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Centenario de la República: hora de criminalizar la violencia doméstica

Raffy Ardhaldjian

violencia-de-generoEreván (Armenian Weekly).- Madre Armenia es sin dudas la estatua más grande de Ereván y se mantiene vigilante sobre la frontera con Turquía. Este símbolo nacionalista reemplazó el monumento del dictador Joseph Stalin en el mismo pedestal después de su muerte. Esta parece la personificación femenina, representando la paz a través de la fuerza. También puede recordar el papel de la mujer en el largo y sangriento movimiento de liberación armenio hace más de un siglo que finalmente llevó a la creación de la primera República Armenia el 28 de Mayo de 1918.

Este efímero estado que duró solo dos años fue uno de los primeros en otorgar a las mujeres el derecho a voto, incluso antes que en Estados Unidos, que recién lo hizo en 1920.

El país tiene hoy 19 mujeres en su Asamblea Nacional, que consta de un total de 105 miembros.  Ya el parlamento de la república del ’18 tenía a tres de ellas en 1919: Berjouhi Parseghian, Katarine Zalian-Manoukian y Bárbara Sahakian. Además contó con la primera mujer cónsul en el mundo moderno, la Dra. Diana Apcar, quien representó a Armenia en Japón.

Este artículo pretende resaltar la importancia de una Ley de Prevención de la Violencia Doméstica, como uno de los primeros pasos hacia el empoderamiento de las mujeres, un tema central para el desarrollo del país en el siglo XXI. La propuesta, redactada por el Ministerio de Justicia de Armenia el año pasado, fue presentada al parlamento recientemente y acaba de ser sancionada.

El bloque de la Federación Revolucionaria Armenia (FRA), que cuenta con siete escaños, expresó su apoyo a la aprobación del proyecto, a espera de algunas modificaciones menores. La organización ve a esta normativa como una parte esencial del sistema de valores y como necesaria  para una sociedad más saludable. De hecho su representante en la Internacional Socialista de Mujeres manifestó su apoyo a la eliminación de la violencia de género durante la última cumbre realizada en Barcelona.

Este no es un intento de establecer un manifiesto feminista armenio moderno o participar en “políticas de identidad”. Si los armenios esperan una sociedad más justa, entonces deben ser poco tolerantes hacia la injusticia y simpatizar con el respeto mutuo. Aunque el lugar de las mujeres en la vida política en general sigue siendo bastante indefinido, fragmentado y, hasta a veces, ignorado, el viaje por el empoderamiento debe ser una parte integral de la agenda política armenia.

En este contexto los políticos tienen que ver la desigualdad de género como resultado directo de la mala distribución del poder. En este punto se debe participar, centrándose primero en frenar la violencia contra mujeres y niñas.

Tres consideraciones

Primero y principal hay un problema en la sociedad, y el marco normativo actual es ineficiente para abordarlo adecuadamente. Resulta imperiosa una ley específica contra la violencia doméstica para complementar las disposiciones existentes en el Código de Familia y el Código Penal de Armenia.

En segundo lugar, los derechos de las mujeres no deberían verse desde la perspectiva geopolítica (en base a los poderes regionales o de occidente) que muchas veces mancha estos temas. Es que en ocasiones, en la actual Armenia postsoviética se ven los reclamos de las ONGs como parte de agendas financiadas por potencias extranjeras.

En realidad, a pesar de que un considerable apoyo de recursos gubernamentales y no gubernamentales del exterior se ha canalizado a ONG´s que ayudan a las mujeres en riesgo en Armenia, eso no constituye la magnitud de la cuestión. Una consideración importante en este punto es la Política Europea de Vecindad y el acuerdo firmado entre Armenia y la Unión Europea. Aunque se debe aplaudir la política exterior inclusiva de Armenia, se debe separar la cuestión de género con la realidad geopolítica.

En los últimos diez años ha habido un crecimiento pequeño pero positivo del movimiento femenino en Armenia. Sin embargo, debido a la transición económica, pocos ciudadanos han podido canalizar fondos para apoyar a los grupos que existen en defensa de estos derechos y ayudar así a construir instituciones tales como refugios para víctimas de violencia doméstica.

Aquí también hay un papel para la diáspora armenia: HOM (Hai Oknutian Miutiún), que ha emitido una declaración apoyando este proyecto, podría hacer aún más y asignar recursos a la construcción de refugios necesarios para respaldar la medida. La sociedad armenia no puede transformarse a menos que el lugar de las mujeres en ella también cambie.

En tercer lugar, de acuerdo a lo expresado en la Constitución Nacional, y como se establece en los tratados internacionales firmados por Armenia, un proyecto de este tipo es completamente legal. El país es signatario del Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), tratado adoptado por la Asamblea General de la ONU. En este punto, como parte de la evaluación de este organismo sobre el país se hicieron sugerencias para que se acelere la “adopción de una ley integral que criminalice específicamente la violencia de género”.

Una ley como esta es coherente con los puntos de vista del Tashnagtsutiún y sus valores de larga data. Es que ya a principios de 1909, y luego durante la primera República, la organización había promovido oficialmente la igualdad de género, el derecho por el voto femenino y la posibilidad a ser elegidas, y otros derechos relacionados a su lugar en el trabajo.

