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Los repatriados y sus dificultades de integración en la Armenia soviética

Investigación publicada por Hetq.am (1)

repatriadosLa generación que vivió en Armenia en los años 60/70, recuerda a los repatriados a los que se les llamaba “aghpars”. Estos recién llegados eran personas que alteraban la insípida uniformidad de los barrios de la ciudad. Su manera de vestir, sus disposiciones comerciales, en definitiva su forma de vida, se destacaban del resto de los ciudadanos. Muchos recordarán también que su número comenzó a disminuir gradualmente desde mediados de la década del setenta en adelante.

El barrio en el que vivo alguna vez fue habitado por los armenios de la Diáspora. Durante una charla con un vecino de mucho tiempo, supe que de las once familias que se habían repatriado después de 1946 y se habían afincado en la vecindad, ocho habían dejado la Armenia soviética durante los años 70 y 80, yéndose principalmente a Estados Unidos y Francia.

De acuerdo a lo manifestado por muchos de esas personas en las entrevistas realizadas a ellas, la mayor parte dijo haber comenzado a tener sospechas y preocupaciones apenas ingresadas a la Unión Soviética. Ellos ya se daban cuenta entonces que su tierra natal era un sitio totalmente distinto al que imaginaban.

El problema principal era el sistema dominante en Armenia. Y no nos referimos sólo al gobierno, sino también al estilo y costumbres de vida. Todos los repatriados eran de países capitalistas y no tenían ni idea lo que era el socialismo soviético. Los sistemas de castigo, la conducta arbitraria de los funcionarios, el injusto encarcelamiento, las trabas administrativas, eran cuestiones nuevas y desconocidas para ellos. Su ignorancia del real contexto del país al que habían llegado y la falta de información, pueden considerarse las cuestiones más complejas del movimiento de retorno y los factores principales de su fracaso.

Meses después de poner un pie en la tierra natal, muchos trataron de escapar. El shock de los primeros días fue probablemente la causa por la que muchos de los recién llegados jamás lograron integrarse a la sociedad que imperaba en la Armenia soviética, a pesar de haber vivido luego varias décadas en el país. Quedaron aislados, sin salir de los límites de sus cuatro paredes. No tenían círculos o ámbitos sociales que frecuentar, que no fuera estar con amigos y parientes en la misma situación.

Repatriac-2Nunca pudieron asimilar ese contexto soviético como algo real para ellos. Su mundo real se mantuvo fuera de las fronteras de la Unión Soviética -en aquellos países de los que procedían- o de los relatos de los lugares de origen de sus familiares y allegados.

En este sentido, los repatriados se pueden comparar con el actor indio del filme “Alguien voló sobre el nido del cuco” que no aceptó la realidad del internado de psiquiatría, pero tampoco trató de cambiarla. Por lo tanto, logró conservar su lucidez mental y finalmente logró huir de la clínica.

El personaje de Jack Nicholson, el otro protagonista de la película, a pesar de no estar alterado mentalmente, perdió contacto con la realidad. Aceptando el mundo interior del instituto psiquiátrico como real, comenzó a luchar para cambiarlo y al final, se transformó en uno de los residentes más abatidos del establecimiento de salud mental.

En los grupos familias de los repatriados había muchos artesanos. También integraban esos grupos muchas personas de nivel económico medio y empresarios de buen pasar económico. Todos ellos creían que iban a llegar a su patria y continuar normalmente con su trabajo allí. Pensaban así porque los agentes de propaganda enviados desde la Unión Soviética a las comunidades armenias de Medio Oriente (foto superior) pintaban una realidad muy distinta y no hacían mención alguna a las dificultades que los aguardaban en la Armenia de entonces.

Repasando los testimonios proporcionados por los entrevistados, se puede concluir que desde el principio el principal inconveniente fue lograr comprender el sentido del nuevo hábitat de vida y adaptarse a él luego de la confusión inicial.

 

Pepo Ishlemedjian

Repatriado desde Francia en 1947. En la actualidad vive en París

repatriados-Pepo-Ishle“Mi padre era director de una fábrica aquí. Era fábrica de bolsas. Él trabajaba y trabajaba, pero una vez un grupo de operarios le dijo que ‘las cosas no funcionaban de esa forma’. Le pidieron que apartara una parte la producción y les diera el resto a ellos. ‘Le daremos su parte’, le aseguraron, pero él se negó y dejó ese puesto”.

No comprendían donde se habían radicado y lo que se suponía debían hacer en su nueva tierra. Desde el primer día los retornados debieron enfrentar el problema de la vivienda y la alimentación. Los que los habían reclutado en la Diáspora les habían asegurado que iban a recibir sus apartamentos y trabajar apenas llegados a Armenia. Pero no fue así. A su arribo se enfrentaron con el más básico de los desafíos, el de la diaria supervivencia.

Además, pronto conocieron la verdadera naturaleza del sistema. Era crudo, arbitrario y totalmente reñido con la dignidad y el futuro de un individuo. El sistema estaba repleto de violencia, miedo y barreras.

