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Rusia y Turquía siempre están en el camino de Armenia (I)

Opinión

rusia-turquiaTurquía y Rusia siempre están presentes en el presente y futuro de Armenia. Sin analizar hechos del pasado podemos afirmar que estos dos países mantienen una relación amor-odio realmente desconcertante. Una y otra vez se han enfrentado por cuestiones políticas y económicas, pero siempre terminan dándose la mano. Eso sí, cuando su relación pasa por períodos de tensión, Armenia aparece como una moneda que se arroja al aire para caer quién sabe sobre qué cara.

No han sido pocos los historiadores del estado negacionista capaces de afirmar que el genocidio armenio fue desencadenado como consecuencia del apoyo de los voluntarios armenios a las tropas zaristas. Luego, sucesivos tratados han puesto a Armenia contra la pared debido a que Rusia y Turquía privilegiaron sus propios intereses y borraron con el codo lo que poco antes habían firmado con la mano.

En síntesis, durante los últimos dos siglos, el estado de los vínculos entre Rusia y Turquía afecta directamente a la situación de Armenia. Paradójicamente, cuando ambos países se amigan, lo hacen en detrimento de los intereses armenios.

Turquía se unió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) pero Moscú no se amilanó y a través de Kruschev hizo saber que Rusia no tenía reclamaciones territoriales de Ankara, en un momento donde reinaba la Unión Soviética y se arrogaba el derecho el derecho a decidir por sus países satélites. Esa sentencia del mandamás comunista validó indirectamente los Tratados de Moscú y Kars, por los cuales se establecieron las actuales fronteras entre Turquía y Armenia.

También es motivo de análisis el porqué del silencio de de la URSS con referencia al Genocidio Armenio, postura que con la caída del régimen soviético varió por completo.

Apenas dos años atrás Ankara y Moscú se enfrentaron duramente por el episodio del avión caza ruso derribado por Turquía sobre territorio sirio. El enojo de Putin estremeció a los turcos que vieron cómo se derrumbaba parte de su economía por el cese de los negocios bilaterales. Pero, una vez más se reconciliaron porque la vergüenza de Erdogan quedó en un cajón al pedir éste enfáticamente disculpas al presidente ruso por el incidente. Hasta acordó pagar una jugosa indemnización a las víctimas del avión abatido.

En tanto, en Moscú saben que la lealtad de Armenia es casi una obligación, pero en contrapartida al aplicar sus políticas internacionales, los intereses armenios no son tenidos en cuenta. También son determinantes las sanciones que soporta Moscú que no hacen más que empujarla a buscar nuevos mercados y allí aparece Turquía y su “potencial”.

¿Rusia necesita a Turquía? Algunos analistas así lo afirman porque aseguran que el afianzamiento de las relaciones hará que la marina rusa tenga mayor acceso al Mar Negro y aunque Ankara votó oportunamente en contra de la anexión de Crimea a Rusia, otra vez la maleabilidad de su política exterior puede obtener resultados. Y no hay más que recordar dónde estaban ambos países al comienzo de la guerra de Siria y no sorprenderse por la sociedad que armaron luego en la resolución del conflicto armado.

Rusia está construyendo una central nuclear en Akkuyu cuya finalización está prevista en algo más de un lustro. También se han acercado posiciones en la venta de armas porque Erdogan compró los poderosos sistemas antimisiles S-400, algo que irritó sobremanera a Occidente.

Ahora, Ankara está intentando acercar posiciones para ingresar a la Unión Económica Euroasiática, apoyada por el presidente de Kazajstán, Nursultán Nazarbayev. Este mandatario tiene una postura favorable a Bakú y está trabajando para que tanto Turquía como Azerbaidján se integren al organismo liderado por Rusia. Esta realidad tiene aristas demasiado espinosas para Armenia ya que por decisión de Turquía tiene sus fronteras cerradas con ese país hace un cuarto de siglo.

Jorge Rubén Kazandjian

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