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Claves para comprender la difícil situación creada con la sucesión del arzobispo Mesrob Mutafian

Patriarcado Armenio de Estambul

mutafianEl patriarca armenio de Estambul Mesrob II Mutafian (foto), líder espiritual de los armenios de Turquía, era ya un polémico personaje antes de caer enfermo del mal de Alzheimer hace casi una década. Sus intervenciones en cuestiones como las del genocidio dejaban poco conforme a la comunidad debido a su propensión a bajar los decibeles de las protestas armenias, cuando no descalificarlas mediante declaraciones o comunicados. En su entorno siempre justificaban estos desencuentros a la intención no declarada de Mutafian de no enfrentarse al poder gobernante.

Mutafian, quien en la actualidad tiene apenas sesenta años de edad, había sido electo en 1998 en reemplazo del patriarca Karekín II Kazandjian fallecido en marzo de ese año.

Cuando su dolencia se agravó e ingresó a una inconsciencia tal que le impidió seguir en funciones, pocos imaginaron que el trámite para su reemplazo podría durar tantos años. Sin embargo ello ocurrió y de la mano del tiempo transcurrido también nacieron en el seno de la colectividad debates, divisiones y enfrentamientos poco productivos para la comunidad.

La letra fría de las disposiciones legales del Patriarcado es algo confusa en el capítulo dedicado a las funciones de su líder, sin embargo, de acuerdo a tradiciones respetadas durante siglos, un nuevo patriarca es electo cuando su predecesor muere o no puede desempeñar sus funciones por algún motivo.

A medida que pasaba el tiempo el debate giraba en torno de si se debía elegir un nuevo patriarca o designar un copatriarca. Los impulsores de ambas opciones coincidían sin embargo en que el Ministerio del Interior de Turquía debía facilitar el permiso para celebrar la elección del sucesor de Mutafian. Pero, sorpresivamente las autoridades negaron tal autorización avisando a la comunidad que debía ser designado un “patriarca adjunto”, una figura que no tenía precedentes en la historia del Patriarcado. Entonces, la comunidad a través de sus representantes en el Patriarcado aceptó esa imposición nombrando en julio de 2010 al arzobispo Aram Ateshian en ese cargo.

aram-ateşyan-ve-erdoğan-main-promoPronto, Ateshian se transformó en el nuevo líder de la iglesia no sin enfrentar la resistencia de un importante sector que le cuestionaba entre otras cosas su acercamiento a las autoridades turcas, mostrando en ocasiones un mayor apego al gobierno de turno que el de su propio predecesor.

Sin entrar en demasiados detalles, hace poco tiempo se unió al gobierno de Erdogan en la dura censura que el mandamás turco impuso al Bundestag de Alemania por su reconocimiento del Genocidio Armenio.

“Es inaceptable que un parlamento electo por el voto de la ciudadanía alemana y que tiene el deber de establecer leyes para la paz, la prosperidad y la seguridad de su nación, manifieste su opinión a pesar de no tener el derecho a hacerlo”, escribió en una carta a Erdogan el arzobispo Ateshian, haciendo mención a la ley que reconoció el crimen de lesa humanidad sufrido por el pueblo armenio. En la nota, que Ateshian dio a conocer también en su cuenta de Facebook, criticó además “la utilización de la tragedia que traumatizó a la nación armenia” en la arena política internacional. En ningún momento hizo alusión al Genocidio Armenio como hecho real y concreto.

Esta circunstancia dividió más las aguas de los armenios de Turquía y determinó que el sector que se oponía a él comenzara a pensar seriamente en su reemplazo.

Las esperanzas de que el patriarca Mesrob II se restableciera se perdieron hace tiempo, sin embargo poco podía hacer la comunidad frente al ejercicio del poder del que hacía gala Ateshian indudablemente apoyado por el gobierno turco. En octubre de 2016, la asamblea administrativa del Patriarcado decidió iniciar el proceso de elección de un nuevo patriarca con el firme argumento de que Mutafian había sido incapaz de ejercer sus funciones durante más de siete años.

De acuerdo a la tradición, debiera elegirse en primer término un “deghabah”, es decir un fiduciario que gestionara oficialmente el citado proceso y administrar el Patriarcado hasta que el nuevo Patriarca entrara en funciones.

Los candidatos naturales para ese puesto eran naturalmente en primer lugar el propio Aram Ateshian, también se postulaba el obispo Sahag Mashalian, presidente del Consejo de Ministros del Patriarcado; el primado de Alemania, arzobispo Karekín Bekdjian y el arzobispo Sebuh Chouldjian, primado de la Diócesis de Kukark, en Vanadzor, Armenia.

La situación reinante era en extremo tirante porque durante años el arzobispo Ateshian abusó de su posición y recurrió a diversas estratagemas para tratar de posicionarse como el principal candidato para suceder a Mutafian.

