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Historias de armenios: Un año refugiada en Madrid

Nelly MikaelianMadrid (ABC).- Nelli Mikayelian se aferra a su pañuelo de papel, que solo usará una vez. Acaricia la pequeña cruz que lleva al cuello, como si ésta le diera fuerzas para hacerse entender en un castellano práctico, que ha aprendido a marchas forzadas, como casi todo en su vida. A sus 50 años, se presenta como doble refugiada. Ella es una de las 65 millones de personas desplazadas por las guerras en el mundo, según estima ACNUR. Su familia fue antes expulsada de su tierra, Armenia, por el genocidio turco de principios del siglo XX. Ahora, al inicio del XXI, han huido de la que fue su casa, Siria.

Nelli Mikayelian es risueña, pese a todo. Como si no quisiera molestar, evita referirse a las miserias del camino que trajo a ella, a su marido y a su hijo pequeño a Madrid. Justo a tiempo abandonaron su casa y el taller de coches que regentaban, porque unos días después las bombas lo pulverizaron todo. “La tienda, la casa. Todo destrozado. Tengo algunos amigos allí aún. Nos comunicamos por WhatsApp. En Alepo, de cuatro iglesias armenias que había solo una sigue en pie”, relata.

Al Líbano llegaron en automóvil para tomar el avión a Estambul. Y de ahí a Madrid donde recalaron, hace un año y un mes, en el Centro de Acogida de Refugiados (CAR) de Vallecas.

España les ofreció un pasaporte de salvación concediéndole la extensión familiar, una suerte de reagrupación, a su hijo mayor. Ahmed había huido cinco años antes víctima de la persecución política del régimen de Bashar Al Assad; ahora trabaja como peluquero por 700 euros. El mediano migró a Canadá, con una tía. El pequeño, que estudiaba Filología inglesa en Alepo, busca trabajo aquí. Mientras, se dedica a manejar bien el idioma español.

Tras diez meses en Vallecas, la familia fue reubicada por ACCEM en un piso de Aluche, donde residen. Un trabajador social de esta ONG ayuda a Nelli en su proceso de inserción en la sociedad española, que se complica por la condición de gran dependiente (85%) de su marido. Su esperanza de vida –enfermo de diálisis, operado de la cadera y con un corazón maltrecho– es corta, seguramente de meses, e impide a Nelli tener un mayor contacto fuera de casa. La Misa ortodoxa a la que acude los domingos, cerca de Goya, se ha convertido en su principal ancla social.

“Estamos bien, dentro de un orden. Estoy muy cansada, pero Madrid me gusta. Los sirios hacemos mucha vida en las calles, invitamos mucho a tomar café. En Alepo tenía muchas amigas. En Aluche conozco al médico y a los trabajadores del supermercado”, explica sin perder la sonrisa de esperanza.

Desde septiembre, han llegado a Madrid 26 personas desplazadas por la crisis en Siria. España se ha comprometido a acoger 16.000 personas en dos años

Su historia es solo un ejemplo de las 15.000 vidas desplazadas que solicitaron asilo en España en 2015, el triple que un año antes.

Julia Fernández Quintanilla, directora general de ACCEM –una de las ONG que asiste a los refugiados en el país–, advierte de que la acogida “no es una cuestión de solidaridad, sino de legalidad”, como país firmante de la Convención de Ginebra. Y destaca el papel de la sociedad, “desde la comunidad de vecinos, a las asociaciones de barrio o los grupos de padres y madres del colegio” para favorecer su inserción.

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