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Polémica por la alimentación en las cárceles estatales

¿Secreto de estado?

Carceles-armeniasEreván (Hetq).- Ante la polémica por el alimento penitenciario, en los últimos meses,  la ONG Periodistas de Investigación ha tratado sin éxito de determinar donde van los miles de dólares en pan y otros comestibles producidos por reclusos en las cárceles de Armenia que no son consumidos dentro del mismo sistema correccional.

El Departamento Correccional de Armenia y el Ministro de Justicia continúan evitando sistemáticamente responder estas interrogantes.

A partir de esto, y debido a la renuncia del gobierno a dar explicaciones, la ONG se vio obligada a presentar una solicitud de acceso a la información en los tribunales.

La polémica aparece porque en muchos casos, el pan preparado por los reclusos es de tan mala calidad que ellos mismos se niegan a consumirlo. La comida de la prisión es de tan baja calidad, que ya se ha hecho una tradición que los mismos familiares de los reclusos les acerquen alimentos del exterior.

En 2016, Hayk Kochinyan, funcionario del departamento antes nombrado, le dijo a Hetq que el alimento no consumido simplemente es descartado. Aunque otro rumor que también aparece con frecuencia es que se utiliza para alimentar a los cerdos que son propiedad de los empleados de la prisión.

Ruben Sargsyan, miembro del Grupo Civil de Monitoreo, afirma que vio como los alimentos no utilizados se vertían en contenedores dirigidos a estos animales. Sin embargo, el exconvicto Aram Davityan denuncia que la comida carcelaria se produce deliberadamente mal para que los reclusos no la ingieran. Él mismo señaló a la Penitenciaría de Noubarashen en este sentido.

“Podríamos haber preparado mejor comida si nos hubieran dado los alimentos necesarios”, le dijo a Hetq, agregando que la basura fue cargada, aunque no puede decir dónde. Algunas de las personas con las que el grupo de periodistas habló comentaron que los residuos fueron transportados a vertederos locales. Otros, sin embargo, expresaron que la basura nunca es transportada hacia afuera, pero no saben explicar que hacen con la misma.

Según los trabajadores de cocina de varias cárceles entrevistadas por el Grupo Civil de Monitoreo, hasta el 60% de los presos de la cárcel de Noubarashen se niega a comer los alimentos preparados. A su vez, el 8% de los presos de la penitenciaría de Goris también se aleja de los alimentos de la prisión.

Varios funcionarios señalaron que se produjeron algunos cambios en 2015 en las regulaciones de las prisiones diseñadas para reducir la elaboración de alimentos. De hecho, ahora los presos que se niegan a comer la comida brindada están obligados a firmar un aviso con un día de antelación, para que el personal no prepare sus comidas.

En un principio, el departamento correccional se negaba a brindar información a estos periodistas, argumentando el secreto de datos personales. En su lugar, los funcionarios prometieron proporcionar a la ONG unas pocas páginas de una lista de convictos que se negaron a participar de los menús penitenciarios en las prisiones de Hrazdán y Vardashén, aunque los documentos entregados resultaron incomprensibles.

Artak Manoukyan, que estudió los gastos estatales en Armenia durante la última década, dice que los contribuyentes deben saber si su dinero se gasta de manera responsable y entender que el gobierno, si lo desea, puede exponer la corrupción dentro del sistema penal.

“Por ejemplo, un documento puede decir que la fruta se ha comprado, pero esto por sí solo no es prueba de que se ha distribuido a los reclusos. Entonces aparece otra información, con la misma firma, donde se alega que la fruta fue enviada y recibida en una prisión. Pero en este punto es necesario prestar atención, ya que los funcionarios sostienen muchas veces que los reclusos no quieren firmar el documento de que recibieron su alimentación y por eso, en tales casos, es el director de la cocina el que presta su conformidad. Este es un punto que puede ser muy sospechoso”, explica Manoukyan, agregando que los contribuyentes armenios no se han acostumbrado a demandar respuestas a sus autoridades.

Muchos activistas creen que todo esto se da por el interés del sistema penitenciario por mantener las cárceles pobladas. Es que cuanto mayor sea la población carcelaria, más dinero se envía al mismo sistema para proveerse de ropa, alimentos y otras necesidades.

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