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“¿Cuándo voy a ir a casa?”, duro informe de Human Rights Watch

Acerca de la situación de niños pobres, huérfanos y discapacitados en Armenia

Human-Rights-Watch-2Ereván.- Miles de niños armenios son separados innecesariamente de sus padres y alojados en instituciones estatales debido a sus discapacidades o la pobreza, señaló Human Rights Watch en un informe dado a conocer recientemente. El gobierno debe notificar a la comunidad sobre la calidad de esos servicios, la educación que se les proporciona, incluyendo a los pequeños con discapacidades que puedan crecer en una familia.

El informe de 102 páginas, “‘¿Cuándo voy a ir a casa?’ Abusos y discriminación contra los niños en las instituciones y la falta de acceso a la educación inclusiva y de calidad en Armenia”, documenta cómo miles de niños armenios viven en orfanatos, escuelas especiales  y residencias para niños con discapacidades y otras carencias.

A menudo habitan allí desde hace años, separados de sus familias. Más del 90 por ciento de los niños que reside en instituciones en Armenia tiene al menos un progenitor vivo. Human Rights Watch también reveló que el gobierno armenio no está haciendo lo suficiente para asegurar una asistencia social de calidad y proporcionar educación inclusiva para todos los niños. La educación inclusiva implica además que los niños con discapacidades estudien con apoyo especial en las escuelas de la comunidad para que logren alcancen sus objetivos educacionales.

“El Gobierno de Armenia ha tomado algunos medidas para reducir el número de niños en esas instituciones, pero se necesita que esas promesas estén respaldadas por acciones serias y sostenidas”, afirmó Jane Buchanan, directora asociada para Europa y Asia Central de Human Rights Watch y autora del informe. “Todos los niños tienen derecho a crecer en una familia, y los recursos de gobiernos y donantes deben ser destinados a apoyar a las familias y a los niños, no a las grandes instituciones”, sostuvo.

Miles de niños se encuentran separados de sus padres innecesariamente y alojados en instituciones debido a su discapacidad o la pobreza. Esos infantes tienen derecho a no ser despojados de sus progenitores. La pobreza o las discapacidades no pueden ser motivos válidos para colocar a un niño en una institución.

Esas residencias estatales a menudo sirven como el principal generador de servicios sociales a familias en difíciles situaciones de vida como la pobreza, el desempleo, la carencia de vivienda, problemas de salud o discapacidades. Esos servicios y el personal disponible para brindarlos se concentran en las instituciones, en lugar de estar disponibles y accesibles para la comunidad, incluyendo la rehabilitación y la educación de niños con diferentes discapacidades. Esto obliga a muchas familias a enviar a sus hijos a esos centros, incluso cuando preferirían tenerlos y criarlos en sus casas.

El gobierno planea sacar los niños de al menos una veintena de instituciones residenciales y transformar esos centros en edificios que presten servicio a la comunidad. Incluso algunos ya han sido reconvertidos. Sin embargo, los tres orfanatos que albergan exclusivamente a niños de capacidades diferentes seguirán funcionando en las mismas condiciones.

Human-Rights-Watch“No proporcionar atención social a los grupos familiares con niños discapacitados en igualdad de condiciones con otros pequeños, es una medida discriminatoria y debe concluir inmediatamente”, consigna el reporte de Human Rights Watch.

También se han estancado en las oficinas gubernamentales enmiendas claves para el código de familia, cambios que facilitarían la reinserción familiar y la adopción, opciones esenciales cuando los niños no pueden regresar con dignidad a sus familias biológicas. El presupuesto actual sólo permite el apoyo a unas 25 familias sustitutas.

Según datos proporcionados por UNICEF, el apoyo financiero destinado a los niños que están en instituciones especiales de Armenia es de entre tres mil y cinco mil dólares anuales por cada uno de ellos. Estos fondos podrían ser destinados a los servicios que pueden ofrecerse a la comunidad y en el apoyo directo a las familias, algo que proyectado en el tiempo puede ser mucho menos costoso.

