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“Paz para Artsaj, democracia en Azerbaidján”

Comunicado del Consejo de Coordinación de las Asociaciones Armenias de Francia

Murad_Papazian_ToranianLas instituciones armenias de Francia que coinciden en el Consejo de Coordinación de las Asociaciones Armenias de Francia emitieron una declaración con motivo de la visita a Francia del presidente de Azerbaidján Ilham Aliev. Durante la nota exponen claramente los motivos por los cuales Francia no debiera haberlo recibido y anuncian la realización de una manifestación comunitaria de protesta en París el mismo día de la llegada del dictador azerí. Dicho evento se lleva a cabo en momentos en que Armenia cierra su edición semanal por la que informaremos sobre el mismo en nuestro próximo número.

“El presidente de Azerbaidján será recibido en Francia el martes 14 de marzo. Conocido por su postura belicista y sus prácticas draconianas, Ilham Aliev, presidente de Azerbaidján llevará a cabo una visita oficial a este país. Si esta invitación tiene sus razones diplomáticas, en ningún caso es justificada, ni por cuestiones éticas o motivos económicos. Menos aún cuando hace pocos días Francia fue la anfitriona del presidente de Armenia.

Mediadora en el conflicto que enfrenta a Armenia y Artsaj con Azerbaidján, Francia mantiene un delicado equilibrio entre las partes en conflicto. Pero el equilibrio no es justicia y no todo vale la pena. “Karabagh es una cuestión de supervivencia para los armenios y de orgullo para Azerbaidján”, resumió oportunamente el Premio Nobel de la Paz ruso Andrei Sajarov.

Veintitrés años después de la firma del alto el fuego entre las partes, los fundamentos de este acuerdo no han cambiado. Es más, incluso han empeorado, porque con los recursos petroleros que tiene a mano, Aliev puso en marcha una enloquecida carrea armamentista. En los últimos años el presupuesto militar azerí es similar al PBI total de Armenia. Su objetivo es claro, recuperar, si es necesario por la fuerza, la posesión de la República de Artsaj independiente durante 23 años.

Y todo en nombre de la integridad nacional del estado de Azerbaidján, cuyas fronteras fueron trazadas por Stalin en 1921. Uniendo la acción con la palabra, el ejército azerí hace años que multiplica las violaciones del cese del fuego establecido, causando muchas víctimas y provocando el riesgo de una conflagración regional generalizada. Un peligro que pudo haberse materializado el 2 de abril pasado y la guerra de cuatro días siguiente que dejó como resultado cientos de muertes en ambos lados.

Los eventos bélicos emprendidos por Aliev son política y moralmente indefendibles. En primer lugar, porque contradicen el primero de los Principios de Madrid para las negociaciones de paz: la no utilización de la amenaza y la fuerza militar, que a nada pueden conducir. Poniendo la espalda contra la pared, la parte armenia no tiene más remedio que resistir. Expuesta durante un siglo y medio a objetivos genocidas panturquistas y panislámicos, su existencia en la región disminuye poco a poco. Regresar a esos tiempos la expondría al riesgo de que estalle el dique que la protege de la aniquilación completa.

Logo CCAFLa Azerbaidján de Aliev, no es como dicen algunos políticos corruptos “la tierra de la tolerancia”, tal como la representa su folleto publicitario. Es principalmente un estado racista y dictatorial, que no sólo es culpable de las matanzas de civiles en Stepanakert y otras ciudades durante la guerra, sino también responsable de los pogromos contra los armenios producidos a dos centenares de kilómetros de los campos de batalla, tanto en Sumgait, al borde del mar Caspio, como en Bakú.

Ilham Aliev no oculta su histérico odio  contra Armenia y los armenios y cuestiona repetidamente la existencia de ese país alegando que es un estado artificial construido sobre tierras de Azerbaidján. Reivindicando el panturquismo, proclamó junto a Erdogan que Azerbaidján y Turquía son dos estados, pero un solo pueblo. Bakú y Ankara profesan la misma política de negación con respecto al genocidio de armenios.

Despreciando los derechos de su pueblo, personifica el poder del clan Aliev, dinastía oligárquica y despótica que desde hace veinticinco años confisca todos los recursos naturales de Azerbaidján. Capaz de sofocar de raíz cualquier atisbo opositor, Aliev que es llamado el “Ben Ali” * del Cáucaso, es denunciado con asiduidad por asociaciones de derechos humanos de todo el mundo por sus prácticas persecutorias, los presos políticos y la utilización de la tortura.

Azerbaidján ocupa el 163º puesto entre 180 países en el ranking de Reporteros sin Fronteras (RSF) sobre la libertad de la prensa. Está ubicada en 123° lugar sobre 176 países en el listado de corrupción confeccionado por Transparencia Internacional. El nombre del presidente Aliev aparece incluido en los documentos conocidos como el escándalo de Panamá, y un explosivo informe de la “European Stability Initiative” (ESI), dado a conocer el 17 de diciembre pasado, revela sus intentos por comprar la voluntad de parlamentarios del Consejo de Europa.

No contento con sembrar el terror dentro de su esfera de influencia, también está trabajando para ampliar sus redes a nivel internacional. Así logró que Belarús detuviera y extraditara a Bakú al bloguero ruso-israelí Alexander Lapshín, retenido durante una escala en el aeropuerto de Minsk el 17 de diciembre de 2016. El único “crimen” de este libre pensador: manifestar sus simpatías proarmenias y su vista a Artsaj en 2011 y 2012 sin el “permiso de Azerbaidján”, estado que no ejerce ninguna autoridad sobre este territorio desde hace más de veinte años.

El responsable de esta situación es quien será recibido el 14 de marzo por Francia. Éste es el tirano cuya voz se escuchará en París y no las voces silenciadas en su país y en la región. “Paz en Artsaj, Democracia en Azerbaidján” es el lema de la manifestación que llevaremos a cabo el martes 14 de marzo en la Plaza de los Derechos Humanos, en el Trocadero de París.

Firman el comunicado, Murad Papazian y Ará Toranian, copresidentes del Consejo de Coordinación de las Asociaciones Armenias de Francia (CCAF) 

* Zine El Abidine Ben Ali es un expolítico y militar tunecino que fue dictador y presidente de Túnez desde 1987, año en el que derrocó al presidente Bourguiba, también dictador, hasta el 14 de enero de 2011, cuando se vio obligado a escapar del país por la rebelión de su pueblo.

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