Desde hace varios años ya, Bakú viene intentando -y por ciento con cierto éxito en ello- generar artificiosamente el conocimiento de que Armenia cometió genocidio contra la población azerà de la aldea de Khodjalú. Utilizando todo el arsenal de medios económicos a su disposición, y léase bien, contando con la complicidad de quienes venden su opinión al mejor postor, Azerbaidján logró hace semanas un supuesto reconocimiento en México.
El universo virtual de internet está plagado de sitios que atacan abiertamente a Armenia y Karabagh con acusaciones carentes de toda verdad y con el único fin de lograr animadversión contra Armenia. Y seguramente lo consiguen con muchos desprevenidos. Sin embargo, lamentablemente los armenios no hemos logrado tejer una red de protección contra estas iniquidades que enervan.
TodavÃa pensamos que al tener la verdad de nuestro lado, el mundo abrazará nuestra causa. Toda una ingenuidad en momentos en que podemos ver cómo se compran voluntades al precio de sólo un viaje de placer. O menos aún, con la promesa de negocios que están únicamente en la imaginación de los tunantes diplomáticos azerÃes.
Por estos dÃas se cumplen veinte años de una verdadera masacre, la que se cometió contra los armenios del pueblo de Maraghá, ubicado al norte de Artsaj. En efecto, el ejército azerà capturó esa población el 10 de abril de 1992, manteniéndola en su poder apenas un dÃa. Pero esas pocas horas fueron suficientes para asesinar cruelmente a más de cuarenta pobladores civiles. Otros cincuenta fueron tomados como rehenes -en su mayorÃa mujeres y niños- y casi veinte de ellos jamás retornaron a sus hogares, desconociéndose hasta el momento su paradero. Las fuerzas de liberación karabaghÃes lograron recobrar Maraghá en la jornada siguiente, pero al hacerlo se encontraron con un espectáculo espeluznante. Cuarenta y tres cadáveres mutilados, decapitados, sin ojos o con la lengua arrancada estaban desperdigados por todo el pueblo. Sus viviendas habÃan sido saqueadas e incendiadas.
Lamentablemente, a pesar de la existencia de pruebas y testimonios directos de quienes sufrieron la perversidad azerÃ, el tema no encontró espacio destacado en la prensa mundial. Tampoco se hicieron eco de la narración que la baronesa Caroline Cox hizo del funesto episodio en su libro “La limpieza étnica continúaâ€.
Azerbaidján ha hecho de la mentira y el fraude una forma de diplomacia. Y tan mal no le va, pues como decimos al principio y ratificamos una vez más, los medios económicos que tiene a su disposición rompen con la barrera de la conciencia humana, a veces tan ruin y propensa al fácil olvido.
¿Cómo contrarrestar estos intentos de falsificar la historia? En primer lugar, el gobierno armenio debe reconsiderar su polÃtica exterior tan pasiva hasta el momento. Ya en otras oportunidades hemos hecho referencia a la enorme diferencia de actitud entre nuestros embajadores en comparación a los de nuestros adversarios TurquÃa y Azerbaidján.
Ereván debe aprovechar al máximo la tarea que las distintas organizaciones de la Diáspora desarrollan en pos de la reivindicación de los derechos de todo el pueblo armenio. Sin embargo, en muchas ocasiones se ha desdeñado o ignorado dichos esfuerzos, en beneficio de no se sabe qué fin. No podemos permitir más que nuestra historia sea vejada hasta el hartazgo por quienes con su negacionismo cometen un nuevo genocidio, esta vez el de la verdad y la memoria.
Jorge Rubén Kazandjian