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La guerra en Karabagh: ¿por qué la OSCE perdió su interés en la región?

OSCECrece el conflicto en Nagorno Karabagh. La semana pasada el bombardeo por parte de las tropas armenias en la aldea Alkhanli del distrito de Fizuli de Azerbaidján mató a una anciana y su nieta de dos años. Ante esto el Ministerio de Defensa azerí reportó que fueron lanzados desde posiciones enemigas.

El sábado 8 de julio, el titular de dicha cartera, Zakir Hasanov, realizó un control repentino de la preparación de las tropas en la zona de conflicto. A su vez, el servicio de prensa de dicho ministerio informó que “durante el control se aclararon las decisiones sobre el uso de las tropas en combate y se trabajó en la cuestión de la interacción entre todas las ramas de las Fuerzas Armadas”.

Esta información oficial parecería indicar que el presidente del país Ilham Aliev puede dar la orden de lanzar la ofensiva en la línea de contacto. De hecho esta orden ya fue dada en abril del año pasado, lo que provocó un recrudecimiento del conflicto que solo fue detenido por la intervención de Rusia y de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).

Por su parte, la asamblea parlamentaria de la OSCE, durante su vigésimo sexta sesión anual, aprobó una resolución en la que expresaba “su profundo pesar por el escaso progreso en la resolución del conflicto de Nagorno-Karabagh”. Además la organización llamó a Armenia y Azerbaidján a “abordar inmediatamente las negociaciones con el fin de hallar una solución sustentable de las hostilidades”.

La resolución también instó a los copresidentes del Grupo Minsk a intensificar sus esfuerzos para lograr la paz en la región. Vale recordar que este grupo fue creado 1992 por decisión del Consejo Ministerial de la OSCE y que las copresidencias están conformadas por Rusia, Francia y Estados Unidos.

Los expertos señalan que después del estallido de la guerra civil en el Donbáss, la OSCE prácticamente perdió el interés en el conflicto de Karabagh y centró su atención en la situación explosiva desatada en Ucrania.

Desafortunadamente el Grupo Minsk, en contraste con la parte de la organización que se encarga del altercado en la región ucraniana, perdió completamente la iniciativa en el conflicto entre Armenia y Azerbaidján.

En marzo de 2017, los copresidentes del grupo Igor Popov (Rusia), Stefan Visconti (Francia), Richard Hoagland (EE.UU.) y el representante personal del presidente de la OSCE Andrzej Kasprzyk visitaron Bakú, Ereván y Artsaj, pero los resultados de la visita fueron decepcionantes.

En su declaración final los miembros del grupo no presentaron ninguna propuesta concreta para establecer la paz en la zona. Tanto desde Bakú como en Ereván son escépticos acerca de su mediación y no esperan resultados muy positivos.

En esta situación de indefinición y de responsabilizar al grupo Minsk por su inacción, la organización abandonó el proceso de paz y no abordó la posibilidad de crear en la región una misión de supervisión de conflictos, como sí hizo en el Donbáss.

La falla del Minsk en Karabagh y en la línea de contacto es que no hay mecanismos de control sobre el cumplimiento del Protocolo de Bishkek de cese al fuego que opera desde marzo de 1994.

De acuerdo a expertos militares, para que se dé un verdadero restablecimiento de la paz en la región se necesita establecer una zona sanitaria en la que se coloque en una primera etapa un grupo móvil de monitoreo de la OSCE.

Luego, en una segunda fase y con el consentimiento de ambas partes se podría armar una fuerza mixta de mantenimiento de la paz. Más tarde se debería pensar en un acuerdo de paz entre ambos países que debería prever las medidas de compromiso mutuo adoptadas por Bakú y Ereván para resolver el conflicto.

La cuestión más difícil en una próxima conciliación es el estatus de Artsaj. En la actualidad incluso el gobierno de Armenia no reconoce su independencia, ya que esta república no forma parte de la mesa de negociaciones.

Sin embargo, desde Ereván aseguran que las tropas armenias serán retiradas de las siete zonas adyacentes a Azerbaidján solo en el caso de que este último reconozca la independencia de Karabagh. Por supuesto, tal medida significaría la caída política de Aliev, por lo que es poco probable que suceda.

Por todo esto, al día de hoy el proceso de negociación está estancado, pero ni Moscú, ni Bruselas, ni Washington, cuya atención se remite a Siria y Ucrania, han demostrada demasiado interés en el conflicto entre Armenia y Azerbaidján.

De esta forma es posible formular una predicción: en los próximos años el status quo actual de inestabilidad en la región de Karabagh continuará, y las partes de vez en cuando se dispararan mutuamente, acusando uno al otro de violar la tregua.

De todas maneras, la situación cambiará cuando las principales capitales del mundo vuelvan a dirigir su atención a este conflicto. La gran pregunta que aparece es: ¿cuándo sucederá esto?

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