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Armenia ante su mayor desafío

Opinión

partidos-politicosEn apenas horas tendrán lugar en Armenia las elecciones parlamentarias que darán inicio a las reformas constitucionales aprobadas el año pasado. El mayor cambio será la conversión del actual sistema de gobierno semipresidencialista a otro de tipo parlamentario. Los comicios determinarán la composición del nuevo Parlamento que en 2018, luego de finalizar el actual período presidencial de Serge Sarkissian, elegirá un Primer Ministro para que gobierne el país. El nuevo esquema de gobierno también tendrá una figura presidencial, pero esta sólo cumplirá funciones formales al igual que en otros países como Italia, Alemania, Austria y varios estados europeos.

A pesar de que el gobierno encabezado por Serge Sarkissian aseguró en numerosas ocasiones que las próximas elecciones serían más libres y menos corruptas, el proceso electoral previo muestra un escenario totalmente opuesto al anunciado.

Durante largos meses distintos organismos de la Unión Europea plantearon a la administración actual una serie de mejoras en las normas electorales y de hecho el nuevo Código Electoral tuvo la tácita aprobación de la UE antes de ser dispuesto definitivamente.

Pero no sólo se cometen delitos de soborno y compra de votos en el acto eleccionario, también existen otro tipo de transgresiones como la de formular falsas promesas de campaña, ofrecer asistencia económica a los votantes, presionar a los ciudadanos en sus trabajos o través de las escuelas a las que concurren sus hijos, accionar contra la oposición limitando su accionar proselitista y muchas otras estratagemas de corte ilegal.

Y esta dolorosa realidad no tiene sólo un responsable porque quedó de manifiesto en los últimos días que son varios los partidos políticos que apelan a estas prácticas deshonestas con el fin de engrosar sus votos. El gobierno utiliza su estructura estatal para acceder a las familias de sus empleados. También, de acuerdo a una denuncia reciente obliga a directores de escuelas públicas a hacer campaña por su lista de candidatos. Gaguik Tsarukian, que ahora se muestra opositor, ofrece asistencia médica, laboral y económica en todos sus mítines políticos. Y no son pocos los partidos que ante la carencia de fondos para las prebendas, se inclinen al uso de otros “métodos” para incentivar a sus potenciales votantes. Tampoco faltan las agresiones armadas a distintos referentes partidarios, sobre todo en el interior de Armenia.

Ya son muchos los observadores que aseguran que el 2 de abril no será diferente a otras votaciones anteriores a pesar de que son varias las organizaciones que se propusieron para supervisar los centros de votación y detectar irregularidades.

Pero el verdadero responsable de un voto participativo y serio es el pueblo mismo. Sabemos que la decepción y el descontento son amos y señores dentro de una ciudadanía que ya está cansada de promesas de cambio que son sepultadas al día siguiente de la votación. Y lamentablemente no son pocos aquellos que encerrados en esa depresión democrática aceptan unos pocos dineros y votan a quien les compra su voluntad.

Los políticos son también responsables de la indiferencia con que el electorado se acerca a sus actos de campaña. Es vergonzante comprobar cuántas figuras del oficialismo se cruzan de vereda criticando al gobierno que integraron hasta hace poco tiempo. Ni que hablar de aquellos que una y otra vez cambian el rumbo de su discurso político adecuándolo a la nueva alianza o coalición que integran.

Por eso no debe sorprender a nadie la reacción popular ante diversos hechos como la toma del edificio policial en julio pasado o las protestas ante la muerte de un activista recientemente. Son numerosos los jóvenes que acompañan esos reclamos muchas veces sin conocer el tenor de los mismos, pero comparten el espíritu reaccionario y se manifiestan abiertamente.

En un cuarto de siglo de independencia recuperada son escasas las figuras políticas que inspiren confianza en la gente. Partidos como el Tashnagtsutiún de claro corte progresista y nacional deben lidiar con los oportunistas de turno que ganan el escenario político para sólo fines electorales, sin tener estructuras partidarias ni programas concretos y ejecutables.

La FRA llega a esta elección mostrando su experiencia de gobierno en diferentes áreas. El acuerdo de cooperación firmado con el Partido Republicano tiene vencimiento. Tal vez los resultados del próximo domingo hagan caer esa cooperación o la potencien aún más.

El Tashnagtsutiún intenta que la población deje de lado las presiones y vote al partido que más le atraiga por sus proyectos y antecedentes. Quiere que finalmente el hombre y la mujer armenios sean dueños de su sufragio, aunque éste no sea dado a la FRA. Lograr ese objetivo es también contribuir a que el estado democrático se fortalezca también a través de la libre participación popular en las urnas.

Armenia tiene una oportunidad. La tienen sus ciudadanos porque todos los que votamos alguna vez sabemos que al momento de poner nuestro sufragio en la urna estamos solos con nuestra conciencia. Votar con libertad es el derecho de todos los pueblos, también lo es la obligación de hacerlo responsablemente.

Jorge Rubén Kazandjian

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