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Artsaj desde la mirada del periodismo argentino

Desde hace algunos años, distintos periodistas de medios argentinos visitaron Artsaj (Nagorno Karabaj) para llevar al país una mirada directa de la situación en la región. La mayoría de ellos sufrieron el acoso y persecución por parte del Gobierno de Azerbaiyán y su Cancillería: la «lista negra» del gobierno azerbaiyano buscó amedrentar y silenciar a todo aquel que visite Artsaj sin el consentimiento de Azerbaiyán, algo que equivale a aceptar la postura azerbaiyana en relación al conflicto. Muchos también recibieron la «distinción Hrant Dink al periodismo argentino» que otorga el Consejo Nacional Armenio.

Marcelo Cantelmi, jefe de Política Internacional del diario Clarín y uno de los más cercanos a la temática, calificó a Artsaj como un «imposible geopolítico». «Este periodista ha regresado después de unos años a la región y la diferencia es notoria. De la aldea que era, se avanzó a una ciudad moderna en su capital donde casi no se ven militares ni se percibe la tensión que late bajo la superficie», remarcó Cantelmi, luego de su visita en 2015 donde pudo entrevistar al presidente Bako Sahakyan. Durante el encuentro, el periodista le preguntó qué faltaba para una integración con Armenia y Sahakyan respondió que «aún no es tiempo». «Sucede que un paso de esa índole desataría un caso bélico que rompería tanto los acuerdos de Minsk como el endeble cese del fuego vigente. Frente a la amenaza de ese horror sólo queda este singular limbo de una nacionalidad que no es atrapada en un barril de pólvora», explicó Cantelmi en su nota.

El periodista Santiago Farrell, editor de Perfil, viajó a Armenia y a Nagorno Karabaj en 2015 invitado por la Comisión del Centenario del Genocidio Armenio. «Anexado en 1921 a Azerbaiyán de un plumazo desde Moscú por los líderes bolcheviques, Nagorno Karabaj (Artsaj para los armenios) tenía una población mayoritariamente armenia y un significado simbólico muy importante, ya que allí se ubican los monasterios más antiguos de este pueblo, el primero en constituir una nación cristiana, en el 301», cuenta Farrell en una de sus notas. «Decir Eurnekian en Armenia es como decirlo en Argentina. La presencia económica de sus empresas es muy importante. Además del aeropuerto, participa en uno de los principales bancos, administra el correo y tiene viñedos, entre otras actividades. Su grupo da trabajo, en total, a más de 6 mil personas, en un país de poco más de tres millones de habitantes. Ha hecho también importantes donaciones y llevó a dirigentes de Nagorno Karabaj a ver sistemas de riego en sus campos del Chaco. Si en Argentina Eurnekian puede lucir sin dudas el apodo de ‘el armenio’, no sucede lo mismo en Ereván donde, claro, es ‘el argentino'», relató el periodista.

María Laura Carpineta, periodista de Télam, viajó en marzo de 2015 para escribir su nota «Nagoro Karabaj, radiografía de una república reconocida en el Cáucaso». «Hoy entrar a Nagorno Karabaj desde Armenia es casi como cruzar una frontera provincial», detalla la periodista. «Invitado por el gobierno armenio, Télam visitó este pequeño territorio, que posee eternas montañas verdes, superpuestas con algunas cumbres nevadas y salpicadas por pequeños pueblos abocados a la agricultura familiar. Al transitar la ruta hacia la capital, Stepanakert, numerosos carteles explican que tal o cual infraestructura fue construida «con la participación de todos los armenios». Al recorrer el centro de Stepanakert, Carpineta explica que es «el principal símbolo del crecimiento y el desarrollo de las dos últimas décadas», ya que cuenta con «calles amplias e impecables, edificios y tiendas recién estrenadas y un estadio de fútbol a sólo unas cuadras de la tranquila plaza principal, en donde resaltan los mismos bancos que decoran todo el centro de Ereván, la capital armenia». «La parte renovada es moderna y tiene aires europeos, pero inmediatamente llama la atención que todas las tiendas y bancos son locales o armenios. En los pequeños supermercados hay productos europeos y estadounidenses, especialmente golosinas y bebidas, pero la amplia mayoría de la comida es rusa o armenia».

