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Carta del Catolicós Karekín II: Ceremonia para el 23 de abril de 2015

Cien años del genocidio armenio bajo los turcos: su Iglesia canonizará un millón y medio de mártires

Karekin II enciclicaReligión en Libertad.- Con una solemne carta encíclica, el Catolicós de Todos Karekín II, líder espiritual de seis millones de armenios repartidos por todo el mundo, inicia oficialmente las celebraciones del centenario del genocidio de los armenios.

La masacre de 1,5 millones de armenios sucedió al finalizar el imperio otomano en varias fases: primero con el sultán Abdul Hamid II, luego con el régimen nacionalista de los llamados “Jóvenes Turcos” y finalmente con el mismo Kemal Ataturk, el padre de la actual Turquía laicista.

Los armenios eran cristianos, instruidos y pertenecientes a una potente clase media, repartidos por todo el Imperio Otomano. En 1915 las autoridades turcas cerraron sus escuelas, iglesias y organizaciones e iniciaron su persecución. Primero llegaron episodios de violencia y humillaciones. Más adelante, las deportaciones masivas al desierto, las fosas comunes, los trenes repletos de deportados y las masacres. Los supervivientes fueron los armenios que de Turquía lograron llegar a la Armenia independiente (luego soviética) o a Siria y el Líbano.

La Conferencia de París de 1920 reconoció el Genocidio Armenio y hoy lo reconocen como tal veinte países. Turquía nunca lo ha reconocido y toma represalias contra los países o personalidades que lo hagan. En 2013 sucedió una novedad: el Primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan ofreció a los descendientes de los armenios un pésame por la masacre, algo nunca visto antes.

Ahora, en la carta que reproducimos a continuación, Karekín II anuncia que el 23 de abril de 2015 él presidirá una liturgia en la cual proclamará santos a todas las víctimas del genocidio, asesinados “por la fe y por la patria” y hará del 24 de Abril la Jornada de la Memoria por “los santos mártires del genocidio”. Se tratará de la mayor “canonización” de la historia del cristianismo, al proclamar santos de golpe a más de un millón de personas, cuyas historias individuales y concretas la Iglesia armenia no va a estudiar.

Historia

La Iglesia armenia se separó de la Iglesia universal en el año 451 a partir del Concilio de Calcedonia, al que sus delegados no llegaron a acudir a causa de una guerra con los persas, y cuyas conclusiones no aceptaron. Los armenios consideraron al resto de cristianos herejes diofisitas nestorianos, mientras que Roma y Constantinopla consideraron a los armenios como herejes monofisitas. Hoy esta discusión teológica ha cambiado mucho y se han clarificado muchos errores de comprensión, incluso lingüísticos.

Los armenios tienen un alfabeto propio creado por San Mesrob, con antiguas traducciones de la Biblia al idioma armenio. Presumen de ser la Iglesia nacional más antigua. Mientras Roma perseguía a los cristianos, en el año 301 el rey de Armenia Tirídates III se convertía al cristianismo por la predicación de San Gregorio, llevando consigo a su pueblo. Hoy la sede del Patriarcado ortodoxo armenio está en Echmiadzin, en Armenia. Hay además unos 600.000 católicos, unidos a Roma, de rito armenio, pastoreados desde Beirut por el Patriarca armenio-católico Nersés Pedro XIX Tarmouni.

Encíclica de Karekín II sobre el centenario del genocidio y la proclamación de sus mártires como santos

(traducción de AsiaNews)

“Pero el pensamiento de los justos es como la luz que brilla y continúa resplandeciendo hasta que el día sea perfecto”. (Proverbios 4,18)

El centenario del Genocidio de los armenios está delante de nosotros, y nuestras almas resuenan por un potente pedido de verdad y justicia que se puede callar.

Cada día del año 2015 será un día de recuerdo y devoción para nuestro pueblo, un viaje a los memoriales de nuestros mártires en patria y en la diáspora, delante a los cuales con humildad no arrodillaremos en oración, ofreciendo incienso por las almas de nuestras víctimas inocentes que yacen en tumbas sin nombre pues han aceptado morir en vez de repudiar la propia fe y su nación. Realmente “el sendero de los justos es como una luz que brilla y cada vez más resplandece, hasta que el día sea perfecto”.

En 1915, y en los años sucesivos, los turcos otomanos cometieron un genocidio contra nuestro pueblo. En Armenia occidental- sobre nuestro suelo nativo- en la patria de Armenia y en las comunidades armenias de toda Turquía, un millón y medio de nuestros hijos e hijas fueron asesinados, con carestías y enfermedades: fueron deportados y obligados a marchar hasta sus propias muertes. Siglos de creatividad y de honestos logros alcanzados fueron destruidos en un segundo. Miles de iglesias y monasterios fueron profanados y destruidos.

Las instituciones nacionales y las escuelas derrumbadas y arruinadas. Nuestros tesoros espirituales y culturales fueron erradicados y destruidos. Armenia occidental, donde por milenios- desde tiempos de Noé- nuestro pueblo vivió, creó y construyó su historia y cultura, fue privada de su población nativa.

Hace un siglo -cuando los fragmentos de nuestra nación armenia, después de haber perdido el propio patrimonio, fueron dispersos por todo el mundo, y mientras Armenia oriental luchaba hasta la última gota de sangre para sobrevivir contra los invasores turcos- era difícil creer en un futuro para el pueblo armenio. Sin embargo nuestra alba surgió. Con la gracia del Señor, nuestro pueblo surgió de la muerte. Sobre una pequeña parte recuperada de nuestra patria, nuestra gente restauró el Estado, recreando un país sobre las ruinas y los vestigios, y construyó una “patria de luz y de esperanza”, de ciencia, instrucción y cultura.

