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Khachardzan, 136 bautismos, 14 padrinos

Segunda parte

Arto_2Involucrarse es averiguar, descubrir cada particularidad de la Madre Patria, y en ese sentido, confieso con sorpresa, entre tantas otras cosas, observamos la carencia de fe cristiana en los pobladores de Khachardzan.

En las oportunidades en las cuales rezáramos el Padre Nuestro, nadie movía los labios, tampoco alguno ensayaba la señal de la cruz, ninguna de las criaturas a cuyos padres les brindáramos un subsidio por nacimiento desde hace tres años, había sido bautizada. Esto nos llevó a un prolongado encuentro con el Primado Apostólico de la región de Tavush, a la cual pertenece el pueblo, obispo Bagrad Galstanyan.

Tras concebir juntos un proyecto de apertura espiritual a los fundamentos de la Iglesia Apostólica Armenia, el obispo destinó a un joven sacerdote, el padre Setrak, quien a través de charlas con los pobladores despertó en ellos su aletargado deseo de ser cristianos. Alentados por el cambio de escenario, el grupo de amigos imaginamos la posibilidad de algunos bautismos el día de la inauguración de las obras, el obispo Bagrad no dudó en señalar el lugar preciso que el pueblo pronto dispondría, “El Jardín de la Fe de Khachardzan”, los bautismos se realizarían con posterioridad a la bendición del espacio de fe y reflexión.

Arto_3Una vez abierta la convocatoria, día tras día se fueron sumando voluntades hasta llegar al número impensado de 136, cerrando la nómina por parecernos imposible de controlar el acto. Los preparativos se aceleraron, toallas blancas con inscripciones tradicionales de nuestra Iglesia, crucifijos y cadenas llegadas desde Buenos Aires, cintas rojas y blancas, simbolizando la sangre de Cristo y el Agua para la ceremonia, la selección de catorce padrinos de la diáspora arribados desde Argentina y Estados Unidos, en Armenia con la invalorable colaboración de Hasmik Nersisyan, quien asistió a Hilda en cada detalle práctico de la organización preliminar.

Llegado el momento que despertara expectativas poco comunes en el pueblo, el Obispo y seis religiosos de la Iglesia Apostólica Armenia se formaron frente a las siete filas de fieles, entre uno y sesenta años, quienes ordenadamente, uno por uno recibieron los Santos Oleos (Meron) Comunión y Confirmación.

Arto_1No es fácil describir el escenario, familias enteras ingresando a un nuevo y luminoso mundo de fe y esperanzas, compartiendo ahora una de las columnas de nuestra existencia como raza, la fe cristiana, nunca traicionada por el pueblo armenio, aún en sus días más infaustos.

En medio de la algarabía de chicos y grandes, abrazos confundidos entre la multitud local y el medio centenar de visitantes de la diáspora, me reuní en un rincón con Bagrad Srpazan agradeciendo su impecable tarea, pero sin poder eludir la pregunta que nos desvela: -¿En veinticinco años de Patria Libre e Independiente, superada la persecución religiosa del sistema comunista, en la tierra misma donde naciera el cristianismo, nadie se acordó de esta gente?

La mirada sostenida y una sonrisa prolongada, fueron la única respuesta.

Arto Kalciyan

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