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Cuaderno de viaje a Armenia (II)

Opinión

Hotel-Ani-ErevanQuien viaja a la Madre Patria no es un turista. Tal vez muchos piensen diferente, pero lo cierto es que uno no puede sentirse visitante en su propia tierra. Es muy distinto ir de paseo a España, Italia u otros destinos europeos porque a diferencia de estos centros turísticos con enormes atractivos, Armenia es nuestra casa y en definitiva lo que hacemos es retornar, aunque la pisemos por primera vez. Es una experiencia maravillosa e imborrable.

Decíamos de amigarnos con nuestro idioma y realmente no es difícil hacerlo porque aunque nos cueste un poco, terminaremos haciéndonos entender. Ya estamos en marcha, dimos nuestros primeros pasos y listos para comenzar a conocer Armenia. Afortunadamente, las empresas de servicios turísticos locales son muy eficientes y profesionales por lo que seguramente nuestro guía no nos defraudará y en perfecto castellano nos irá descubriendo los secretos de un país milenario del que pronto nos sentiremos aun más orgullosos de pertenecer.

En alguna oportunidad tuve la ocasión de charlar con un turista español que estaba desayunando en el tradicional hotel de la calle Sayat Nova y el hombre -que había llegado a Armenia con un contingente de su país-, se lamentaba por dos cosas. La primera, era que a pesar de haber tomado varias excursiones regresaba a Barcelona insatisfecho, porque sentía que había mucho más por conocer de la tierra que primero había adoptado el cristianismo. Charlamos un buen rato y de pronto recordé que le faltaba decirme algo. Le pregunté cuál era la otra cosa por la que se lamentaba y me respondió con una enorme sonrisa: “volveré también a disfrutar de la cocina armenia, es por lejos la mejor después de la española”. Obviamente no quise contradecirlo, pero es verdad, la propuesta gastronómica de toda Armenia es estupenda para el viajero común e inigualable para nosotros los compatriotas de la Diáspora.

street-armeniaSon muchos los que regresan y recomiendan uno u otro local de comidas, sin embargo, mi opinión es que hay mucho por descubrir y es mejor que hagamos nuestro propio recorrido buscando aquí y allá, y siempre el resultado será el mismo: excelente. Además, nos sorprenderemos de la variedad de la carta de algunos restaurantes. Hay uno que está cerca de la embajada de Argentina en Ereván que ofrece más de medio millar de platos distintos de la cocina armenia y regional. Quienes lo frecuentamos alguna vez damos fe que todos ellos están vigentes y llegarán a nuestra mesa muy pronto. La sorpresa será mayor cuando llegue la adición, pues nos preguntaremos si hay algún error porque después de haber compartido cinco o seis platos, pagaremos lo mismo que vale una pizza en un bodegón de nuestros pagos sudamericanos.

Ereván es una metrópoli muy particular. En nuestros primeros paseos nos cautivarán el centro y los teatros y museos, todos al alcance inmediato. Un poco después ya podremos recorrer un poco más utilizando el subterráneo que tiene apenas una línea y transita la ciudad por arriba y abajo alternadamente llevándonos a los barrios más alejados.

Acostumbrados a los problemas de seguridad, Ereván nos ofrecerá otras postales. Las calles no son tan diferentes a las nuestras, pero el aseo y la tranquilidad se destacan. La presencia policial es discreta, pero visible y no se ven “personajes” indeseables que nos incomoden. La zona céntrica es muy europea y los cajeros automáticos están multiplicados y accesibles a toda hora.

También es muy sencillo cambiar divisas extranjeras porque en varios puntos de Ereván hay pequeñas  sucursales bancarias que prestan servicio las 24 horas del día. Y el tipo de cambio es el oficial, nadie intentará aprovecharse. Hay otra cultura, es innegable. (Continuará)

Jorge Rubén Kazandjian

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