A pesar de tener un acuerdo con la coalición gobernante, la FRA se ha diferenciado muchas veces en su historia por su defensa de los valores progresistas. “Nuestro bloque apoyará la aprobación de esta ley, porque somos parte del mundo”, expresaron desde el partido, valorando los compromisos de la nación con la comunidad internacional.

La violencia doméstica es un problema que viene estando al margen del discurso nacional. Un artículo del 2014 de Armenian Weekly discutió la gravedad del problema y concluyó: “Las mujeres y hombres que enfrentan este crimen necesitan ayuda”. En este punto, la introducción de la normativa es una oportunidad de varios integrantes de la sociedad para poder participar de este proceso. Discurso que también debería incluir a la diáspora.

Los esfuerzos del Ministerio de Justicia deberían ser recibidos por partes como la FRA, y que de esta manera la ley sea vista como un tema de justicia social. Si la violencia doméstica sigue recibiendo atención inadecuada en Armenia, entonces el país les dice a las mujeres que tienen menos derechos que los hombres y que las socava como ciudadanas.

Conclusiones

El pensamiento político moderno necesita deconstruir el actual discurso conservador sobre el tema que se ha dado desde la transición poscomunista. Aunque la cuestión de la desigualdad de género incluye a muchos subtemas en la sociedad armenia, el cambio de actitud debe empezar de algún lado y dicha ley es un buen punto de partida en este sentido. Ninguna norma está perfectamente redactada desde el principio, pero este no debe ser el motivo para rechazarla.

La estrecha versión postsoviética del nacionalismo armenio no ha sido un verdadero reflejo de los valores tradicionales. La igualdad de género debe valorarse en el contexto de igualdad de oportunidades. La comunidad internacional ha reconocido la importancia de apoyar esta lucha a través de la CEDAW, de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y de otros tratados a los que Armenia adhiere.

A medida que se acerca el centenario de la República Armenia, el pensamiento político local debe abordar cuestiones más profundas, más allá aún de este proyecto. Cuestiones como por qué Armenia tiene la tercer tasa más alta de abortos de fetos femeninos del mundo, solo detrás de China y Azerbaidján. ¿Provee el sistema de pensiones adecuadamente a las mujeres? ¿Por qué el desempleo es más alto entre ellas en el país? ¿Cómo pueden las ONG´s apoyar a las mujeres para que se autogobiernen en regiones rurales en las que los hombres están mayormente ausentes por trabajar en el exterior?

Las mujeres, que representan más del 55% de la población de Armenia, han sido pasadas por alto como una fuente de talento vital. Han trabajado al lado de los hombres en el pasado, y tal labor no parecía jerárquica, ya que ambos sexos tendían a trabajar en la casa y en las granjas en la era preindustrial. Durante la era soviética, tenían los mismos derechos en el trabajo y la educación, junto con varios privilegios (por ejemplo, vacaciones prenatales y postnatales, y derechos legales al aborto desde 1920). Las mujeres en la Armenia soviética no eran demasiado “femeninas” como para que no pudieran trabajar en fábricas, ser ingenieras exitosas o participar en la Segunda Guerra Mundial.

Su situación socioeconómica cambió drásticamente después de 1991, cuando la economía Armenia cayó en picada junto con la Unión Soviética, los trabajos escasearon y los niveles de pobreza aumentaron.

En muchos sentidos, los esfuerzos de privatización apresurados (y finalmente infaustos) del presidente Levón Ter Petrosian profundizaron la desindustrialización de la nación. Como consecuencia del neocapitalismo de la burguesía postsoviética se derivó en la actual situación.

Además, parece haber varios obstáculos que impiden la participación política femenina en la vida de hoy. Estos son los estereotipos, los roles de género, la falta de independencia económica y el capital social de las mujeres, junto con la cultura política prevaleciente en el país. El papel de la mujer armenia en la sociedad parece haberse reducido bajo el impacto del mal gobierno, el reinado las oligarquías y un nacionalismo de estado hueco en el último cuarto de siglo.

La nación armenia es un proyecto colectivo que vale la pena e involucra a todos los miembros de la sociedad. Se necesita actuar ahora para aprovechar la oportunidad de capitalizar la diferencia significativa y comprobada que las mujeres pueden hacer en Armenia. No se pueden dar excusas, no se puede proclamar la igualdad y esperar que el problema se resuelva sólo. Hay que crear el entorno necesario donde esta pueda prosperar.

La revitalización de la agenda de las mujeres en Armenia podría ser uno de los mejores tributos a nuestras parlamentarias fundadoras y nuestro homenaje a la primera República en general. 2018 no es solo el año para que los armenios se sientan orgullosos de su Estado, también se celebrarán cien años del voto femenino. La ley sobre violencia doméstica es un gran momento para que se dé un diálogo nacional serio e interesante entre los armenios de todas las clases y orígenes. También puede ser el motor para comenzar a abordar las normas culturales y sociales que poco ayudan a la construcción de la sociedad armenia.

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