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El Centenario de las epopeyas

Armenian_FedayeesEl crimen internacional de lesa humanidad planificado por los Jóvenes Turcos, como continuación de las matanzas del Sultán Abdul Hamid II, y prólogo de la acción criminal del kemalismo basó el éxito de su bárbaro objetivo en la teoría que todas las víctimas, sean armenias, asirias, griegos del ponto, kurdos, árabes, sirios, libaneses y otras nacionalidades se someterían a su designio asesino.

Sin embargo, afortunadamente, entre los millones de personas a las que apuntaba la acción criminal de Constantinopla, surgieron miles de valientes que honraron su condición de criaturas de la creación del Altísimo.

El plan genocida contra los armenios comenzó con las matanzas de la población civil muy lejos de los frentes de batalla, desmintiendo uno de los inconsistentes argumentos de ciertos diplomáticos turcos devenidos en asiduos tergiversadores de la historia.

Fue precisamente Henry Morgenthau, Embajador de los EE.UU., país que permaneció neutral hasta muy avanzada la Primera Gran Guerra, quien en sus memorias publicadas en varios idiomas denunció la acción turca contra los campesinos de Van, de Sasún y de Mush.

La epopeya triunfante de Shadaj (abril de 1915) fue el auspicioso prólogo de la gran autodefensa de Van-Vaspuragán, que rescató de una muerte ya decretada a más de 150.000 habitantes del corazón de Armenia, que se refugiaron al pie del Ararat.

Cuando nuestras abuelas, ante el sangriento accionar de los djihadistas que falsificaron el Sagrado Corán para intentar justificar los crímenes invocando al Creador, pensaban que los armenios habían desaparecido de la faz de la Tierra, llegaron las voces de los valientes que luchaban por la vida, por la convivencia entre los pueblos y los derechos humanos, como hicieron los armenios de Shabin Karahisar, la patria chica de Antranik.

Otra de las epopeyas que hicieron temblar a Enver, Talaat y Djemal, fue la que protagonizaron durante cuarenta días unos cinco mil campesinos de siete aldeas ubicadas al pie del Monte de Moisés (Musa Dagh). Y así se sucedieron las autodefensas de Urfa, Fendedjak, Zeitún, junto a otras páginas heroicas.

Desde la derrota de Turquía, con el retorno de los sobrevivientes, renacieron y también resistieron las ciudades de la valiente Cilicia Armenia. Hablamos de Aintab, Hadjín y Marash; nuevamente de Zeitún con sus cinco epopeyas. Cada uno de estos nombres, desbordantes de genuina gloria, tiene centenares de historias dignas de impactantes producciones cinematográficas.

¿Podemos olvidarnos acaso de los veinte ahorcados de toda la armenidad (henchakian ksan gajaghán) del 15 de junio de 1915 en la Plaza Sultán Bayazid, o de los héroes libaneses de 1916, cuya memoria es honrada en la plaza central de Beirut?

En el centenario del genocidio armenio, debemos honrar a todos los Santos Héroes, junto a los Santos Mártires, que con su ejemplo aseguraron la continuidad del pueblo armenio.

Carlos Luis Hassassian

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