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Aznavour: Una leyenda viviente.

Gran actuación en Buenos Aires

Aznavour-Gran-Rex-2017Ante un Gran Rex colmado, con localidades agotadas, se presentó el jueves 9 de marzo, renovando su idilio con un público que lo aclamó de pie.

“Tengo 92 años,  no veo bien, no escucho bien, mi memoria está frágile -lo dijo en italiano- y es por eso que tengo estos teleprompter* sobre el escenario. Todos lo hacen. Pero nadie lo dice. En cambio yo, lo digo”

Con este sinceramiento brutal, el pequeño Charles arrancó la ovación de un público dispuesto a renovar su admiración por este legendario artista, dueño de una trayectoria de más de seis décadas.

El espectáculo que duró cerca de dos horas e incluyó más de veinte canciones, mostró a un Aznavour impecable. Vestido de negro, con su cabello canoso y su armónico andar, empuñó el micrófono para empezar con “Les emigrants”, una canción de los años 80 de renovada vigencia actual, donde resalta el valor de aquellos que tuvieron que buscar nuevos horizontes para sobrevivir a las hostilidades a las que eran sometidos.

Siguió con “Te espero”, un clásico de los años 60 que cantó en castellano como muchas otras que fue intercalando con las que cantaba en francés.

Otro de los clásicos infaltables fue “Quien”. Al respecto dijo que ha cantado esta canción en diversos idiomas, como en ruso, en italiano o en alemán. Sin embargo, agregó que la traducción al castellano del poeta Rafael De León, supera la versión original en francés.

Entre las que cantó en castellano también incluyó la melancólica “Dime que me amas”,” El barco ya se fue”, ”Habrá un despertar”, la infaltable “Venecia sin ti” y elrecitado de “Sa jeunesse” (Su juventud), un nostálgico recuerdo de los fugaces tiempos de la juventud que se escapan y no vuelven, y que él reflejó con un gesto de dolor y resignación al terminar la canción.

Con el extenso “Mon amie, mon Judas , un tema poco conocido para el público local, casi una proclama sobre la amistad y la traición, subió la temperatura del show con el ritmo vertiginoso que imponía la orquesta, que siguió en ascenso con otro clásico, “Dos guitarras”, donde con pasos cortos y giros de baile gitano se perdió en el fondo de la escena, para volver y saludar a un público que por ese entonces ya había transformado el teatro con cánticos y aplausos en una tribuna futbolera.

En dúo junto a su hija Katia, que integra también los coros, incluyó el tema “Viajar y  viajar”.

Aznavour-Gran-Rex-2017-aUn momento particularmente divertido fue cuando iba a comenzar a interpretar la canción  “Ave María”.  Miró al pianista para decirle que estaba fuera de tono. Se acercó al Stenway de cola, buscó el “la” y comenzó a martillar con sus dedos la tecla correspondiente, mientras miraba al ejecutante, indicándole cual era el tono buscado. Puede ser real, pero pareció más una puesta en escena para matizar la actuación. Sobre todo si se tiene en cuenta que Erik Berchot -el pianista en cuestión- que lo acompaña desde siempre, es un reconocido intérprete de música clásica.

De todas maneras, Aznavour se encargó de elogiarlo y de decir con gestos, que el pianista ha sido merecedor de innumerables medallas que podría lucir sobre su vestimenta como lo hacen los militares.

Con el vibrante  “Desormais” (Nunca más) y  los infaltables  “Il faut savoir”(Debes saber),  “Paris au mois d´Aout”  (Paris en Agosto), “Mourir d´aimer” (Morir de amor) y “She” (Ella) que cantó en inglés , el show se iba encaminando hacia el final, en el que también incluyó “Comme ils dissent” (Como ellos dicen),donde trata el tema de la homosexualidad en el papel de un travesti.

Ya despojado de su elegante y brilloso saco negro, ostentando unos tiradores de color rojo y medias del mismo color, se apoltronó en el sillón “director”, y junto al rítmico tintinear de los acordes del piano comenzó a tararear “Les plaisires demodees” (Placeres antiguos), para levantarse y comenzar un baile simulando estar con una dama, colocando su brazo derecho por encima de su hombro, mientras cantaba la canción.

Cuando tomó un trozo de lienzo entre sus manos y enfrentó el pié del micrófono, anticipó el comienzo de la obligatoria “La Boheme”. La historia de unos pintores callejeros y que él interpreta con magistral histrionismo.

Lo singular de esta interpretación fue que el público, como un coro multitudinario, acompañó al cantante en los estribillos.

Con la presentación de los músicos que lo acompañaron -piano, guitarras, bajo, percusión, teclados, sintetizador y la novedad de incluir un acordeón- anticipó el final del espectáculo que culminó con el tradicional “Emmenez moi” (Llévame), con rítmicos movimientos.

No hubo bises. Una interminable salva de aplausos y vítores con el público de pie, se prolongó durante más de diez minutos y que el cantante retribuyó volviendo al escenario reiteradamente.

Aznavour hace diez años que ha organizado su Farwell Tour (Gira de despedida).El éxito y la convocatoria con teatros a sala llena van postergando su retiro.

La del jueves pasado, ¿habrá sido la última? Con Aznavour nunca se sabe.

Edgardo Kevorkian                                                                

* Monitores donde van apareciendo las letras de las canciones en forma secuencial, y el artista lo va leyendo cuando lo necesite. Una especie de apuntador electrónico

Imágenes gentileza Clarín

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