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La Guía Armenia quedó inconclusa

Opinión

Tapa-guia-armeniaHace pocos días tomamos conocimiento del fallecimiento de Lucía Manoukian de Derebian, responsable de varias ediciones de la Guía Armenia, instrumento fundamental para conocer en profundidad el alcance y la constitución de nuestras comunidades de Argentina.

Desde hace varias décadas la edición de la Guía Armenia fue prácticamente la tarea que ocupó el día a día de Lucía. Se la podía ver en cada evento de la colectividad, libreta en mano abordando a sus participantes para requerirles amablemente sus datos personales, origen y composición familiar y otros datos que consideraba necesarios para engrosar las listas de una guía que se editó por vez primera hace casi cuatro décadas.

Hoy, cuando el trabajo de recabar datos se ve muy facilitado por la profusión de modernas herramientas digitales, debemos valorar en su justa dimensión el sacrificado trajín de reunir información a partir sólo de la voluntad y el esfuerzo personal.

Las diferentes ediciones de la Guía nunca tuvieron un fin comercial y sólo eran financiadas a partir de algunos publicidades y aportes de benefactores y amigos, quedando a cargo de la propia Lucía la responsabilidad de sufragar las sumas restantes. Podemos dar fe que aún se ven ejemplares de esas ediciones que son consultadas cuando es menester ubicar alguna familia connacional o un comerciante, profesional o artista. Todas las instituciones armenias se beneficiaron con este trabajo, pero al decir de Lucía fueron pocas las que la apoyaron efectivamente.

Hace dos o tres años, Lucía quiso retomar la tarea de editar la Guía, esta vez dedicada exclusivamente a los profesionales de origen armenio. Creía que ese emprendimiento sería un modo de acercar más la comunidad a sus médicos, abogados, ingenieros o connacionales que desarrollaran cualquier actividad profesional.

Su deteriorada salud le impidió concretar ese deseo al que calificaba como el “último legado” que dejaría a la comunidad. Sus dolencias no hacían mella en su voluntad de alcanzar el objetivo que se tornaba cada vez más lejano debido a sus frecuentes recaídas.

Apenas días antes de su fallecimiento tomaba contacto con nuestra redacción para ofrecernos nuevos datos y solicitar novedades (nos había comisionado la tarea de actualizar los listados para una posterior edición). Su entusiasmo era contagioso y a pesar de que íntimamente se daba cuenta de que sería difícil llegar a buen puerto, nunca perdía la esperanza de  finalmente poder mostrar su nuevo trabajo a todos.

Pero un día su alicaída salud la venció y su último proyecto quedó trunco. Tal vez alguien pueda alguna vez retomarlo y concretarlo para poder así hacer de alguna manera un homenaje póstumo a tanta pasión y a tanto esfuerzo para que sus listas de armenios pudieran ser públicas y al alcance de cada connacional de este país.

Falleció a los noventa años de edad, pero es nuestro deseo recordarla como la conocimos, activa e imaginativa, también un poco mandona, pero de gran corazón armenio ansioso de poder recuperar y dar a conocer imágenes del pasado que muchos ya han olvidado.

Lucía Manoukian de Derebian ya no está con nosotros, pero nos legó su voluntad de trabajo, recordémosla como a ella le hubiera gustado, como la referente que fue y como la militante anónima que bregó por su comunidad.

Jorge Rubén Kazandjian

 

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