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Era petróleo azerí el que fluía en el pantano de Washington

Una polémica que vuelve a la superficie

Congreso-EEUULuego de la crítica del presidente electo Donald Trump, los republicanos del Congreso estadounidense dieron marcha atrás en su decisión de silenciar al casi independiente Comité de Ética (OCE). Asumiendo que mantengan esa postura, eso sería afortunado, aunque no fuera por las razones que Trump tenía en mente cuando tuiteó su enojo por el plan original.

La OCE es un raro organismo que expuso las miserias del “pantano” de Washington que Donald Trump prometió oportunamente drenar, incluyendo el funcionamiento interno de algunas sombrías alianzas que han socavado la autoridad moral de Estados Unidos, alejándolo de su papel de árbitro global.

Una de las investigaciones más destacadas de la OCE se refería a Azerbaidján, una nación postsoviética rica en petróleo que tiene más personas reconocidas como presos de conciencia por Amnistía Internacional que Rusia y Bielorrusia en conjunto.

Azerbaidján es una dictadura hereditaria: El presidente Ilham Aliev sucedió a su padre Heydar en 2003 y se mantiene en el poder desde entonces con el concurso de periódicas elecciones fraudulentas. No posee una prensa libre y su economía está totalmente dominada por el estado. También está revuelta en un enconado conflicto con su vecina Armenia por Nagorno Karabagh, un enclave armenio entregado a Azerbaidján por Stalin en 1923, pero convertido en autónomo. Armenia recuperó el territorio en 1994 después de una prolongada guerra y el diferendo apenas ha cesado desde ese momento.

Azerbaidján es también un país que tiene relación de amistad con los EE.UU. En 2014 recibió más de 64 millones de dólares en asistencia de Washington, tanto civil, como militar. El aporte se mantuvo constante a medida que la dictadura de Aliev prosperó gracias a los elevados precios del petróleo.

Durante mayo y junio de 2013, una delegación de 11 miembros del congreso estadounidense y 32 asistentes parlamentarios visitó Bakú, la capital azerí, para tomar parte de una conferencia denominada “Estados Unidos – Azerbaidján: Visión para el futuro”. Esa excursión fue ostensiblemente financiada por dos grupos “sin fines de lucro”, de quienes los legisladores y sus acompañantes se permitieron aceptar los viajes autorizados por entonces por el Comité de Ética.

Sin embargo, la OCE verificó que esas organizaciones recibieron el dinero para sufragar los gastos de la compañía petrolera azerí Socar y uno de esos grupos, que recibió 750.000 dólares de la compañía estatal azerí, apenas se había constituido un mes antes de la conferencia.

En Bakú, todos los legisladores estadounidenses recibieron “alfombras de distinto tamaño y valor” como obsequio, mientras que algunos otros representantes y también sus asistentes recibieron juegos de té de cristal y bufandas de seda natural.

Debía haber quedado claro para los interesados que la conferencia era un evento patrocinado por el gobierno de ese país. Incluso el jefe de estado Aliev hizo una aparición (ver aparte).

Sin embargo, dos años después del viaje, el Comité de Ética del Congreso deslindó de cualquier acto ilícito a todos los participantes de aquella reunión en Bakú, señalando que “por iniciativa propia o por recomendación del Comité, todos los integrantes de la delegación han regularizado su situación o se han comprometido a hacerlo respecto a cualquier obsequio inadmisible recibido”.

En cuanto a los gastos del viaje, el Comité afirmó que los representantes y sus asistentes no pudieron haber sabido que los gastos del viaje habían sido sufragados por el gobierno de Azerbaidján. En cualquier caso, el pago de esos gastos había sido preaprobado por el CEC.

Los funcionarios azeríes que fueron relevados de aparecer en el informe del Comité de Ética, podrán seguir operando su “diplomacia del caviar”, aplicada tanto en EE.UU. como en Europa, fuera de la luz pública.

