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Martin Yeritsyan: El luthier más viejo de Armenia

Personajes

Violin 8En el pequeño patio del Orfanato Americano en Grecia, niños descalzos, vestidos con uniformes, esperan con impaciencia un milagro. Sus ojos tristes y profundos, testigos de horrores indescriptibles, brillan por primera vez.

Shahén ha prometido jugar con ellos. Las bellas melodías, provenientes de las tristes cuerdas del violín, transportan a los huérfanos a sus familias perdidas y su patria lejana.

El pensamiento melancólico de los niños se rompe cuando alguien grita de repente desde el edificio, “¿quién está tocando esa música?”. Un minuto después, aparece en la oficina del director. “Fui yo señor, estaba tocando el violín”. Los ojos enojados del director lo miran. “¿Acabas de sobrevivir a las masacres y ahora te estás divirtiendo? Dame ese violín”, exige.

Luego viene el sonido de la madera mientras se rompe. Shahén ve las piezas rotas de su violín esparcidas en el suelo. Sería un momento decisivo en su vida.

Después del incidente con el director, Shahén Yeritsyan, un joven de Armenia Occidental, sobreviviente del Genocidio Armenio, repara su instrumento cuidadosamente. Más tarde, crecería, encontraría maestros griegos, aprendería los secretos de la artesanía y se convertiría en un lutier. Se mudaría a la Armenia Soviética en 1925 y luego sería recordado como el fundador de la escuela de fabricación de violines en Armenia.

Hoy, en una pequeña habitación en el sótano de la Casa-Museo de Aram Khatchaturian en Ereván, el hijo de Shahén, Martín Yeritsyan, de 85 años, continúa con orgullo la vocación de su padre. “En 1925, mi padre estableció la primera escuela de fabricación de violines en Armenia con la ayuda de Ieghishé Charentz”, dice Martin. “Fue el primer estudio en la Armenia soviética para hacer violines, mandolinas, guitarras, violonchelos y varios instrumentos musicales”.

Violin 7Gracias a los esfuerzos de Shahén Yeritsyan, hoy Armenia tiene una escuela avanzada de fabricación de violines. Su hijo reconoce que el viaje de su padre desde un orfanato en Grecia a convertirse en uno de los mayores luthier de Armenia estuvo plagado de dolores de cabeza y pérdidas.

“Mi padre Shahén y su hermano Masís fueron sobrevivientes de genocidio de Trabizonda. Después de que lograron escapar de las masacres en la Armenia occidental, vivieron y trabajaron con los kurdos durante un tiempo hasta que finalmente llegaron al Orfanato Americano en Atenas”, explica Martín.

Fue mientras Shahén estaba en el orfanato que se las arregló para comprarle un violín a una mujer armenia para tocar música y entretener a los niños. Varios años después él se mudó a la Armenia soviética, pero su hermano Masís viajó a Francia para continuar su educación.

Luego de años de separación, Shahén finalmente convenció a su hermano para que también se traslade a Armenia. “En 1932, después de muchas garantías por parte de mi padre, Masís también llegó a Armenia”, dice Martin. “Era un hombre noble y un maravilloso violinista que conocía varios idiomas”. Sin embargo, durante las represiones políticas en la Unión Soviética, su tío Masis, fue arrestado junto con muchos otros intelectuales, incluido Ieghishé Charentz, y fue deportado a Siberia. Shahén nunca más supo de él.

Violin 5Desde la infancia, Martin Yeritsyan vio a su padre fabricar instrumentos. En una carrera que duró 67 años, Martin produjo más de seiscientos. “Mi padre jugó un papel crucial en la vida de muchos músicos famosos; les proporcionó instrumentos maravillosos y les facilitó su largo camino hacia el éxito”, dice Martin, quien recuerda que hizo su primer violín con la ayuda de su padre cuando era un estudiante de 23 años en el Conservatorio Estatal Gomidás de Ereván.

“Me convertí en un fabricante de violines gracias al conocimiento y la experiencia que recibí de mi padre. Además viajé mucho y fue una gran oportunidad para familiarizarme con otros luthier europeos, explorar sus instrumentos y aprender de ellos”, explica.

Mientras trabaja en un nuevo violín en su taller, explica que el tiempo que toma hacer un instrumento depende del maestro, no del elemento. El maestro es el que necesita conocer cada detalle del mismo.

“La madera es el material más importante. La utilizo de abeto, de los bosques del Cáucaso, ya que la estructura y el aspecto son bastante similares a los que usaban los luthier italianos clásicos. La misma es crucial para el sonido del violín: la de abeto emite un sonido claro”, detalla. “Cada violín individual que hice usando esta madera tenía un sonido magnífico, un timbre único. Pero la artesanía y la habilidad del que lo realiza es fundamental”.

Martin Yeritsyan realiza casi siempre varios instrumentos al mismo tiempo. “Cuando empiezo a hacer violines, son tres, cinco o siete a la vez, siempre con números impares. Solo trabajo en un instrumento específico cuando hay un pedido especial. Y siempre pruebo mis instrumentos. Mi amigo, el famoso violinista Jean Ter-Merguerian, también probaba mis instrumentos. Si tiene una calidad decente, entonces puedo ofrecerlo. Nunca se lo ofrezco a nadie, hasta que quede perfecto”.

