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Garó Paylán “Corrijamos este error histórico antes que sea tarde”

Nota publicada por Agós

garo-paylanLa semana pasado estuve en Berlín para asistir a un homenaje en memoria de Hrant Dink. El día después de la conferencia mantuve un encuentro con un grupo de diputados en el Bundestag. Cuando ingresé al edificio del Reichstag donde está ubicado el Bundestag, oí una hermosa melodía de piano. Al preguntar a mis acompañantes de dónde procedía esa música, me respondieron: “Viene del recinto de la Asamblea General”.

No pude ingresar allí, pero supe que se desarrollaba un evento para conmemorar el Holocausto. La sala se encontraba colmada con la presencia de legisladores de todos los partidos políticos, la canciller Ángela Merkel y todos sus ministros. El concierto de piano y el acto político se llevaban a cabo para recordar el Holocausto.

Debo admitir que sentí envidia. El Parlamento de Alemania estaba recordando a las víctimas de ese enorme crimen cometido por el gobierno nazi en la historia reciente. Y yo venía de un ambiente diferente por completo. De un país donde los horrores del pasado aún no han sido reconocidos y las atrocidades del presente se siguen cometiendo impunemente… Lo sentí mucho por mi país y me dirigí a la reunión con lágrimas en mis ojos.

Tan sólo siete días antes de este encuentro, fui suspendido en la Asamblea Nacional de Turquía por haber mencionado lo ocurrido al pueblo armenio en el final del período otomano. Mientras que a mí como diputado armenio no se me permitió referirme a los pecados cometidos hace 102 años, en el parlamento alemán, todos sus integrantes, sean estos de derecha, izquierda, oficialistas u opositores, estaban sentados lado a lado y hacían frente a los iniquidades del ayer. Ninguno de ellos pensaba que su identidad alemana se vería menoscabada por ese acto de justicia.

La constitución que escribió Krikor Odian

Revisar las páginas de la historia es cada vez más difícil en Turquía. Déjenme contarles como fue mi experiencia. Una semana antes del evento conmemorativo de Berlín comencé a referirme a las enmiendas constitucionales propuestas por el gobierno diciendo: “Estamos a punto de cometer un histórico error”, dije. “Aspiramos a un contrato social que todos los que vivimos en nuestra patria común denominamos constitución”.

El objetivo era transportar a mis compañeros legisladores a los días en que la Constitución fue discutida en la época otomana. Quería recordar los errores cometidos por entonces. De hecho, pocas personas saben que nuestra primera constitución fue escrita en 1876 por un comité compuesto por diferentes identidades y que quien redactó la versión final fue Krikor Odian. Esta constitución fue suspendida por Abdul Hamid, comenzando un período de autocracia que se prolongó hasta 1908. Y ya se conoce el resto… golpe de Talaat y Enver, y luego el gran desastre.

En el actualidad, quienes proponen las enmiendas que se examinan en el Parlamento las definen como “la constitución de la nación turca”. Esto me hace temer, porque Talaat y Enver tenían una mentalidad similar y trataron de poner en práctica la constitución de la nación turca.

Ellos consideraban a algunas personas como ciudadanos aceptables, mientras que ignoraban por completo a los demás. Durante 1913 y 1923, tuvieron lugar pogromos, masacres, genocidios, y grandes traslados de población. Allí perdimos a la mayoría de los armenios, asirios, judíos y griegos.

Sin embargo, cuando mencioné estos hechos en el Parlamento, se armó un escándalo. Se me impuso un castigo sin precedentes porque mencioné la palabra “genocidio”. Me prohibieron participar de las siguientes tres sesiones. Mi exposición fue eliminada de las actas parlamentarias.

Muchos de mis amigos que tomaron conocimiento del incidente en Internet, me dijeron: “Garó, tienes razón, pero, ¿era éste el momento adecuado de hablar sobre el genocidio?”. Nos estamos moviendo hacia un régimen dictatorial. Era comprensible, ya que los medios de prensa hicieron un enorme alboroto acerca de la palabra genocidio. Dos de mis colegas hicieron declaraciones a los periodistas y dijeron que habían encontrado mi discurso “innecesario e inoportuno”. Esto no me sorprendió. Algunas personas tienden a rendirse en tiempos como estos. El miedo y la preocupación son sentimientos por demás comprensibles.