Estados Unidos tiene ciertas razones geopolíticas para ser amigable con Aliev y su país. Azerbaidján es una alternativa como fuente de gas y petróleo para Turquía y Europa y como un estado predominantemente islámico, pero secular, es además un aliado en la lucha contra grupos terroristas como el ISIS. 

Es, sin embargo, una tiranía en estado de guerra permanente con Armenia, un país mucho más liberal y que Freedom House califica como en “parte libre”, frente al “no libre” con que reputa a Azerbaidján.

Pero a pesar de su enorme y activa Diáspora, Armenia es un aliado de Moscú, parte del rudo proyecto político del presidente Vladimir Putin, la zona de libre comercio de la Unión Euroasiática.

Bajo las recientes administraciones de Estados Unidos, esa cercanía a Moscú ha sido considerada un pecado mayor que el encarcelamiento de los críticos gubernamentales por parte de Bakú.

Aliev ha abonado generosamente por estas excursiones de los políticos estadounidenses a su casa. Emplea al Podesta Group dirigido por el hermano del principal operador demócrata John Podesta, con un costo mensual de 45.000 dólares más gastos. Éste es inusualmente creativo en sus tareas de lobby. Es difícil afirmar si es esta generosa creatividad o cualquiera de los intereses estratégicos reales de Washington que hacen que Estados Unidos pase por alto la brutal dictadura de Azerbaidján.  

Una combinación de ambos factores es probable: Sin la “diplomacia del caviar”, Azerbaidján podría ser considerado demasiado insignificante como para desafiar los valores y principios declarados de los Estados Unidos por su causa.

Cuando Trump tuiteó que el Congreso tiene cosas más importantes de que ocuparse que buscar debilitar el organismo de control ético, probablemente no estaba pensando en la investigación sobre Azerbaidján. Bajo la administración de Trump, Estados Unidos tal vez deje de lado la pretensión de seguir sosteniendo una política basada en los valores americanos tradicionales.

La organización Trump ha hecho negocios en Azerbaidján, en asociación con el hijo del Ministro de transporte de ese país para construir un hotel en Bakú. El presidente electo canceló un acuerdo de negocios en Bakú luego de ser electo. Pero la siempre creativa Embajada de Azerbaidján eligió recientemente al hotel Trump’s DC, como sede de uno de sus eventos de “celebración de la libertad religiosa y la diversidad”.

Si el gobierno de Trump continúa con su apoyo a Aliev, por lo menos lo será abiertamente y tal vez cínicamente calculado. Trump no tiene problemas declarados con regímenes autoritarios. Pero los demócratas y los republicanos no alineados con Trump en el Congreso, que profesan el respeto a esos valores proclamados, apreciarán el poco de calma que aparecerá en torno a la aceptación de las “juergas” de Aliev.

La delegación del Congreso del mentado viaje de 2013 fue un grupo bipartidista. El público no se hubiera enterado acerca  del viaje si no fuera por el molesto OCE.

Leonid Bershidsky*

 *Leonid Bershidsky es columnista de Bloomberg View

 

 

Aliev inauguró la Conferencia en 2013

Aliev_petroleoEl 29 de mayo de 2013, el presidente Ilham Aliev inauguró la conferencia “Estados Unidos – Azerbaidján: Visión para el futuro” pronunciando anodino un discurso en el que dedicó un extenso tramo para “denunciar” a Armenia como agresora de Azerbaidján en el conflicto en torno a la República de Artsaj.

Con su habitual repertorio de remachada retórica, el mandatario azerí no dejó pasar la ocasión para bajar línea política a sus “invitados”.

La delegación estadounidense estaba integrada entre otros, por el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Richard Lugar, y los legisladores Mike Turner, Ted Poe, Gregory Meeks, Leonard Lance, Jim Bridenstine, Rubén Hinojosa, Steve Stockman, Michelle Grisham y Paul Wolfowitz.   También viajaron otros altos funcionarios de la secretaría de Energía de EE.UU., y varios excongresistas. El embajador estadounidense en Bakú Richard Morningstar participó activamente del evento.

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