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Domingo de Ramos

Evangelio según San Mateo

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Capítulo 20.29-21.17

Curación de los dos ciegos de Jericó

Marcos 10, 46-52 / Lucas 18, 35-43

29 Cuando salieron de Jericó, mucha gente siguió a Jesús.
30 Había dos ciegos sentados al borde del camino y, al enterarse de que pasaba Jesús, comenzaron a gritar: “¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!”
31 La multitud los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más: “¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!”
32 Jesús se detuvo, los llamó y les preguntó: “¿Qué quieren que haga por ustedes?”
33 Ellos le respondieron: “Señor, que se abran nuestros ojos”. 34 Jesús se compadeció de ellos y tocó sus ojos. Inmediatamente, recobraron la vista y lo siguieron.

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La entrada mesiánica en Jerusalén

Marcos 11, 1-11 / Lucas 19, 29-40 / Juan 12, 12-19

1 Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos,
2 diciéndoles: “Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos.
3 Y si alguien les dice algo, respondan: “El Señor los necesita y los va a devolver en seguida”.
4 Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:
5 Digan a la hija de Sión: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga.
6 Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado;
7 trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó.
8 Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas.
9 La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba: “¡Hosana al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!¡Hosana en las alturas!”
10 Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: “¿Quién es este?”
11 Y la gente respondía: “Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea”.

La expulsión de los vendedores del Templo

Marcos 11, 15-19 / Lucas 19, 45-46 / Juan 2, 13-17

12 Después Jesús entró en el Templo y echó a todos los que vendían y compraban allí, derribando las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas.
13 Y les decía: “Está escrito: Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones”.
14 En el Templo se le acercaron varios ciegos y paralíticos, y él los curó.
15 Al ver los prodigios que acababa de hacer y a los niños que gritaban en el Templo: “¡Hosana al Hijo de David!”, los sumos sacerdotes y los escribas se indignaron
16 y le dijeron: “¿Oyes lo que dicen estos?” “Sí, respondió Jesús, ¿pero nunca han leído este pasaje: De la boca de las criaturas y de los niños de pecho, has hecho brotar una alabanza?”
17 En seguida los dejó y salió de la ciudad para ir a Betania, donde pasó la noche.

Reflexión

Iniciamos la semana santa con este domingo en el que recordamos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y a la vez escuchamos el relato de la Pasión. ¿Por qué escuchar el relato de la Pasión desde hoy si lo meditaremos el viernes santo? El motivo es que la liturgia de los domingos debe guardar una continuidad; de tal manera que este domingo escuchamos la muerte de Cristo y el próximo escucharemos la Resurrección. Así, quien asiste sólo los domingos a misa, tendrá una visión completa del Misterio Pascual.

El texto

Vale la pena detenernos este día a reflexionar en la entrada de Jesús a Jerusalén. Definitivamente que esta entrada es un acto profético y lleno de simbolismo por parte de Jesús. ¿qué estaría pretendiendo al entrar de esa manera a Jerusalén? Podríamos marcar dos intenciones: manifestarse como Mesías rodeado y aclamado por su pueblo; y dejar claro que su mesianismo no posee un carácter escatológico, es decir, de cumplimiento de las promesas de salvación.

El no ha venido como un Mesías que pretenda con su poder (terrenal) transformar Jerusalén; sino que se presenta con sencillez, cumpliendo con el pasaje de Zacarías 9,9 que dice: “Salta de alegría Sion, lanza gritos de júbilo, Jerusalén, porque se acerca tu rey, justo y victorioso, humilde y montado en un burro…”. Así, la entrada de Jesús en Jerusalén nos deja claro que Él pretendía ser reconocido como ese justo y humilde rey que anunciaba la salvación.