“Que sea lo que deba ser”

Empero, mi intención no era a toda costa pronunciar el término genocidio en medio de la conmoción causada por el debate sobre las enmiendas. Ya había dicho “genocidio” o “genocidio de armenios” muchas veces en el recinto del Meclis. No hubo problemas antes. Una vez más llamé genocidio al crimen sufrido por mi pueblo.

Sin embargo, en esta ocasión sucedió algo diferente. Llovieron los insultos y estalló una crisis. Yo me dije, bueno, que sea lo que deba ser. Esa noche el Partido de Acción Nacionalista (MHP) que acompaña al partido oficial en el proyecto de las reformas amenazó con dejar de apoyarlas si yo no era castigado. Por lo tanto los legisladores del AKP (Partido Justicia y Desarrollo), MHP y CHP (Partido Republicano del Pueblo) coincidieron en castigarme con la suspensión por tres sesiones. Fui objeto de linchamiento político por parte del frente nacionalista.

Pero, no era mi deseo provocar una polémica, mi propósito era que la gente aprendiera de los errores del pasado y evitara cometerlos nuevamente. Quería referirme al proceso de redacción de la constitución que se sancionó a fines del período otomano y que condujo una sociedad pluralista a otra de mentalidad homogénea, con abusos y desastres causados por un sólo hombre y todo lo que esto significa para nosotros que estamos tratando de legislar una nueva constitución en 2017.

Sé muy bien que lo ocurrido a mi abuelo y los grandes desastres que tuvieron lugar en Anatolia fueron por causa de los errores cometidos por políticos como nosotros. Talaat y Enver crearon un sistema que abolió entonces el parlamento. La nueva constitución propuesta hace que el gobierno dependa de un solo individuo e impone la ideología de la uniformidad. Esto no es más que la reiteración de los desastres que tuvieron lugar en aquel entonces. Soy consciente de ello y no referirme al asunto me haría sentir que estoy traicionando a este país, estas tierras y a todos los que viven en ellas. Podemos ganar juntos.

Pero estoy preocupado. El Parlamento toma medidas para redactar la “constitución de la nación turca”, encarcela a los diputados turcos para impedirles votar y no tiene el suficiente poder y la confianza para que sus miembros emitan el voto en secreto, y le da toda la autoridad a una sola persona. Nada bueno puede surgir de esto.

Pensemos en esto, los pobladores cristianos y judíos que constituían en el pasado el 40% por ciento de la población, son ahora apenas uno de cada mil habitantes por motivo de la política de homogeneidad. Hemos sufrido gravemente. Sin embargo, no se trata sólo de nosotros, a cada uno le falta algo. Todo el mundo se verá afectado por los errores de unos pocos hombres.

Para mí, el problema no se refiere sólo a la violación de mi libertad de expresión en el Parlamento, la falta de respeto a la voluntad de los representantes electos por el pueblo o la no utilización de “esa palabra”. Estas son todas cuestiones significativas, por supuesto; pero lo que realmente importa es lo siguiente: Turquía se encamina a tomar un camino que su propia historia define como peligroso y se dirige a toda velocidad hacia la intolerancia que se convierte en un asunto de consenso nacional, en manos de un régimen autoritario que carecerá de un mecanismo de equilibrio y control.

Aquellos ignorados o marginados en este nuevo período caerán en el silencio, se internarán en la revuelta o terminarán abandonando el país. Al igual que hace 100 años… Turquía será dañada y corrompida. Podríamos vivir en un tiempo en el que todos perderíamos. Sin embargo, podemos ganar juntos.

En estas tierras agonizantes y angustiadas, donde enterramos hace diez años a Hrant Dink, cada uno vive en la intranquilidad de una paloma, Esta preocupación no es infundada. Nosotros los armenios lo sabemos muy bien. Por eso me dirijo a ustedes, la mayoría.

Corrijamos este error histórico antes de que sea demasiado tarde. 

 

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