El primer crítico del maestro es el maestro mismo

Antes del colapso de la URSS, Yeritsyan solía hacer instrumentos para la Comisión Estatal de Instrumentos Musicales de Moscú y para el Conservatorio de Astrakán. Según dice, durante los exámenes estatales para esta institución, los miembros del jurado siempre estaban sorprendidos por el maravilloso sonido de sus violines.

“Estoy orgulloso de que a la gente le gusten mis instrumentos. Soy un continuador de la escuela de mi padre. Gracias a Dios, mis dos hijos, uno en España y el otro en Armenia, también son fabricantes de violines”, dice.

Los instrumentos del profesor Yeritsyan hoy están valorados en aproximadamente en cuatro o cinco mil dólares y tiene pedidos de todo el mundo, aunque según aclara es la edad del instrumento la que determina su valor.

Violin 4“Los de mi padre son mucho más caros ahora que cuando estaba vivo, similar a lo que ocurre con Stradivari, quien vendía sus instrumentos por tres monedas de oro, pero ahora están valuados en millones de dólares. El tiempo debe pasar para que la gente busque mis instrumentos “, dice.

El luthier armenio no solo conoce la cantidad exacta de instrumentos que ha fabricado durante su vida, sino que también recuerda cada detalle de cada uno de ellos. “Tengo varios cuadernos donde registro todas las características de cada instrumento. Observo el tipo de madera, su origen, el futuro propietario del instrumento, los detalles sobre la caja de resonancia [las superficies superior e inferior del violín]. Teniendo en cuenta toda la información en mis cuadernos, hice unos 300 violines, entre 100 y 150 violas, 39 violoncelos y otros instrumentos “, comenta.

Yeritsyan ha creado además un modelo único de un instrumento nacional armenio. Grigor Arakelian, un músico que actualmente lo toca, sugirió llamarlo como viola armenia. Es un poco más grande que una viola, pero más pequeño que un violonchelo y tiene una estructura y timbre únicos.

“Una vez en un concierto, uno de los músicos estaba tocando una melodía armenia con el kemanchá. No fue agradable para mi oído, ya que el sonido del kemanchá no puede revelar una verdadera melodía armenia “, dice. Esto le sirvió de inspiración para crear su propia viola nacional: “Decidí crear un nuevo tipo de instrumento armenio, para que la gente lo tocara en lugar del kemanchá y pudiéramos escuchar el sonido impresionante y agradable de las melodías armenias”.

Según comenta además, el sonido del instrumento es lo que atrae a la gente. “Prefiero un instrumento que noViolin 6 sea hermoso pero con un sonido impresionante que un instrumento hermoso con un sonido pobre. El público sentado a 8 o 10 metros del escenario preferirá escuchar el sonido que mirar el instrumento”, explica. El maestro luthier asegura que si un instrumento se hace correctamente, eventualmente se escuchará cada vez mejor. “El tiempo tiene un impacto en el timbre y el sonido de los instrumentos”.

Muchas personas quieren aprender el arte de hacer violines, pero Yeritsyan no compartirá secretos familiares con los demás: “Tengo hijos y un nieto que continuarán esta tradición y el conocimiento que tenemos de mi padre. Esto es algo familiar, y debe transferirse de generación en generación. La misma práctica existe en Italia, con los hijos de Stradivari que continuaron su arte… De hecho, tengo mis secretos”.

En este sentido afirma por ejemplo que cuando se negó a revelar el tipo de barniz que utiliza para sus violines a un maestro italiano, no se ofendió porque el hombre entendía la tradición. “Le dije que es un secreto familiar. Mis hijos son los únicos que lo saben”, dice.

Yeritsyan etiqueta cada instrumento usando la antigua tradición europea. El idioma de la etiqueta es el latín: “Escribo ‘Martin Yeritsyan, hijo de Shahén, Ereván y el año’. Se puede leer la etiqueta en la ‘F’ del violín”.

Los misteriosos y místicos sonidos del violín, hechos por las manos de un maestro luthier, entrenados por un padre que experimentó la pérdida y la calamidad pero que se embarcó en un viaje de belleza y creación, se puede ver, oír y sentir en esta pequeña habitación en el sótano de la Casa-Museo de Aram Khatchaturian en la capital de la Armenia moderna. Una sala llena de diferentes tipos de madera, diversas herramientas e instrumentos musicales en varias etapas de construcción. Mientras sus sentidos se ven afectados por el olor a madera y pegamento, las manos arrugadas de Martin Yeritsyan, el fabricante de violines más antiguo de Armenia, continúan tallando y raspando la parte superior de un violín.

Mientras se sienta en la mesa trabajando, Martin mira hacia arriba y dice: “No tengo un título honorífico, pero creo que mis instrumentos son la mayor contribución a mi nación”.

Arpiné Haroyan/evnreport.com

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