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“Ocurrió hace cien años, olvídense”

DzidzernagapertEsa afirmación no salió de la boca de un político turco experto en negacionismo, corresponde, palabras más menos a los términos vertidas por algunos comentaristas anónimos o no tanto en las redes sociales, en relación al reclamo de la comunidad armenia respecto a la novela turca “Las Mil y una Noches”. Cada uno de las artículos publicadas por los medios de prensa argentinos y fueron cientos, tuvo al menos una veintena de apostillas. En casi todas ellas sus autores se dedican a defender y ensalzar a los actores de la novela, pero no utilizan argumentos artísticos o culturales. En cambio, dedican gruesos epítetos a quienes se atreven a defender las reivindicaciones armenias.

“Pero no entienden que están en la Argentina, hace cien años que ya pasó, váyanse de la Argentina”, “Si a los armenios no le gusta la novela que se vayan a su país y que allí hagan lo que quieran”, “Sres. de la colectividad armenia no sean retrógrados, si sufren mucho, cambien de canal, no tienen porque verla si no les agrada”, son otras expresiones que muestran el preocupante nivel de la discusión -al borde de la xenofobia- generada en cada una de las notas editadas en la web.

A pesar de que se dejó en claro que el reclamo no se refería al pedido de levantamiento de la mediocre tira, algunos periodistas de espectáculos prefirieron seguir manteniendo la polémica en términos de exigencias de interrumpir la emisión de Las Mil y una Noches, seguramente estimulados por el beneficio que les trae dedicar sus energías a un tema tan banal y dejar a un lado el verdadero problema que es la utilización política de una serie para mitigar el deterioro que sufre día a día la imagen de Turquía, no ya sólo por el negacionismo del Genocidio Armenio, sino también por el desprecio a los derechos humanos expresados a cada instante por sus gobernantes. Ya se han hecho comunes en ese país el encarcelamiento de opositores y periodistas libres, el enjuiciamiento de las voces que reclamando justicia para las minorías “ofenden a la identidad turca”, o simplemente desconectando de la web las redes sociales, espacio donde se expresan las voces disidentes.

Claro que esta realidad poco le interesa a los fanáticos de la novela turca. Luego de un día de labor, es bueno entregarse al sopor de una edulcorada historia que nada tiene de real, como nada tienen de ingenuos aquellos que se aprovechan de la fama temporal de Onur y Cía. para hacerse de unos cuantos dineros vendiendo los infames productos del gobierno liderado por el sultán Erdogan.

Pero vayamos acostumbrándonos a la idea de que la invasión televisiva turca no se detendrá. Ya se anunció que otro canal adquirió una nueva serie producida en ese país y que pronto será puesta al aire.

Menuda tarea vamos a tener para digerir las muestras de intolerancia que llegarán como consecuencia de nuestras justas observaciones y demandas. Pero tal vez, no sean pocos quienes comprendan la justicia de nuestros reclamos.

Por esos enterados, nuestra lucha ya tendrá sentido.

Jorge Rubén Kazandjian

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