Las dificultades de incorporación al mundo empresarial

Las barreras erigidas por el estado soviético en relación con el ejercicio del comercio, la creación de algún emprendimiento a nivel individual, la intención de ganar dinero, fueron los mayores obstáculos a la hora de la integración de los repatriados.

Como se señaló antes, muchos de los armenios del exterior eran artesanos -sastres, zapateros, joyeros, fabricantes de muebles, etc. Al principio esperaban que el estado los asistiera en el comienzo de la actividad que llevaban a cabo en su lugar de origen, no solo porque ello les permitiría mantener adecuadamente a sus familias, sino también para contribuir al desarrollo económico de Armenia.

 

Lousik Ghourjian

Repatriada de Siria en 1947. Hoy vive en Ereván

repatriados-4-LOUSIK_GHOURJIANLos repatriados trajeron grandes riquezas a Armenia. Algunas trajeron fábricas de calzado enteras, otros llevaron máquinas impresoras. Por ejemplo, los hermanos Kaprielian, procedentes de Bulgaria, fundaron la fábrica de calzado Hairenik. Trajeron modernas máquinas al país. Trabajé allí entre 1953 y 1954. Pero luego ellos fueron detenidos y deportados, convirtiéndose en trabajadores comunes.

También hubo medianos y grandes empresarios a quienes no se les había informado que no se les permitiría desarrollar su actividad privada en Armenia y que gastaron enormes cantidades de dinero y superaron grandes obstáculos para poder trasladar sus plantas de producción con costosos equipos a la tierra prometida.

Muchos de ellos se dieron cuenta al llegar al puerto de Batumi que no solo estaban a punto de ser privados del derecho a gestionar sus propias empresas, sino que además corrían el riesgo de ser acusados de violar la ley soviética mediante el fomento de normas económicas capitalistas y terminar en la cárcel o en el exilio.

Los repatriados no comprendían las reglas de juego En lugar de ser alentados y asistidos por el estado, ese ente iba a presentar cargos contra ellos como enemigos del sistema sovético con la consiguiente amenaza de ser encarcelados.

Las leyes no escritas del régimen soviético y la inexperiencia de tratar con la nomenclatura

El “hombre de la finbazhin” (división financiera) fue un místico oficial soviético que supervisaba las actividades de quienes trabajaban en su domicilio tenían otros pequeños negocios. Hallamos referencias a él en casi todas las entrevistas con los repatriados.

Los artesanos, por ejemplo, ubicaban un miembro de su familia en las cercanías de su domicilio para que montando guardia avisaran de la presencia del inspector estatal. De esta manera, se daba el alerta y todos los rastros del trabajo domiciliario se hacían desaparecer. Una vez pasada la inspección, por enésima vez la labor recomenzaría. Incluso si eran atrapados con las manos en la masa -es decir en pleno trabajo- los trabajadores independientes ya se habían acostumbrado a lidiar con el “hombre de Finbhazin”. Los burócratas que ejercían esa función eran “recompensados” y las inspecciones se detenían o postergaban temporalmente. Muchos se ajustaban a las nuevas “normas” sin comprender cómo operar un comercio se consideraba un delito imputable.

 

Ani Amseyan

Repatriada de Egipto en 1947. Vive en Glendale, California

repatriados-5-ANI_AMSEYANEra buena modista y comenzó a llevar tela a su domicilio, cortarla y luego coser los vestidos. Más tarde, comenzó también a coser blusas y otras prendas. El trabajo era tan bueno que pronto comenzó a conseguir pedidos. Por supuesto, trabajó en secreto y con temor a las autoridades fiscales. Vivía en medio del miedo constante.

Si bien no se puede afirmar que los residentes nativos estuvieran en mejor forma, pero al ser nacidos y criados en el sistema soviético aceptaban todo esto como una norma corriente. Los repatriados, sin embargo, protestaban, y si bien no se expresaban públicamente, el resentimiento se anidaba en ellos.

Se puede decir que la imposibilidad de llevar a cabo negocios fue el principal factor de la no integración de los repatriados. En la actualidad, la afluencia de sirio-armenios y la relativa facilidad con la que se integran en un nuevo entorno, se debe principalmente porque pueden llevar adelante su actividad comercial o industrial privada.

Muchos armenios prefieren frecuentar los restaurantes de armenios-sirios, talleres de reparación de vehículos, tiendas y comercios de diferentes rubros, viéndolos como personas honestas y bien intencionadas. El sector privado está haciendo todo lo posible para que los nuevos recién llegados y los armenios nativos se conozcan mejor y se integren rápidamente a una sociedad que los necesita.

La ausencia de esa práctica en la Armenia soviética inhibía la integración de emigrados En muchos casos hacía que su permanencia en Armenia fuera imposible.

Aghasi Tadevosyan*

*Antropólogo

Este artículo se redactó en el marco de “Dos Vidas: La Guerra Fría y la emigración de los armenios” proyecto financiado por la Fundación Nacional para la Democracia (NED).

 

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