Fabián Bosoer, periodista de Clarín y politólogo, fue observador independiente en las elecciones de la República de Nagorno Karabaj en julio de 2012. En una nota en el Diario ARMENIA, calificó a Artsaj como «un caso testigo» como «tardío remanente de las luchas por la constitución de estados nacionales democráticos en el sistema interestatal de posguerra, luego de la finalización de la Segunda Guerra Mundial de la que estamos recordando en estos meses los 70 años». «También es un caso que forma parte de las luchas por la autodeterminación nacional que se produjeron tras el fin de la Guerra Fría, como legado de las luchas inter-imperiales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX». «El ‘choque de civilizaciones’ que describió Samuel Huntington hace veinte años, finalmente se está dando. Pero no entre geografías humanas definidas por sus identidades étnicas o religiosas, sino al interior de ellas. Entre quienes asumen y viven la universalidad de los derechos humanos como premisa y quienes la niegan y conciben su lugar en el mundo desconociendo o negando el lugar de su vecino», opinó Bosoer. «Nagorno Karabaj, esa porción mediterránea enclaustrada en el Cáucaso, amenazada por un Estado hostil, está en uno de esos bordes en los que se juega el destino de nuestro mundo tal como lo hemos concebido hasta hoy. ‘Nadie es una isla, completo en sí mismo’, escribió Hemingway en ‘Por quién doblan las campanas’. Como personas, como pueblos como parte de una humanidad plural y diversa, en cada lugar podemos encontrar aquello que nos diferencia, o aquello que nos asemeja y nos aleja y nos acerca a nuestro vecino más cercano o más lejano».

El periodista de Clarín Daniel Vittar viajó en 2017, momento en que se celebró un referéndum constitucional, donde recorrió la región de Vank: «La aldea se llama Monasterio porque a pocos metros de allí se alza desde hace ocho siglos una amurallada abadía de paredes de piedra, donde los primeros caballeros medievales tallaron cruces cristianas. Fue levantada por el mítico príncipe armenio Hasan Jalal, al que llamaban ‘Príncipe de Príncipes’. A fuerza de acero y osadía lo supo defender del asedio de turcos, persas y mongoles. Amigo de monjes y amante del conocimiento, Jalal se convirtió en leyenda entre su gente, y en objeto de odio de sus enemigos. Cuando los mongoles finalmente lograron apresarlo, fue torturado, desmembrado y sus restos arrojados a un pozo. Tiempo después la familia recuperó el cuerpo y lo sepultó en lo profundo da la abadía, para que los saqueadores no pudieran llegar a él». Vittar cuenta que «de estas historias medievales se nutre la memoria colectiva de sus pobladores. Les da un sentido de pertenencia, de arraigo, de un espeso nacionalismo que causa erupción en esta región plagada de turbulencias políticas y religiosas». «Anclados a este suelo, que caminaron monjes y príncipes medievales, mujeres como Zinaida y Giulana, y hombres como Albert, sienten que defienden su identidad. Una especie de moderna cruzada, donde la historia y los legados conforman una ardiente encrucijada».

El equipo de Telefe Noticias viajó a Artsaj en 2016, acompañados por el periodista Leo Moumdjian, para hacer un informe especial que tuvo una amplia repercusión en la TV argentina. Allá, se entrevistaron con la gente y explicaron la situación de la región. «La vida es apacible y normal. Incluso, prácticamente no se registran episodios de inseguridad», destacó el equipo de Telefe. «Mi país es muy lindo y quisiera que todo el mundo lo vea. Acá está todo muy tranquilo… sería magnífico si no estuviéramos en guerra», relató una joven entrevistada por Telefe.

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