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Lucía Kazelian: “Veo a la comunidad muy activa, con un objetivo en común”

Lucía Kazelian es médica cardióloga. En el último tiempo recibió un premio por su investigación en el área y publicó un libro junto a su equipo. De familia de médicos, apasionada por su trabajo y muy comprometida con la comunidad armenia, Lucía Kazelian ejerce la docencia tanto en la medicina como en lo armenio diariamente.

En el consultorio de la doctora, cada rincón tiene un recuerdo de su familia, su profesión y Armenia. Una medalla de la inauguración de la Catedral San Gregorio el Iluminador, las banderas Argentina y Armenia y la foto de su papá con el ex presidente de Armenia Robert Kocharian, son algunos de los símbolos que marcan su fuerte raíz armenia.

—¿Cómo es la historia de tu familia?

—Mis abuelos llegaron a Argentina en la década del 20. Mi familia paterna era oriunda de Aintab y la materna de Marash. Mi papá era el doctor Carlos Kazelian, médico cardiólogo, muy conocido en la comunidad y uno de los primeros médicos armenios recibido en la Universidad de Buenos Aires. Fue muy activo en la comunidad. Mi mamá, Lucía Ardemis Partamian, es enfermera. Además, tengo una hermana, Patricia, que es cardióloga infantil. Estoy casada con Gustavo Marangoni y tengo un hijo adolescente.

—¿Cuál fue tu recorrido académico?

—Desde jardín hasta que terminé la secundaria fui al Instituto San Gregorio el Iluminador. Tengo muy buenos recuerdos del colegio, de mis compañeros y de mis maestros. Ingresé a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y me recibí de médica con diploma de honor. Hice la residencia clínica médica en el Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández y la de cardiología en el Hospital General de Agudos Dr. Cosme Argerich. A partir de ahí hice toda la carrera hospitalaria. Primero fui residente, después instructora de residentes, médica de planta y ahora como Jefa de la Unidad de Internación en Cardiología del Hospital Argerich. Soy docente de la UBA donde me desempeño como Directora de la Carrera de Cardiología y a su vez participo activamente de la Sociedad Argentina de Cardiología en el área de docencia. El consultorio es el mismo en donde atendía mi papá, es mi casa de toda la vida, donde viví hasta que me casé. Ahora se invirtieron los roles y tengo de pacientes a algunos de mis maestros y profesores del San Gregorio.

—¿Cómo fue tu participación comunitaria?

—Siendo alumna del colegio armenio, a los dieciséis años ingresé al Conjunto de Danzas Folklóricas Armenias Nairí de HOM, donde participé durante diez años asistiendo a los ensayos y a las actuaciones que realizábamos en Buenos Aires, Córdoba, Montevideo y San Pablo. El año pasado con motivo del 40° aniversario convocaron a los ex bailarines y reviví la grata experiencia de salir a bailar al escenario junto a mis compañeros de entonces. Como tantos otros armenios que vivimos en Argentina, una trata de difundir la historia y cultura armenia en los diferentes entornos en los que me toca participar. Cuando llega al hospital algún paciente de origen armenio que no habla castellano, mis compañeros me buscan como referente para resolver el caso. Es habitual que incluso les escriba las indicaciones médicas en idioma armenio para facilitarles la comprensión del tratamiento.

—¿Cómo fue la experiencia de volver al escenario con Nairí?

—Para mí siempre fue muy lindo participar, el grupo de compañeros era muy lindo. A partir de ese reencuentro nos juntamos una vez por mes a cenar. Son todos buenos recuerdos. Salir al escenario a bailar es una de las cosas que más me gustan y disfruto.

Un objeto. Es un cuadro con técnica de repujado sobre metal que realicé en la escuela primaria. Elegí la Santa Sede de Etchmiadzín porque es el símbolo que mantuvo la identidad armenia durante siglos. Este cuadro siempre estuvo exhibido en mi casa.

—Contanos sobre el premio que recibiste este año.

—Siempre es gratificante recibir el reconocimiento por la labor que una desarrolla. Hace ya algunos años fui premiada para realizar una capacitación en el Hospital de Duke, en Carolina del Norte. Este año presenté el trabajo “Endocarditis infecciosa activa: 30 años de experiencia” que fue el Premio al mejor trabajo científico en las XVIII Jornadas de Cardiología CardioBsAs 2019 de la Legislatura Porteña. Además, en agosto se publicó el libro Medicina Interna en el Consultorio, del cual soy coautora junto a otros colegas del Hospital Argerich.

—¿Cuál es tu visión de la comunidad?

—Creo que hoy hay mucha más mancomunión. Antes habían muchos roces y con la creación de IARA (Instituciones Armenias de la República Argentina) hay mejor relación. Igualmente, lo que siempre mantuvo la fuerza y la unión fue la Iglesia. El arzobispo Kissag Mouradian ahora es la cabeza de todo esto, pero cuando él llegó a la Argentina fue nuestro profesor de gronk (religión), fue el director del grupo de teatro y se fue de viaje de egresados con mi curso.

Veo a la comunidad muy activa, con un objetivo en común. Creo que los colegios son los que pueden inyectar en los jóvenes la cuota de armenidad a través de lo que se enseña y del viaje de egresados a Armenia. Viajé a Armenia hace varios años. Durante ese viaje conocí parte de mi f amilia que vive en Ereván y me contacté con armenios de otras partes del mundo. Fue un viaje inolvidable. Ver y conocer todo lo que durante años había aprendido y escuchado en el colegio y en mi familia fue una sensación muy emocionante.

Sofía Zanikian
Periodista
sofi.zanikian@outlook.com


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