la que convivía. A esa altura se había mudado del primer hogar donde lo recibieron porque no se sentía bienvenido en esa familia y por lo tanto le asignaron otra. Esta última estaba conformada por los padres de alrededor de 60 años y los hijos de 35 y 41. De familia religiosa, el padre trabaja en una fábrica de alfombras, la madre era ama de casa jubilada, la hija era profesora de inglés y música, y el hijo psicólogo.

 “Mas allá de las realidades de cada familia con las que conviví hay algunas aspectos que se dan en todas generalmente. No hay mucho trabajo como para que los hijos se independicen y en el caso de hacerlo lo hacen sólo si se casan”.

Ya estando un poco más instruido en el idioma armenio, empezó a entablar conversaciones con la gente en la calle. Desde ese momento fue otra la experiencia del viaje. En las zonas rurales donde trabajó aprovechaba los ratos libres entre clase y clase y recorría el lugar. Observó que la mayoría de las casas están hechas con ladrillos de bosta de vaca, la ropa desgastada, los animales sueltos. Se acercó a una familia que estaba en la puerta de la casa y lo invitaron a comer con ellos. Les intrigaba que no fuera armenio y que estuviera ahí… En fin, muy abiertos y dispuestos a conocerlo.

Cuando se sintió lo suficientemente cómodo con el idioma se fue de Ereván para llegar a Artsaj. Esta es una región al este de Armenia que limita con Azerbaidján. Es un punto de enclave que tuvo conflicto con los azeríes desde 1988 hasta 1994 que se declaró cese al fuego aunque hasta el día de hoy sigue habiendo muertos en la zona fronteriza. La sociedad de Artsaj es mayoritariamente armenia y su idioma, si bien es utilizado mucho el ruso, es el armenio.

Fuera de la capital

Luego de haber cumplido su ciclo en Ereván, Federico emprende su viaje al “interior” de Armenia: Shushí (de la región Artsaj) y Vanadzor.

El aspecto de Shushí está como si la guerra habría ocurrido hace un mes, con todo devastado. Si bien una parte de la ciudad está modernizada, el resto más antiguo conserva mezquitas, casas azeríes y armenias. Por la noche las calles se oscurecen, llena de adoquines, el paisaje de casas demolidas por las bombas, la misma gente. Todo con un tono muy nostálgico, de película, como si se hubiera detenido el tiempo.

Algunos aspectos a tener en cuenta de Shushí: el hecho de que haya ocurrido una guerra separó mucho a la opinión social. “Me encontré con gente mayor que no guarda rencor ni odio a los azeríes. Si bien fueron conscientes del conflicto, también recuerdan épocas en las que compartían el territorio y los lazos. Y del otro lado, las generaciones más jóvenes, sin haber experimentado una buena convivencia con sus vecinos fronterizos, conservan una opinión más determinante con respecto a su posición demostrando una sensación de resentimiento”, comenta Federico.

Y continúa: “Shushí es el ejemplo de la sociedad posgenocidio, el resultado de una tragedia. Cómo está ligado el resultado de un conflicto bélico con la situación que tiene que afrontar posteriormente la región desde la falta de suministros hasta la reactivación social. La gran mayoría de la población desarrolla el trabajo agrario”.

La relación con la nueva familia fue increíble. Está conformada por una nena de 12, un chico de 22, otro de 27, padre, madre y abuela. La disposición de todos ellos era muy agradable, continuamente hablaban, intercambiaban opiniones. El fotógrafo más que feliz y alegre de haber terminado ahí.

Habiendo cumplido un mes y medio en Artsaj, decidió instalarse en Vanadzor. Durante el viaje vio enormes torres y cuadras de muros que correspondían a la fábrica química que funcionaba en el lugar. Esta fábrica, herencia de la época en que Armenia conformaba la Unión Soviética, era un gran centro de trabajo y de energía durante esos años. Actualmente no está en funcionamiento. La industria que una vez permitió sostener a la región dejó de existir. Ahora, el comercio se concentra en una avenida donde abundan los locales de venta de celulares, de divisas, almacenes y vendedores ambulantes.

Al igual que gran parte de la sociedad armenia, en Vanadzor la actividad agrícola se destaca de otras formas de trabajo, en especial por la falta de oportunidades. Al trabajar la tierra, los rasgos de las cara se profundizan, el sol curte la piel de una manera singular, las manos denotan el trabajo arduo de cada día.

En el interior, Federico se encontró con las realidades de las personas que lo rodean. También con la gente que se encontraba en la calle y que lo reconocían como extraño. Al igual que en Ereván, Shushí y gran parte de Armenia, las posibilidades laborales son muy acotadas. Generalmente varían entre la tierra o un emprendimiento comercial poco estable, debido a la escasez de recursos.

Recorriendo los históricos territorios armenios

Conocer el territorio histórico de Armenia, hoy Turquía, se volvía fundamental pues allí estaban sus raíces familiares. Es decir, para lo que su abuelo fue Sepastia, lugar de su nacimiento, para Federico ya es Sivas, territorio turco. Los recurrentes conflictos bélicos que significaron pérdida de territorio alumbraban vestigios de armenidad en un lugar que ya no es considerado Armenia, pero que resuena constantemente como reclamo. Recuperar esos lugares constituye una de las luchas que signan la historia actual del país y que cruzan transversalmente la muestra “Amena Hayasdán”.

El proyecto propone una mirada crítica de la historia desde la perspectiva de los derechos humanos en el contexto actual, abordándolo a partir de una visión integradora que rescata la importancia del papel que adquieren, tanto los habitantes actuales de la República Armenia, como aquellos que adoptan su causa como un reclamo por los derechos humanos, ambos actos de resistencia ante el insistente silenciamiento de aquellos que persisten en negar el propio derecho de habitar el territorio.

La muestra Amena Hayasdán, la más Armenia, se inaugura el próximo 11 de noviembre en el Espacio Cultural Universitario (ECU) de la ciudad de Rosario y estará abierta al público hasta el 3 de diciembre de 2016. ¡Los esperamos!

Luciana Campás Ohnikian

Rosario

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