Encuentro-en-EchmiadzínLa crisis se acentuó cuando el 16 de febrero pasado estalló un enfrentamiento entre Ateshian y Mashalian, hecho que motivó la intervención del Catolicós de Todos los Armenios Karekín II quien recibió en Echmiadzín a los contendientes a los que se sumaron también los arzobispos Bekdjian y Chouldjian.

Tras extensas y difíciles deliberaciones se alcanzó un acuerdo por el que se dispuso la elección de un Locum Tenens (Deghabah), luego de lo cual Ateshian presentaría su renuncia a su cargo de adjunto y comenzaría el debido proceso para elegir el nuevo patriarca.

Mientras tanto se designaría un comité electoral y se dispondría una fecha concreta para ser presentada a las autoridades. Esa fecha fue fijada en principio para el 29 de mayo próximo. El desarrollo de los acontecimientos marcó la eliminación de la candidatura de Chouldjian y también la renuncia de su postulación dada a conocer por Mashalian. Por consiguiente el concurso a Locum Tenens se limitó a Atehian y Bekdjian.

Finalmente la elección tuvo lugar el 15 de marzo pasado y contra todos los pronósticos Bekdjian reunió 24 votos contra 11 que recibió Ateshian. El Consejo de Ministros se mostró conforme del resultado y el propio Ateshian saludó a su contendiente.

Pero el escenario cambió radicalmente cuando Ateshian se retiró de improviso de la reunión y retornó de inmediato empuñando una nota enviada por Aziz Merjan, vicealcalde de Estambul, indicando la prohibición de realizar la elección bajo el pretexto de no haber sido autorizada. Con este hecho desapareció el alivio que la comunidad había comenzado a experimentar dejando atrás las controversias y renacieron los enfrentamientos entre los sectores opuestos.

En la carta el funcionario turco aludía con cinismo los “problemas surgidos el 15 de febrero pasado” asegurando que la anulación del comicio contribuiría a retomar la calma habida cuenta que la “comunidad ya tenía un líder espiritual en la persona del arzobispo Ateshian”.

La nueva interferencia del gobierno quedó clara y descubrió la intención de la Alcaldía de sostener a rajatabla a quien les resulta sumamente funcional, es decir el arzobispo Aram Ateshian.

Este hecho reabrió la grieta comunitaria y a pesar que desde hace tiempo muchos dirigentes comunitarios son muy cautelosos en sus expresiones para no exponerse a las decisiones dictatoriales de Erdogan, el obispo Mashalian fijó claramente su postura señalando que la elección era prerrogativa del Consejo de Ministros y que el gobierno no tenía derecho alguno a inmiscuirse. El sentimiento de la mayoría resultó similar a lo expresado por Mashalian, sin embargo Bedrós Shirinoglu, presidente de la comisión del Hospital de la Santa Cruz y confeso partidario de Ateshian, no tuvo mejor idea de culpar a la comunidad acusándola de no tener paciencia y no esperar unos meses más para decidir la identidad del nuevo patriarca.

El paso siguiente de la comunidad fue solicitar una audiencia con el gobernador de Estambul para aclarar la situación creada. Ateshian se negó a presentar su renuncia, pero al mismo tiempo se ofreció para acompañar a Mashalian a la oficina del gobernador, siempre y cuando éste aceptara recibir a los armenios.

Bekdjian se muestra decidido a continuar adelante y emerge con nuevo líder de la colectividad. Se había anunciado que viajaría a Alemania a resolver algunas cuestiones de su Diócesis para luego volver a Estambul a hacerse cargo de sus funciones, pero muchos temen que las autoridades turcas intenten detenerlo y deportarlo.

La interferencia del gobierno turco en los asuntos religiosos de la comunidad contraviene las disposiciones del Tratado de Lausana por el que Turquía debe garantizar la libertad de culto de las minorías. El artículo 40 de ese tratado establece que los no musulmanes, es decir armenios, judíos, griegos, asirios, etc. tienen “igualdad de derechos para establecer, gestionar y administrar a sus propias expensas, cualquier institución benéfica, social, cultural, religiosa y de enseñanza, poseyendo también el derecho a utilizar su propio idioma y practicar su religión libremente”.

El 20 de marzo pasado el diputado armenio Garó Paylan, integrante del Partido Demócrata Popular, presentó al Parlamento un requerimiento escrito dirigido al ministro del Interior inquiriendo el motivo por el cual se bloqueó la elección en el patriarcado. Paylan reclamó se informe además sobre qué disposición legal se basó tal prohibición.

Lamentablemente, la comunidad suma otro problema a los que ya la agobian. La decisión de Aram Ateshian de sostenerse a cualquier precio en su puesto puede provocar daños irremediables a la Iglesia Armenia y a sus fieles. La situación actual puede generar nuevas intervenciones de un gobierno acostumbrado a pisotear los derechos de sus minorías y no está muy lejano el escenario que muestre una comunidad enfrentada internamente como consecuencia de oscuros intereses de algunos de sus principales referentes.

J.R.K

 

 

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