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Azerbaidján contrata a mercenarios del ISIS para que hagan su trabajo sucio

Isis azeries 1La guerra no tiene reglas, los bandos en pugna harán lo indecible para alcanzar sus objetivos, desde desinformar sobre sus bajas o magnificar las del enemigo, hasta recurrir a métodos non sanctos para disimular sus falencias, sean estas materiales o de apresto militar.

En la virtual reanudación de la guerra que propuso Azerbaidján quedó en evidencia que no es suficiente disponer de una supremacía militar en materia de equipamiento, si el nivel de combate alcanzado por sus tropas no condice con la situación anterior. Los azeríes demostraron no ser los mejores combatientes en la lucha de liberación que se desarrolló en Artsaj entre 1991 y 1994, cuando los armenios infinitamente menos armados y con menor experiencia militar, los derrotaron sin atenuantes y de no ser por la inoportuna intervención de Moscú, los efectivos armenios hubieran alcanzado sin mayor esfuerzo la propia capital de Azerbaidján.

Desde el alto el fuego de 1994, el escenario nunca tuvo paz porque la parte azerbaijana encontró en el accionar de sus francotiradores el método de mantener siempre latente el conflicto. Una y otra vez los disparos enemigos impactaron sobre militares que custodiaban la frontera y más de una vez sobre civiles inocentes de las aldeas cercanas a la línea de contacto. Claro, es muy fácil ser valiente apostado a cientos de metros de su objetivo y practicar tiro al blanco con personas reales. Pero cuando, esos mismos cobardes debieron enfrentar a soldados karabaghíes, la bravura desapareció de inmediato y se transformó pronto en en expertos fugitivos.

En estos pocos días de enfrentamientos, se observaron lamentables actos de innecesaria crueldad sobre civiles karabaghíes. Pobladores ancianos fueron degollados y sus orejas cortadas al mejor estilo salvaje propio de inadaptados. Muchos observadores coinciden en responsabilizar de ese tipo de tropelías a los ciudadanos azeríes que se entrenaron con los terroristas del estado islámico identificado como ISIS. Los servicios de inteligencia europeos detectaron oportunamente la presencia de cientos de turcos y azeríes en los campos de entrenamiento ubicados en Siria e Irak. Ahora, parece que muchos de estos sujetos se desmovilizaron y se enrolaron en las fuerzas armadas que dirige ostentosa y tristemente el dictador Aliev.

Degollados ISISEl salvajismo con que fueron torturados y muertos los ancianos Valera y Razmela Khalapian junto a su todavía mayor madre en el pequeño pueblo de Talish no puede ser sino obra de inescrupulosos individuos ya acostumbrados a estas muestras de barbarie. Qué daño podrían causar tres personas que no pudieron huir de la guerra por su estado de salud, cuál fue el pecado mortal que cometieron por el que sus ejecutores les arrancaron las orejas. No existe una respuesta lógica para este hecho inhumano.

Pero la sociedad internacional reconoce a los terroristas del ISIS por esta representación de ferocidad. El modus operando de sus seguidores en Siria e Irak, es el mismo de los soldados azeríes que actuaron en Talish.

Además de estos hechos monstruosos contra indefensos civiles, es verdaderamente preocupante el hecho que estas huestes estén residiendo cómodamente en Azerbaidján fuera del alcance de la justicia del mundo civilizado. Bakú no tiene ningún prurito en utilizar la experiencia de esos verdaderos asesinos para lograr sus objetivos.

Durante las últimas semanas abundaron las noticias en los medios masivos de comunicación de Turquía y Azerbaidján sobre el retorno de los mercenarios que fueron a combatir a Siria e Irak. Algunas fuentes sitúan en tres mil el número de azerbaijanos que se afiliaron al ISIS de los cuales unos trescientos perdieron la vida, Por lo tanto, nada puede molestar o impedir al presidente Aliev en su decisión de enviar esos experimentados fanáticos para que tomen parte de las operaciones militares sobre Artsaj. Y esos propios individuos aprovechan la oportunidad para blanquear su situación además de llenarse los bolsillos con los pocos petrodólares que aún le quedan al régimen Aliev.

Las superpotencias han declarado que el ISIS es una organización terrorista y se esfuerzan en combatirla. Pero tanto Turquía como Azerbaidján ocultan su simpatía con esos  criminales porque sacan partido de ellos, ya sea para comprarles el petróleo que saquean o para mandarlos como carne de cañón en sus aventuras militares. Los derechos humanos y las normas internacionales son vulnerados sin castigo alguno por los gobiernos de esos países. Ahora, ese desprecia a la vida humana se traslada al conflicto que mantiene Artsaj y Azerbaidján. Pero, su intervención dudosamente tendrá éxito mientras la bravura de los soldados armenios los enfrente cada vez que sea necesario.

 

J.R.K

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