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Día de la Mujer. Deuda pendiente en Armenia

Mujeres-armeniasDías atrás se celebró el Día internacional de la Mujer. Como tantos otros países Armenia también conmemoró ese día con algunos actos públicos y escasa presencia del importante tema en los medios de prensa. La festividad tuvo mucho de simbólica pues la verdadera situación de la mujer en Armenia es realmente preocupante.

A simple vista el visitante de la Diáspora puede tener una somera idea al respecto, pero los interrogantes son muchos y variados. Porque la cruda realidad se desnuda en escenarios de hechos innegables que exponen la verdadera situación de la no liberación de las mujeres en nuestra patria. Son conocidas las estadísticas que exponen la violencia familiar centrada en la mujer. Es casi una costumbre arraigada que la mujer armenia deba someterse a una tradición de encierro y sumisión que lleva siglos. Las denuncias de maltratos casi nunca son consideradas o toman estado público, y si de pronto trascienden son prontamente derivadas al oscuro archivo del olvido. Jamás se sabrá entonces qué resultado tuvieron las mismas, cuántos de los responsables de los castigos físicos o sicológicos merecieron condena judicial y cuántos de los individuos denunciados reincidieron en ese deleznable crimen.

Pero el destrato a las mujeres no sólo tiene lugar en el plano de los ataques físicos, también tiene efecto en otros ámbitos como el laboral y también el político donde la tan proclamada igualdad entre los sexos no es más que un eslogan gastado. A igual tarea la mujer siempre gana menos y debe trabajar más para conservar su empleo. En la función pública la mujer armenia casi no ocupa espacios con las lógicas y afortunadas excepciones. Sólo en la faz cultural o artística puede observarse algún predominio femenino, seguramente por una cuestión de capacidades y no de decisiones masculinas.

Algún desprevenido puede pensar que por ser la armenia una sociedad tan antigua, tal vez sus integrantes se manejen con equivocados parámetros de otros tiempos. Nada de eso es verdad porque ya en tiempos de la heroica resistencia de los bravos voluntarios armenios, la mujer fue protagonista principal ganándose un sitio de honor en la historia reciente. Fue soldado y peleó hasta la muerte. Fue médica o enfermera y supo curar heridas del cuerpo y del alma. Fue maestra y educó sin medios a decenas de huérfanos rescatados de las garras del genocida turco. Y en el destierro fue el sostén de miles de familias destruidas por el calvario del genocidio.

En pleno Siglo XXI es inconcebible que la mujer armenia no intervenga en toda su plenitud en el desarrollo de la nueva sociedad. Hablo principalmente de las mujeres de la Armenia profunda, esa que sigue olvidada, esa que permanece sumida en la pobreza y cuyo futuro todavía no es muy claro. Allí, la mujer trabaja más que el hombre porque además de sus responsabilidades hogareñas, debe cultivar la tierra, juntar la leña para el invierno y hasta salir a pastar los animales de su granja. También allí la mujer es quien sostiene nuestra identidad con abnegación y sacrificio sin poder reclamar sus derechos.

En esta nueva celebración mostremos nuestro respeto a nuestras madres, hermanas e hijas dándoles el valor que se merecen y luchando a la par de ellas, porque después de todo, sin ellas nos existiríamos.

Jorge Rubén Kazandjian

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