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El pensamiento y las acciones de Aram Manukian, para la conformación de la República libre de Armenia de 1918

Año del Centenario del 28 de Mayo

Eran los momentos decisivos y también gloriosos, del 3 de mayo de de 1915, para los armenios que desde los inicios de Van, sosteniendo el legado del heroico Vaspuragán sobre la varias veces milenaria urbe urartiana (que quiere decir Araradiana), en las primeras horas de la Administración Armenia, luego de la vergonzosa fuga de los genocidas turcas.

kaspar-IpekianCompartamos el testimonio de Kaspar Ipekian (foto), (quien sería en 1928 uno de los fundadores de la Asociación Cultural Hamazkaín en El Cairo). El famoso hombre de teatro describió esas históricas vivencias, con la calidad digna de un documentalista.

Según lo ordenado por el General Antranik, debían partir los voluntarios hacia el frente de Dpghis, para llevarles ropa y frazadas. La autorización debía ser recibida directamente del gobernador. Me dirijo a la casa de gobierno. En la calle, en torno al edificio, se ha dispuesto una mesa para los que redactan las solicitudes.

Una gran multitud se agrupa en las escaleras y frente a las oficinas. Todos han llegado para arrendar tierras del gobierno. Frente al juzgado se ha agrupado también más gente. ‘¡Cuándo han tenido tiempo para lograr tantas demandas?’, pienso. De alguna forma, entro a la oficina del gobernador Aram Manukian.

-¡Ah, amigo mío! ¡Eres tú! ¿También quieres un permiso? No eres un extraño… ¿de qué se trata la cuestión? Ve, búscalo y tráelo. ¿Por qué te quedas como una estaca?… ¡Apúrate!

Una hora y media después presento el formulario para que Aram lo firme.

-¿Por qué has tardado tanto, muchacho? Oh, ¡cuántos sellos hicieron falta!

Y lo firma, moviendo la cabeza con una sonrisa cómplice. De repente, entra un policía de la custodia.

-Su excelencia, ha venido el comandante general ruso.

-¡Rápido, muchacho!

Lo traen… lo presentan.

-Y ahora nos hemos convertido en ‘Su Excelencia’. Bien, que tengas un buen viaje. Vuelve pronto. ‘Su Excelencia…’

El pensamiento, en las vísperas

Las circunstancias previas

“Cada uno piensa sólo en sí mismo. Si hay alguien que mira más allá de las fronteras de su país, lo hace pensando sólo en sus intereses. Nadie es enviado hacia el frente turco para reemplazar a rusos que vuelven a su casa. Cuando se habla de enfrentarlos manteniendo el frente, es eso, sólo palabras, carentes de sustento real y sincero. Nadie se ocupa de los armenios con la idea de acercarles una ayuda concreta. Por el contrario, hay una actitud traicionera. Estamos solos y debemos confiar solamente en nuestras propias fuerzas, tanto para defender el frente, como para mantener el orden interno”.

La responsabilidad asumida

“Hoy el pueblo me ha impuesto la pesada responsabilidad de ser ‘dictador’. Por más que estas actitudes me son impropias, por más que con alma y vida en contra de ellas, pero impuesto por la urgencia del bien común, de la misión impostergable, exteriormente, que la gente lo crea así. Yo quiero y soy partidario del trabajo colectivo, al cual aspiro. Por lo tanto, acepto esa función, pero sólo para complacer al pueblo. Que eso no sea causa de zozobra espiritual. Con nuestras fuerzas unidas haremos lo que hemos concretado hasta ahora y lo que reclama los intereses de nuestra infortunada patria”.

Cómo se organizaron los armenios a las órdenes de Aram Manukian

El boletín del Archivo Nacional de Armenia (editado por el Consejo de Ministros de la RSS de Armenia, en febrero de 1990) publicó un importante documento, del cual extraemos lo siguiente:

Documento N° 17 (28 de marzo de 1918)

Acerca del llamamiento del plenipotenciario especial Aram Manukian, para movilizar al pueblo PARA luchar contra el enemigo

Aram-MANOUGIANEl desafortunado proceso de las acciones de guerra sacudió a toda la armenidad, especialmente a Ereván, el corazón de los armenios.

Bajo las impresiones de la situación creada, el pueblo armenio de Ereván, los militares, la comandancia, la oficialidad, consideraron necesario darme poderes plenipotenciarios para fortalecer el frente, para dar un proceso rápido a las luchas internas y externas con métodos drásticos.

