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Atentados, golpes militares y asonadas

Erevan disturbios 1La opinión pública mundial se conmocionó dos veces en menos en pocos días.  En primer lugar debido al sanguinario atentado de Niza protagonizado por un aparente yihadista que embistió con su camión a la multitud que intentaba celebrar la fiesta nacional de Francia ocasionando 84 muertes. Apenas horas después, por el sangriento intento de golpe que tuvo lugar en Turquía provocando más de dos centenares de víctimas fatales y millares de heridos.

Ambos hechos tienen raíces profundamente políticas que derivan de la intolerancia, el odio político y la utilización de la religión como herramienta de exacerbación. El ISIS se ha convertido en una máquina de muerte y ya no tiene límites ni fronteras para cometer barbaries en nombre de sus postulados.

El caso de Turquía es diferente. Transcurridas algunas horas de la “supuesta” rebelión protagonizada por un sector de las fuerzas armadas turcas y a la luz de los acontecimientos que se desarrollan en estos momentos, la teoría del autogolpe sobrevuela en la imaginación de los expertos políticos. Quién sabe de qué métodos se valió el “sultán” Erdogan para que un sector de los militares turcos intentara derrocarlo, obviamente sin éxito. Pero, lo que sobrevino a continuación refuerza esa teoría pues el presidente turco va camino a consolidar su poder radicalizando aún más su política y a punto de establecer la pena de muerte para amenazar a quien intente oponérsele.

La Unión Europea ya sabe lo que es negociar con Turquía y el sistema extorsivo que emplea su diplomacia. Sin embargo, en las últimas horas varios líderes europeos advirtieron personalmente a Erdogan que se abstuviera de utilizar métodos no democráticos contra los presuntos golpistas y el resto de su población. Erdogan aprovechará esta inmejorable oportunidad para intentar acallar a su exaliado Fethullah Gülen, a quien sindicó como cabecilla de la asonada militar. Por otra parte, encuentra ante sí un adecuado escenario político para reafirmar sus intenciones de perpetuarse en el poder aplastando a sus opositores.

También Armenia se vio sacudida el pasado fin de semana, cuando en el amanecer del domingo 17 de julio, una veintena de seguidores del político opositor Yirair Zefilian atacó violentamente una sede policial produciendo la muerte de un alto oficial y heridas en otros efectivos. Pero éste no fue un ensayo de golpe porque a pesar de que los objetivos del ataque estuvieran vinculados a ciertas reivindicaciones sociales y políticas, el modo violento de intentar lograr sus objetivos no encontró eco en la sociedad armenia que ya está cansada de la violencia y anhela encontrar el rumbo correcto hacia su definitiva democratización.

Nuestra patria vive momentos más que difíciles tanto en el orden interno donde la crisis socioeconómica se perpetúa y hace estragos en la población, como en el externo donde la amenaza azerí permanece latente. No es momento para enfrentamientos estériles entre hermanos, por más que haya sobrados motivos para reclamar por desaguisados políticos, corrupción económica, violencia del estado y otras yerbas. No es momento de destinar nuestras escasas fuerzas derrochándolas para agredirnos mutuamente porque invariablemente los beneficiados serán nuestros propios enemigos.

Tal vez sea la ocasión de armonizar opiniones y pensar después de qué manera y con qué métodos podemos derrotar nuestros propios fantasmas corporizados en todos los problemas que nos aquejan. No queda mucho tiempo, luchemos juntos contra torcer un destino que hoy se muestra esquivo para la nación armenia.

 

Jorge Rubén Kazandjian

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