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La perla del Cáucaso

Una experiencia inolvidable: Testimonio de una voluntaria de birthrightarmenia.org

silva-arslanianFue el domingo 1° de febrero que llegué a Artsaj y de repente me encontré rodeada de altos tendederos de ropas multicolores. Estaba fascinada con su relieve, con sus montañas iluminadas bajo los rayos del sol y con la incógnita  de lo que resultaría de esta experiencia.

Durante mi estadía, me dediqué a dar clases de español (nivel inicial- intermedio) de lunes a sábados en el Centro Juvenil de Artsaj cuya directora es Susana Petrosyan. Alrededor de 20 personas tomaban clases con el objetivo de aprender el idioma, conocer algún país de habla español o rendir el examen internacional.

A su vez, ofrecí clases sobre educación ecológica en tres zonas  un tanto alejadas de la capital (Stepanakert): Asghashen, Xnzristan y Patara. En este sentido, el objetivo fue incentivar a niños como docentes al desarrollo de estas áreas como atracciones turísticas. Día a día, construimos propuestas sobre cómo aprovechar el encanto de los campos para planificar actividades destinadas a turistas atraídos por la naturaleza de Artsaj.

De cada espacio me llevé las sonrisas de los alumnos, sus ganas de compartir juegos, charlas o simplemente tiempo juntos. El gozo en cada clase era tal que las horas volaban, al igual que los días.

Fue así como a las clases le sucedieron cenas, meriendas, clases de baile, cine y otras actividades que servían de excusa para compartir tiempo con ellos. Por eso no faltaba a ninguna invitación. Conocí la casa de cada alumno y el escenario se reiteraba: sus padres o hermanos llenaban mi copa de “tutí oghí” y las madres servían mi plato de comida por lo menos unas 3 veces. Tampoco faltaba en cada hogar su balcón interno, con los frascos de dulces apilados en las repisas que, luego de comer, degustábamos.

En muchas oportunidades, me relataron sobre Artsaj, conozco decenas de experiencias y de lo fantásticas que habían sido, sin embargo creo que no hay palabras que definan lo increíble que resultaron aquellas tres semanas para mí. La calidez de la gente, su predisposición a convertir cada instante en un momento de felicidad, su entrega por alguien que hace apenas unas horas acababan de conocer, son perlas que llenaron de satisfacción cada uno de mis días.

Conocía la historia; de libros, de oído, de charlas. Sin embargo, estar ahí era  diferente. Sentía como propia la lucha de la historia reciente de Artsaj y más aún el actual desafío de lograr el reconocimiento de su independencia.

Más allá de que innumerables problemas de desarrollo social no le son ajenos, Artsaj es una piedra preciosa en el Cáucaso. Por ello todos merecen una experiencia así en este maravilloso sitio, indagar sobre su historia desde los relatos de cada habitante, admirar sus formas y comprender la magnitud de haberla recuperado.

Silva Arslanian
Córdoba, Argentina

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