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La Unión Europea acorrala a Turquía

Opinión

Europa-ErdoganHace apenas unos días, el 2 de junio pasado, el Bundestag alemán dio un golpe casi mortal a las pretensiones negacionistas de Turquía. El esperado reconocimiento del Genocidio de armenios por parte de Alemania deja sin argumentos racionales a Erdogan y lo pone frente a una encrucijada que le será difícil superar.

Es que es el propio estado alemán, sucesor del Imperio que en el siglo pasado fue el socio fundamental de otro Imperio, en este caso el otomano, en sus tropelías contra sus minorías étnicas, se pronunció reconociendo su propia responsabilidad.  No fue sólo el pueblo armenio el que sufrió las consecuencias de las masacres, también los griegos del Ponto y los asirios cristianos cayeron por centenares de miles en el genocidio que los afectó a todos por igual.

Pero hay una diferencia, mientras la Alemania moderna se hizo cargo del Holocausto provocado por Hitler y no le tembló el pulso ni para reconocer su responsabilidad en el crimen y pedir perdón, como lo hicieran repetidamente varios de sus presidentes; también se hizo cargo de las reparaciones correspondientes. Turquía no sólo niega el hecho del genocidio, sino que acusa a los armenios de ser los causantes de su propia desgracia en una canallesca actitud que no hace más que demostrar el salvajismo cruel que aún yace en las entrañas de sus actuales gobernantes.

Como ya es costumbre cada vez que debe enfrentarse a un reconocimiento o una medida adoptada en dirección a reivindicar los derechos de los armenios, Erdogan monta en cólera y comienza a desperdigar insultos y amenazas sin poder controlarse, a punto tal que muchos ya lo comparan con el mismísimo Hitler. Un triste parangón basado en sus actitudes rayanas en el despotismo y la locura que se traducen también en el actual intento de exterminar a los kurdos remedando lo que sus antecesores hicieran con nuestro pueblo.

Horas atrás, Erdogan amenazó otra vez a su minoría armenia con deportarla, no sin antes apostrofar a la Unión Europea diciendo que “abriría las puertas del infierno” haciendo referencia a los centenares de miles de refugiados que hoy permanecen en Turquía en situación paupérrima y su intención de permitirles seguir viaje a Europa. Turquía no está haciendo una obra de bien con esos hombres y mujeres que escapan del infierno de la guerra de Siria, sino todo lo contrario, los utiliza para reclamar miles de millones de euros para “mantenerlos”, además de la pretensión de dejar de lado algunas de las exigencias de la UE en el camino a la incorporación turca al continente europeo.

De todas maneras, el mundo sigue atentamente la evolución de la crisis que esta decisión del Bundestag provocó en Turquía. Sucede que a pesar de que no lo hagan público por cuestiones de índole político-diplomática, ya son muchos los países de Europa que están ya alertas del peligro que representan Erdogan y sus ambiciones neoimperialistas.

La diplomacia armenia debe sacar provecho de este momento en que Turquía se encuentra acorralada y su mayor líder obnubilado por el odio, buscando aumentar su interacción con aquellos países que aún no han reconocido el genocidio de nuestro pueblo. Si alguna de las potencias que aún no la han hecho, tomaran la decisión de hacerlo, el castillo de naipes construido por el aprendiz de sultán puede desmoronarse por completo.

Jorge Rubén Kazandjian

 

 

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