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El “Laundromat” ya provocó una importante baja al lobby azerí

Opinión

agramunt-paceCuando semanas atrás estalló el “Laundromat”, informe de un grupo de investigadores europeos que desnudó el aparato de corrupción construido por el régimen de Ilham Aliev para obtener la protección política de funcionarios, políticos, periodistas y hasta catedráticos europeos en favor de Azerbaidján, se vislumbró el derrumbe de la repugnante política del mandamás de Bakú.

El reporte fue muy preciso y denunció con nombre y apellido a varios de los “beneficiarios” de los aportes provenientes de los petrodólares azeríes que apoyaron hasta el cansancio al agresor de Armenia, evitándole muchos dolores de cabeza por su continua agresión a los derechos de sus ciudadanos, embate a sus minorías políticas, ausencia total de libertad de prensa y expresión, encarcelamiento de opositores y una infinita serie de violaciones a las leyes del derecho internacional. Pero ese lobby no se detuvo en lo antes citado, sino que operó con sospechoso vigor contra los ciudadanos de Artsaj acusándolos de genocidas, usurpadores y lo que es peor cercenándoles sus derechos de autodeterminación e independencia.

La tardía reacción azerí rozó lo tragicómico porque a Aliev no se le ocurrió mejor argumento que responsabilizar al magnate George Soros y al “lobby” armenio de ser los culpables del escarnio sufrido.

Desde el primer momento muchos analistas políticos europeos no dejaron de especular sobre las consecuencias que el “Laundromat” generaría sobre los denunciados y su sospechosa actividad proazerí.

Este fin de semana se conoció la renuncia de Pedro Agramunt (Foto), el político valenciano que desde 2015 presidía la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE). El plenario de dicho organismo le había retirado la confianza meses atrás bajo la acusación de operar no sólo a favor de Bakú, sino también de inmiscuirse en el conflicto sirio con una postura claramente opuesta a la que el organismo que presididía había dispuesto.

La PACE ya había comenzado el proceso de destitución de Agramunt y estaba previsto que al reinicio de las sesiones parlamentarias previstas para el lunes 9 de octubre se tomara una determinación al respecto. Ante esta realidad, Agramunt decidió presentar su renuncia por “razones médicas”, argumento que por supuesto nadie tomó como cierto por cuanto su acción se parece más a una huida estratégica destinada a evitar una humillación aun mayor.

Agramunt AlievAhora cabe preguntarse cómo fue que nadie advirtió durante tantos años la sesgada tarea de Agramunt a favor de Aliev y su cohorte, o a cómo a ninguno le llamó la atención sus repetidos viajes a Bakú. Peor aún, tiempo atrás, la policía italiana lo involucró con el político italiano Luca Volonté, otro de los implicados en el “Laundromat” y responsable del armado de la red de apoyo a Azerbaidján en el seno de la PACE. Todos miraron hacia otro lado mientras los dólares azeríes fluían a raudales y sin control a los bolsillos de los corruptos. En cambio, ahora cuando toma cuerpo la denuncia de corrupción, son muchos los que se sacuden el oscuro manto que los abrigó tanto tiempo y buscan ponerse a derecho con sus obligaciones antes que sea muy tarde y deban también rendir cuentas.

Paralelamente, el Grupo de Minsk de la OSCE se renovó con la puesta en funciones del nuevo copresidente estadounidense Andrew Schofer, un especialista en situaciones de conflicto que ya estuvo en Stepanakert para iniciar el diálogo con el presidente Bako Sahakian.

Ya se especula en que se acelerará el proceso de negociaciones en un contexto donde Azerbaidján no se encuentra en su mejor momento internacional al revés de Armenia, que parece haber logrado el buscado equilibrio en sus vínculos con Europa y la Federación de Rusia.

Tal vez haya llegado el momento de incorporar a Artsaj a la conversación de paz buscando acortar distancias en la solución de un conflicto que ya no puede extenderse mucho más.

Jorge Rubén Kazandjian

 

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