Los armenios exilados en todo el mundo han construido las casas y sus corazones en el mundo, germinaron en países cercanos y lejanos, llevando adelante sus tradiciones y su vida espiritual. En todas partes los hijos de nuestra nación han vivido, han alcanzado el suceso, ganándose respeto y confianza, y obteniendo reconocimiento por el trabajo consciente y su contribución en las ciencias, en las artes y en el bien común.

Esta es la historia de nuestro pueblo durante el siglo pasado- una historia de adversidades y resurrección. Hoy, no obstante las dificultades, nuestra nación refuerza su soberanía independiente, crea una nueva vida de libertad y mira con esperanza al futuro, abrazando el despertar nacional, el optimismo y la fe.

¡Gloria a Ti, oh Señor! Gloria sin fin. “Como un escudo Tú nos proteges con Tu favor” (Salmo 5,12). Reponiendo nuestra esperanza en Ti, Oh Señor, nuestro pueblo fue iluminado y reforzado. Tu luz encendió la ingeniosidad de nuestro espíritu. Tu fuerza nos empujó hacia nuestras victorias. Hemos creado, aunque otros han destruido nuestras creaciones.

Hemos continuado viviendo, aunque otros nos querían muertos. Tú, Oh Señor, has querido que nuestra gente- condenada a muerte por un plan genocida- lograra vivir y resurgir, de tal modo que te podemos presentar esta justa conciencia de la humanidad y al derecho de las gentes, para liberar al mundo de la callosa indiferencia de Pilato y de la negación criminal de Turquía.

Por el bien de la justicia -hasta el triunfo de nuestra causa, nosotros continuaremos nuestra lucha sin retirarnos, Iglesia, Nación y Estado juntos. La sangre de nuestros mártires inocentes y los sufrimientos de nuestro pueblo gritan para obtener justicia. Nuestros santuarios destruidos, la violación de nuestros derechos nacionales, la falsificación y distorsión de nuestra historia, todos gritan para obtener justicia.

Habiendo sobrevivido al genocidio, nuestro pueblo cree y continúa creyendo que la multitud de países rectos, de las Organizaciones nacionales y civiles y de los individuos que han reconocido y condenado el genocidio serán pronto acompañados por otros que creen que la afirmación de la verdad y la justicia son el pre-requisito y la garantía de un mundo pacífico, sin hostilidades y violencias.

En recuerdo de nuestro millón y medio de mártires del genocidio, expresamos nuestra gratitud a las naciones, a las organizaciones y a los individuos que han tenido el coraje y la convicción de reconocer y de condenar el genocidio armenio. Expresamos gratitud a los países y pueblos amables que han aceptado a los hijos de nuestra tierra como hermanos y hermanas. Estos ejemplos de justicia y humanidad son páginas luminosas en la historia de la humanidad. Ellos serán siempre recordados y apreciados por generaciones, y serán el beneficio a la vida tranquila, segura y mejor del mundo.

Como pontífice de los armenios, es de confortación para el espíritu anunciar a nuestra gente que el 23 de abril de 2015, durante la Divina liturgia, nuestra Santa Iglesia ofrecerá un servicio especial para canonizar a sus hijos e hijas que han aceptado el martirio como santos “por la fe y por la patria”, y proclamará el 24 de abril como Jornada del recuerdo de los Santos Mártires del Genocidio.

¡Oh. Pueblo armenio, embellecido desde lo alto!- una nación mártir. Una nación resurgida. Vive con coraje, avanza con seguridad, con tu mirada dirigida hacia el monte Ararat que contiene el Arca y con el corazón inquebrantable ten alta tu esperanza. El aliento y el mensaje del Señor están dirigidos a ti: “Aunque no seas fuerte, fuiste fiel a mi palabra y no has traicionado mi nombre… ten fuerte lo que tienes de modo que nadie te quite la corona de la victoria (Ap. 3,8-11). Por lo tanto, tratemos de permanecer unidos delante del Señor, justo y verdadero, sobre los firmes senderos de la fe que como la luz de la mañana, disipa las tinieblas y hace visibles los horizontes de la esperanza. Nuestro camino es con Dios; y una vida de fe es nuestra victoria.

Hagamos fecundo nuestro centenario, valorizando el recorrido de pesares y de renacimiento de nuestro pueblo, que duró 100 años, de modo que nuestros hijos- reconociendo la voluntad heroica de sus abuelos y padres de vivir y crear y sus esfuerzos iniciados para el bien de la nación y de la patria- puedan crear un nuevo día luminoso para nuestra patria y nuestra gente, dispersa por todo el mundo. Transformemos la memoria de nuestros mártires en energía y fuerza para nuestra vida espiritual y nacional y delante de Dios y de todos los hombres, iluminemos el recorrido de nuestro camino para guiar nuestro paso hacia la realización de la justicia y de nuestras sagradas aspiraciones.

Desde nuestro amado centro espiritual, creado por Cristo y delante de la Santa Sede Madre del Santo altar de Echmiadzin (del descenso del Único Unigénito), roguemos a Dios por la paz, la seguridad y el bienestar de nuestra patria, de nuestro amado pueblo en todo el mundo y sobre todo, por la luz eterna y la paz para las almas inocentes de los Santos Mártires del Genocidio. Puedan el amor y la hermandad, la justicia y la verdad reinar sobre la humanidad y puedan los caminos de los justos irradiar, orientar y difundir la luz hasta un alba de un nuevo día, que traiga paz y felicidad a todo el mundo.

La gracia, el amor y la paz de Nuestro Señor Jesucristo, esté con todos vosotros y con todos nosotros. Amén

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