Haciéndome cargo de mi nueva función, ordeno:

  1. Todos los cuerpos existentes, militares o civiles, deben continuar con sus trabajos previamente establecidos, con más entusiasmo y con grandes sacrificios.
  2. La partida de las fuerzas militares hacia el frente, debe realizarse con cierto orden y cronograma, con el propósito de que al encarar algo nuevo, no se destruya lo ya realizado.
  3. A todos los elementos conscientes del pueblo armenio les ordeno participar de los importantes trabajos de la retaguardia y especialmente, del frente, para que se realicen rápida y ordenadamente.
  4. Una vez que hayan confiado en mí y en las fuerzas de la dirigencia, la sociedad y los individuos deben brindarme una profunda fe, para que podamos realizar las difíciles tareas con libertad.
  5. Finalizar con las críticas sin propósito, y con dichos infundados acerca de ciertas personas.
  6. Cada individuo de la sociedad debe brindar amplia colaboración para encarcelar a los desertores, y para castigarlos.
  7. Ordeno terminantemente evitar indebidos enfrentamientos interétnicos. Cada uno debe intentar mantener las relaciones de vecindad con los turcos.
  8. No interferir ni con las tareas militares ni con las del gobierno.
  9. No distraerme ni a mí, ni a mis colaboradores con menudencias.
  10. Reforzar la defensa barrial de la ciudad.
  11. Desechar ciertos proyectos fantasiosos.
  12. Velar por el orden general de la población y por su seguridad; no dar crédito a diversas noticias falsas que circulan con colores legendarios que sólo provocan desesperanza.

 

 

Ashot Arzruní describe el entusiasmo en Ereván por apoyar el frente de Sardarabad

En el testimonio del Prof. A. Arzruní, quien fuera Director de ARMENIA (foto), publicado en Troshag, leemos lo siguiente:

Ashot-Arzruni“Imaginen un país donde, por cualquier lugar adonde uno vaya, por cualquier pueblo o ciudad a la que uno se acerque, se escuchan incesantemente el tañido de las campanas; y en las iglesias se elevan plegarias, noche y día, vigilia y cánticos. Es la alarma del Catolicós, que hace sonar de un extremo al otro del país, anunciando a todos que la patria está en peligro y que todos deben acudir al frente de batalla.

Y la gente en fila, va hacia el frente. Va caminando, en carros o montada en caballos o burros. Van personas de edad, mujeres, muchachas y muchachos. El peligro no conoce género ni edad, y todos caerán bajo el sable turco si los soldados de la patria no acuden. Van tocando dhol – zurná y cantando. Van hacia la muerte, para inmortalizarse.

En el ejército popular se ven religiosos vestidos de negro, uno de los cuales es el director del Seminario de Echmiadzín, el científico vartabed Karekín Hovsepian. Con la cruz en alto se acerca a los campesinos, a los soldados, a los estudiantes y alumnos, y les habla, los entusiasma, los arenga y les inspira valentía y entrega, ya que la muerte es inmortalidad para la patria.

He aquí otro religioso, el archimandrita Ieghishé del convento Surp Garabed. Él es más práctico, y en lugar de la cruz, lleva una espada. Detrás de él, el grupo de seminaristas, todos, voluntarios de diversas edades, soldados de la patria. Ellos han jurado morir, pero no retroceder ni un solo paso.

Y en las trincheras…se ha sumado un anciano, junto a su nieto adolescente, que apenas tiene la estatura del fusil que empuña. Un poco más allá, un hombre de mediana edad, junto a sus dos hijos. La bala enemiga derriba a uno de los hijos. Son del pueblo cercano. “-Padre, llevemos a mi hermano a enterrarlo en el pueblo-”, dice el que quedó vivo.

-Tú ve a enterrarlo, y yo quedaré para vengarlo-, responde el apenado padre.

Hace dos días que los soldados no pierden la vista del frente. Sin dormir, hambrientos, sedientos, muchos de ellos, a punto de consumírseles las municiones. Y el enemigo dispara sin cesar. De repente, a lo lejos, se ve el ferrocarril, que viene a todo vapor desde Ereván. Cuando se detiene poco antes del frente de batalla, de los vagones salen mujeres, chicas, adolescentes y cada una con un atado en la mano, un cántaro en el hombro, y un tira de cartuchos bajo el brazo, corren hacia el frente, despreciando el silbido de las balas. Han traído abundante comida, agua, cartuchos y remedios. Este hecho y la presencia de ellas inspiran nuevo vigor, entusiasmo y decisión a los defensores de la patria, y los envuelven con el fervor de vencer.

Los oficiales y los soldados compiten en sus actos de valentía. Aquí está el comandante de artillería Kurkén Movsisian. Cuando el enemigo se acerca a sus posiciones, él pasa a encabezar a los artilleros y avanza contra los turcos que se acercan. Con su heroica muerte salva al cañón que continúa su lluvia de bombas sobre el enemigo. ¡Y cuántos otros oficiales pasaron a la inmortalidad, por la defensa de la Patria!”

 

            Fuente: Դրօշակ, 12-01-1989

Reflexiones

Como corolario de este sintético panorama de los pensamientos y las acciones de Aram Manukian, recogemos una parte del decisivo documento del 28 de marzo, para que los lectores evalúen por sí mismos cómo se logró hace 100 años ordenar el patriotismo popular, salvar la Madre Patria y forjar entre todos, la República de Armenia el 28 de Mayo de 1918.

 

Dijo Aram Manukian: “Compatriotas:

Fortalecido por la confianza y la colaboración de todos ustedes, comienzo la tarea.

Demostremos al mundo que los armenios tenemos derecho a vivir libres,

independientes. Hoy y siempre”.

Carlos Luis Hassassian

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