Incluso muchos orfanatos que poseen buenos recursos, a menudo se encuentran superpoblados, con niños concentrados en grandes grupos y con pocos cuidadores. En esas condiciones, incluso el personal más capacitado puede no ser capaz de proporcionar la atención individual y el cuidado que esos pequeños requieren para prosperar en su educación.

Cuando Meri nació en 2009 con Síndrome de Down, un médico alentó a sus padres a dejarla en el hospital alegando que no viviría mucho tiempo debido a su discapacidad. Cinco años más tarde y después de una crisis familiar, sus padres decidieron que querían enterarse de lo sucedido con su pequeña hija. Finalmente la encontraron alojada en un establecimiento para niños en su condición.

Su padre Arthur describió su progreso y crecimiento al regresarla a casa desde el orfanato. “Ella no caminaba. Sólo comenzó a hacerlo cuando la llevamos a nuestro hogar. Ahora comprende muchas cosas. Sabe su nombre, puede responder… Meri es una bendición, si no hubiéramos confiado en ese médico, jamás la hubiéramos dejado donde nació”, dice arrepentido.

En cuanto a la educación, el gobierno se ha comprometido a que para 2022, todo el sistema educacional sea inclusivo. Sin embargo, en la actualidad no existe un enfoque individual para el desempeño académico. Hay demasiadas barreras físicas en escuelas y comunidades para que los niños discapacitados armenios puedan recibir algún tipo de educación.Human-Rights-Watch-1

En algunas escuelas hay matriculados con capacidades diferentes que sólo pueden asistir a clases unas pocas horas al día, o un par de días a la semana. Los niños con discapacidades, muchas veces no asisten a clases con otros chicos o si están en el aula, no son provistos de los elementos y servicios que necesitan para participar normalmente en un programa de estudios.

En vez de ello, les enseñan artes, costura u otras tareas para tenerlos entretenidos. Para muchos niños con discapacidades, su educación consiste principalmente o exclusivamente de una hora o sesiones individuales más breves, una o varias veces a la semana.

Las escuelas de la comunidad por lo general carecen de personal suficiente, en particular de ayudantes que pueden proporcionar apoyo directo a uno o más chicos. En algunos casos, el padre, o más frecuentemente la madre, se quedan con el niño en el aula para brindar apoyo. Algunos pequeños con discapacidades reciben en su hogar educación de baja calidad, con profesores que los visitan para enseñarle solamente cosas básicas.

Las normas internacionales establecen que todas las escuelas deben ser enteramente accesibles, y proporcionar medidas razonables para apoyar a los estudiantes, independientemente de su discapacidad.

Las medidas de apoyo proporcionadas a los niños con discapacidades deben ser particulares, basadas en las necesidades particulares de aprendizaje de cada uno de ellos, y deberán estar destinadas a fortalecer las oportunidades para que los estudiantes con discapacidad puedan participar plenamente en el aula.

Los niños con discapacidad que envejecen en orfanatos o escuelas especiales pueden permanecer indefinidamente en esas instituciones como adultos. Esto puede suceder debido a la falta de acceso a una vivienda, transporte o empleo. En otros casos, sin embargo, permanecen en instituciones porque se les priva de su capacidad jurídica, se les niega el derecho a tomar decisiones por sí mismos.

“Edmond” (no es su nombre real), un adulto joven con una discapacidad intelectual leve que vive en una institución, dijo a Human Rights Watch: “No puedo responder quién es el que decide que me quede aquí. He estado en este lugar desde que tenía ocho años de edad, y me quedaré aquí. Uno de mis sueños es ser capaz de vivir mi propia vida. Durante mucho tiempo, pensé en hacerlo, pero ya he perdido la esperanza”.

“Los niños y los adultos jóvenes con discapacidad tienen los mismos derechos a la educación y las oportunidades de vida que sus compañeros”, dice Buchanan. “Asegurarse de que los niños con discapacidades puedan concurrir a la escuela en sus comunidades es un buen primer paso, pero será un gesto vacío, a no ser que dichos niños reciban una educación de calidad que les permita alcanzar una buena formación, desarrollar todo su potencial, y participar de una sociedad diversa.”

 

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