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El sucio dinero del petróleo azerí mancha a legisladores

Opinión

socar-logoLa prensa estadounidense comienza a despertarse y de a poco va “descubriendo” viejos y repetidos escándalos que afectan a sus legisladores. La reciente publicación en el Washington Post de una investigación sobre el viaje de una decena de parlamentarios a Azerbaidján financiado por un par de ONGs, con dineros proveídos subterráneamente por la petrolera estatal azerí SOCAR, sólo puede sorprender a los desprevenidos.

Hace más de seis meses, varios medios de prensa armenios de EE.UU. publicaban una nota de opinión de Harut Sassounian, columnista de The California Courier, haciendo un minucioso análisis de lo ahora “revelado” por el Washington Post. Obviamente, la importante denuncia hecha pública por Sassounian no encontró entonces eco en los diarios más importantes del país del norte.

Tanto Turquía como Azerbaidján tienen por costumbre cabildear entre los parlamentarios de aquellos países que son importantes para sus intereses y no escatiman el derrame de tal vez decenas de millones de dólares destinados únicamente a la compra de voluntades políticas.

Probablemente consideran que acercarse con disimuladas prebendas a determinados congresistas o representantes tanto de Estados Unidos como de otros países como la Argentina sea el modo más efectivo de lograr sus propósitos.

Hace apenas unos años, tuvimos la oportunidad de entrevistar a un diputado argentino que por entonces era el presidente de la Agrupación de Amistad Parlamentaria entre Argentina y Azerbaidján. Dicho legislador había retornado días atrás de su viaje a Bakú, invitado por el embajador azerí en nuestro país. Nuestra intención era apenas conocer una opinión auténtica de su visita a Bakú, pero lamentablemente sólo escuchamos el aprendido mensaje de la propaganda de su anfitrión. A él lo acompañaron entonces (2011) otros diputados y senadores argentinos, algunos de ellos “amigos” de la Causa Armenia.

Pero todo puede cambiar. La crisis mundial del petróleo ya está afectando a países como Azerbaidján que durante años dilapidaron recursos del oro negro para financiar a sus lobistas, o destinarlos a una feroz propaganda para ocultar el verdadero rostro de su gobierno.

Tal vez ahora el flujo de los sucios petrodólares se interrumpa o disminuya. En ese caso habrá que observar atentamente el comportamiento de aquellos que hoy bregan por apoyar tanto la política belicista azerí como la negacionista turca.

La intromisión de esos dos países en las políticas de otras naciones es escandalosa. Basta con recordar el caso del monumento de Aliev en México o el de Atatürk en Buenos Aires. Pero, llevar adelante ese tipo de “emprendimientos históricos” cuesta mucho dinero porque hay que invertir grandes fortunas para falsear la historia y “aceitar” los mecanismos locales que permitan erigir esos verdaderos monolitos a la ignominia.

También invierten tiempo y dinero para lograr declaraciones de apoyo o de reconocimiento a la supuesta “matanza” de Khodjalú. Pero en este caso, la diplomacia azerí se orienta a la captación de voluntades políticas en pequeños países donde no exista una comunidad armenia que impida la concreción de esos disparates políticos y diplomáticos.

Estamos transcurriendo el Centenario del Genocidio Armenio, debemos estar muy atentos a las próximas jugadas de nuestros enemigos declarados. La labor comunitaria conjunta será imprescindible para prevenir nuevos intentos de trasfigurar la verdadera historia.

Jorge Rubén Kazandjian

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