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Erdogan tensa la mordaza sobre la prensa crítica

Turquía y las libertades restringidas


turquia prensaEstas están siendo semanas negras para la libertad de prensa en Turquía. Una vez más. La lista de periodistas turcos encarcelados crece y crece sin parar. Los últimos han sido Erol Önderoglu -representante de Reporteros Sin Fronteras en Turquía- y Ahmet Nesin, que fueron detenidos junto a Ebnem Korur Fincanc, presidenta de la Fundación por los Derechos Humanos de Turquía (THIV). Sobre ellos pesa la acusación de realizar “propaganda terrorista” por la defensa del diario prokurdo «Özgür Gündem».

No han sido lo únicos. Razi Canikligil, el corresponsal del diario “Hürriyet” en Nueva York, fue detenido brevemente a su llegada al aeropuerto de Estambul. En EE.UU. cubre el caso del empresario iraní Reza Zarrab, que puede implicar en un escándalo de corrupción al círculo más íntimo del presidente Recep Tayyip Erdogan.

No obstante, la presión sobre los medios de comunicación turcos comenzó mucho antes. “Los magnates de los grandes medios de comunicación han sido controlados o silenciados con una constante presión desde hace más de 10 años”, relataba el propio Önderoglu recientemente a ABC. ”Hoy, silenciar medios más pequeños, como Cumhüriyet, Yurt, Evrensel, Özgür, Gündem… y seguir presionando a los grandes grupos continúa siendo una de las medidas principales del AKP dominado por Erdogan”, señalaba.

Una columnista turco-holandesa fue detenida por llamar a Erdogan el «dictador más megalómano desde la fundación de la república en 1923»

En uno de los casos más mediáticos del país, Can Dündar, el director del periódico de centroizquierda Cumhürriyet, fue condenado a casi seis años de cárcel por «revelación de secretos de Estado» al informar de un envío ilegal de armas por parte del servicio de inteligencia turco a rebeldes sirios. El responsable del diario en Ankara, Erdem Gül, también fue sentenciado a pasar cinco años entre rejas.

Y las medidas pueden ir más allá de la cárcel. Arzu Yildiz, reportera del portal de noticias Haberdar, perdió la
custodia de sus hijos, además de ser condenada a veinte meses de prisión, por violar la confidencialidad de un tribunal turco. Publicó en Youtube un vídeo con la declaración a puerta cerrada de unos fiscales acusados de conspirar contra el Gobierno por ordenar el registro de unos camiones conducidos por los servicios de Inteligencia con dirección a Siria. Los mismos vehículos que Cumhüriyet probaba que iban cargados de armas.

Hamza Aktan, director de noticias del canal de televisión prokurdo IMC, es otro de los periodistas que se ha visto sorprendido por la policía. Una patrulla antiterrorista irrumpió en su casa de Estambul hace un par de meses y se lo llevó arrestado. Él también está acusado de distribuir propaganda terrorista. Según el testimonio de Aktan, durante el interrogatorio se centraron en una serie de tuits publicados sobre el sangriento conflicto entre el ejército turco y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

“La mano dura con los medios de comunicación en Turquía no solo afecta a la prensa crítica”, relata Aktan por correo electrónico. “Realmente ha afectado a todas las publicaciones que han trabajado de manera objetiva”.

La violencia en las regiones de mayoría kurda del sudeste del país es, sin duda, el tema más espinoso para los periodistas turcos. Numerosos trabajadores de medios prokurdos son acusados de formar parte del entramado del PKK, una organización armada y considerada terrorista por Turquía, Estados Unidos y la Unión Europea. Recientemente se ordenaba la detención de Abdülkadir Turay, un reportero de la agencia de noticias prokurda DIHA, que ha vuelto a ser bloqueada por las autoridades. El cargo que pesa sobre él, según la propia agencia, es “asistir” a la organización terrorista.

“No obstante, el Gobierno ni siquiera acepta tampoco un periodismo no partidista, como hemos observado con algunos ejemplos que han tenido que ver con la prensa extranjera”, añade Aktan. A algunos periodistas se les ha denegado la entrada al país y a otros no se les ha renovado la acreditación.

Más problemático resulta la situación para los que tienen doble nacionalidad. La columnista turco-holandesa Ebru Umar fue arrestada y después se le prohibió salir de Turquía tras ser acusada de insultar a Erdogan en el diario holandés Metro, donde le llamaba “dictador más megalómano desde la fundación de la república en 1923”. Tras dos semanas de trabajo diplomático, la columnista pudo volver a Holanda.

Javier Pérez de la Cruz

ABC / Estambul

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