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Joven Héroe de Artsaj: “Me sentiría un héroe si hubiéramos recuperado las posiciones perdidas”

soldado-uja-premiadoLuego del recrudecimiento de la guerra con Azerbaidján a principios de abril pasado, algunos compañeros tashnagtsagán que estaban en la primera línea de combate respondieron nuestros mensajes. A la pregunta de quién era el que nos saludaba, nos respondieron que sólo sabían su sobrenombre “Gamantir”, pero que todos lo conocían, agregando que pronto sabríamos quién era el pequeño pero astuto joven soldado.

 Pocos días después todos los medios de prensa de la república dieron a conocer los nombres de los héroes de la guerra de los cuatro días. Entre ellos estaba un joven de 19 años que recibía de manos del presidente Serge Sarkissian la medalla al mérito de segunda clase “Cruz de Guerra” además de un merecido ascenso.

Entonces reconocimos a nuestro compañero Artur Aghasyan, quien apenas un año atrás formaba parte de nuestro Badanegán Miutiún y hoy recibía un reconocimiento por su valor. Mes y medio más tarde, Artur nos visitaba para traer personalmente sus saludos. Nuevos y antiguos miembros de Unión Juventud Armenia de Artsaj nos habíamos reunido para recibirlo, conversar respecto lo sucedido en los enfrentamientos o simplemente ver y escuchar al joven soldado.

serge-soldados-artsajAquel Artur, adolescente charlatán y entusiasta, había cambiado su carácter: ahora era alguien que expresaba sus ideas de modo reflexivo y se acercaba a los temas en discusión con mucho cuidado. El 1° de abril, cuando apenas llevaba nueve meses en el servicio militar, un francotirador enemigo mató a su compañero y amigo Vladimir Melkonian. Al ver que los disparos se intensificaron y duraron más de lo acostumbrado, las tropas entendieron que en esta oportunidad no eran escaramuzas, sino una operación de guerra en la que se empleaban todo tipo de armas, con drones que surcaban el cielo delatando las posiciones armenias para ser bombardeadas.

 “Respondimos de inmediato el fuego. Nuestras posiciones fueron atacadas durante más de una hora hasta las 03:45 de la madrugada con bombas y disparos de mortero. Ordené a los reclutas que bajaran de sus posiciones y se resguardaran en el refugio. El enemigo amplió el área bombardeada, alcanzando prácticamente nuestro lugar. Pedí no movernos y esperar. Todo duró alrededor de una hora. Los bombardeos cesaron cuando el oponente creyó que ya no quedaba nadie en nuestras trincheras. De pronto al escucharse voces salí de nuestro escondite para ver qué ocurría. Observe que se acercaba  directo hacia nosotros un grupo compuesto por unos 25/30 soldados enemigos, convencidos que estábamos todos muertos. Cuando se percataron que de que no era así, se dispusieron a atacarnos, pero pude adelantarme y arrojarles una granada de mano.

Probamos entonces avisar a la población cercana del ataque inminente, sin embargo, los azeríes habían logrado cortar las comunicaciones. Estábamos dispuestos a enfrentar la difícil situación, cuando un soldado enemigo logró entrar en nuestro pozo. Mi compañero Harutiún Badalian lo alcanzó a herir y le arrojó una granada que le alcancé neutralizándolo definitivamente.

soldado-con-jovenes-FRALlegaron otros soldados azeríes e intentaron tirar un explosivo por la toma de aire del refugio, pero me adelanté y les tiré otra granada que alcanzó a herir al jefe del pelotón. La batalla duró unos veinte minutos.

 Logramos matar a unos veinte enemigos y herir a algunos otros obligando al resto a retirarse, dejando atrás los cadáveres de sus camaradas.

 Salimos y comenzamos a desarmar a los caídos, cuando un teniente que se encontraba entre los heridos intentó atacarme con su arma, pero logré abatirlo primero. Poco después alguien disparó una bengala de color rojo, señal del fracaso enemigo. Entonces entraron en acción los tanques azeríes que dispararon cinco veces contra nosotros y a continuación cambiaron de objetivo, esta vez atacando sobre el pueblo cercano. De esta manera logramos resguardar nuestra posición sufriendo sólo un herido, nuestro compañero Harutiún.

La valerosa y decidida acción defensiva protagonizada por Artur y sus compañeros logró rechazar al enemigo y proteger la avanzada karabaghí. Cuando le preguntamos cómo pudo enfrentar el peligro tan fríamente y sin temores, Artur dijo que cuando apenas unas horas atrás su compañero expiró en sus brazos, se prometió si mismo tomar venganza por su muerte. “Cuando vi a los turcos entendí que era el momento de hacerlo y nada más”.

En ese momento todos callamos. Artur retomó su relato. “Los atacantes eran tropas profesionales con entrenamiento especial y muchos de ellos estaban bajo el efecto de drogas. Pero logramos defendernos y vencerlos categóricamente. Es cierto que nos superan en armamentos, pero ello no significa que no somos capaces de derrotarlos. Jamás nos rendiremos. Simplemente debemos organizarnos mejor y apoyarnos mutuamente”. 

Nuevamente el silencio nos ganó a todos, hasta que uno de nuestros compañeros preguntó: “¿Te sientes héroe Artur?”

“Me sentiría así si hubiéramos podido recuperar las posiciones perdidas. Sólo así, vivo o muerto, con medalla o sin ella, recién me sentiría un héroe”.

 

 

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