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¿Hacia dónde va Armenia?

Opinión

Acaba de llevarse a cabo el referendo necesario para validar las reformas constitucionales que transformarán el sistema de gobierno de semipresidencialista a otro de corte parlamentario. Pero, no se detienen allí los cambios, hay otras modificaciones que buscan transparentar las elecciones y entregarle a la Asamblea Nacional la potestad de tomar las decisiones fundamentales de cada administración de gobierno.

referendum-3Por supuesto que en una democracia imperfecta como la de Armenia todo se hace más difícil, pero cuando las fuerzas políticas sólo piensan en proteger sus intereses y se olvidan que son sólo instrumentos de quienes los ungieron en sus puestos, la decisión de apoyar o no las reformas se ajusta sólo a una caprichosa decisión de quienes buscan no perder sus privilegios.

La FRA-Tashnagtsutiún acompañó las reformas, no sólo por coincidir en que un gobierno parlamentarista es lo indicado para el complejo momento que vive el país, sino porque otro de los cambios propuestos indica que a partir de los próximos comicios parlamentarios, los 131 diputados deberán ser electos por el sistema proporcional, quedando atrás la posibilidad de ingresar al parlamento mediante el sistema de mayorías, básicamente diseñado para que los caudillos regionales o los mafiosos de turno impongan su candidatura a fuerza de la compra de votos u otras comportamientos corruptos.

Conocidos los resultados, -triunfó el Sí-, de inmediato y tal como lo venía anticipando parte de la oposición, comenzaron las denuncias de fraude y amañamiento de los que apoyaban el “No”. Curiosamente muchos de esos mismos políticos acumularon en elecciones pasadas montañas de acusaciones, justamente por los mismos delitos de los que hoy dicen ser víctimas.

Mientras que en la campaña previa, el Tashnagtsutiún se empeñó en hacer conocer en profundidad las modificaciones propuestas, los opositores centraron su negativa en una supuesta continuidad en el poder del presidente Sarkissian. Fueron pocos los que se preocuparon por estudiar las decenas de cambios que contenía la nueva propuesta constitucional. Claro, es más fácil oponerse que adecuar su comportamiento político a las nuevas reglas de la democracia.

En este punto hay que recordar dos cuestiones. La primera es que varios organismos europeos dieron su opinión favorable a las modificaciones constitucionales y en particular hubo uno, la Comisión Europea para la Democracia a través del Derecho, más conocida como Comisión de Venecia, que sugirió varios cambios en el documento final, que fueron aceptados por el gobierno armenio. La segunda, lejos de cualquier especulación política, el Tashnagtsutiún fue por el Sí, simplemente porque cuando Armenia fue independiente en 1918, la FRA fue gobierno con un sistema muy similar al ahora establecido. Además, hace muchos años que reclama que los diputados sólo sean electos por el sistema proporcional, amén de muchas otras innovaciones jurídicas que juzga necesarias y beneficiosas para Armenia.

Es cierto, hay denuncias de irregularidades que atender y muy probablemente muchas de ellas se correspondan con los hechos. Entonces, tal como debe acontecer en un país civilizado y con leyes, las autoridades deben atender las mismas e investigar hasta las últimas consecuencias. Relleno de urnas, doble o triple voto, compra de voluntades y muchas otras maneras de romper la ley son comunes en un país donde la mayoría de sus ciudadanos descree de toda la clase política. Entonces, es más cómodo, casi pragmático, recibir la pequeña suma por su sufragio que inclinarse a hacer valer sus derechos como bien indica la ley.

Hace algunos años suscribía personalmente la teoría de muchos que iban a ser necesarias algunas generaciones para establecer un verdadero sistema democrático de gobierno. Hoy pienso diferente, creo que la ausencia de compromiso es más peligrosa que esa indiferencia adquirida luego de tantos años de ostracismo político-democrático. Si no son los propios ciudadanos armenios los que luchen por su futuro, mal pueden esperar que sean los oportunistas de turno los lo hagan por ellos.

Jorge Rubén Kazandjian

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