Por otro lado, escuchamos la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo; patético relato de lo que el hombre puede hacer con el anuncio gozoso y pacífico de salvación. Porque Dios no envío a su hijo a morir, sino a mostrarnos la salvación; pero fue el pecado del hombre (la envidia, el egoísmo, el apego a los ritos, la cerrazón de corazón, el odio, la intriga, la mentira, etc. ) lo que llevó a Jesús a tener que sufrir tal suplicio.

La Pasión de Cristo no muestra hasta donde nos puede llevar el pecado cuando no somos sinceros para reconocerlo en nuestras vida; es el absurdo del hombre que rechaza la vida y elige la muerte; es la incoherencia del pecado que prefiere la falsa seguridad de la mentira que la renovación que la verdad pudiera traer; es la victoria de la oscuridad y el pecado sobre la luz y la vida.

Actualidad

Hoy, Jesucristo se sigue manifestando como Mesías, tal como lo hizo en aquella procesión hacia Jerusalén, con sencillez y paz. Hoy, la palabra de Cristo se sigue haciendo presente para denunciar la muerte y anunciar la vida; su palabra resuena a través de su Evangelio y a través de tantos profetas actuales que denuncian la injusticia, la violencia, y la mentira de la sociedad. Pero la mayoría de nosotros seguimos actuando con la complicidad y el engaño en que vivieron los habitantes de Jerusalén cuando Jesús fue crucificado. Porque, no podemos creer que los íderes de aquel entonces pensaran que estaba mal lo que estaban haciendo; al revés!

Ellos sentían que estaban salvando a su pueblo de la herejía de ese Nazareno. Y el pueblo que no hizo nada por defender a quien habían proclamado como Mesías, tampoco pensaba que estaba mal, pues al fin y al cabo, ya vendría otro a seguir hablándonos bonito de Dios. ¿No nos estaremos engañando nosotros mismos también? Cuando ignoramos a quien sufre y está cerca de nosotros; cuando justificamos nuestras agresiones a otros “porque se las merecen”; cuando vivimos tranquilos sin perdonar a quien nos ha ofendido; cuando limitamos nuestro amor a quien nos “caen bien”; cuando hacemos alguna “trancilla” justificándonos en que así todos le hacen; etc.

¿Dónde está el amor, dónde el perdón y la comprensión; dónde está la justicia y la honestidad? Nosotros también hemos rechazado el plan de Dios con nuestras vidas; hemos sido cómplices o inclusive agentes activos en la ineficacia del sufrimiento de Cristo.

Propósito

Iniciamos la Semana Santa, semana en la que debemos detenernos a reflexionar (seriamente) ¿qué hemos hecho con el amor que Cristo derramó sobre nosotros en la Cruz? Esta semana, ofrece quince minutos cada día para reflexionar sobre todo lo que Dios te ha dado, y cómo le has respondido tu.

Aprenderás:

Aprenderás que no importa a donde llegaste sino a donde te diriges y si no lo sabes cualquier lugar sirve. Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlarán y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuán delicado o frágil sea una situación: Siempre existen dos lados.

Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario enfrentando las consecuencias…

Aprenderás que la paciencia requiere práctica. Descubrirás que algunas veces la persona que esperas que te patee cuando te caes, talvez, sea una de las pocas que te ayuden a levantarte.

Madurar tiene mas que ver con lo que has aprendido, que con los años vividos.

Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti que lo que supones. Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes, y sería una tragedia que se lo creyese, porque le estarás quitando la esperanza.

Aprenderás que cuando sientas rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da derecho a ser cruel. Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben como demostrarlo…

No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo. Aprenderás que con la misma severidad con la que juzgas, también serás juzgado y en algún momento ordenado.

Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.

Aprenderás que el tiempo no es algo que puedes volver atrás, por lo tanto debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores.

Entonces y solo entonces, sabrás realmente lo que puedes soportar, que eres fuerte y que podrás ir, mucho más lejos, que cuando creías que no se podía mas. 

Es que realmente la vida vale más cuando tienes el valor de enfrentarla.

(W.Shakespeare)

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