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Salud mental descuidada en Armenia

Una cuestión oculta y postergada

Ereván (Gayané Ghazarian para EVNReport).- Tenía doce años cuando comencé a notar patrones extraños en mi comportamiento. Cada vez que tenía un pensamiento que me asustaba inmediatamente me sentía obligada a tocar ciertos objetos, a repetir palabras específicas en mi cabeza o mirar en una dirección particular hasta que por fin encontraba la paz. Mi ansiedad y mis miedos se intensificaron a medida que crecía y mis “rituales” diarios comenzaban a agotarme. No pude encontrar ninguna explicación lógica para mis miedos, pero estaba muy consciente de que mi comportamiento no era “normal”. Sin embargo, al preocuparme que la gente pensara que estaba loca, nunca decía nada.Salud 1

Contrariamente a cuando tuve problemas con mi salud física y mis padres entraban en un frenesí alrededor del tema, cada vez que notaban extraño mi comportamiento, me regañaban o me decían que me detenga. Nunca trataron de entender qué había detrás de mis extraños gestos o del extremo perfeccionismo.

Eventualmente comencé a estudiar sobre trastornos mentales y finalmente encontré los síntomas que describían mi condición perfectamente. A los 20 años descubrí que tenía un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Me aterrorizó saber que tenía un trastorno mental, pero me sentí aliviada de darme cuenta que mi problema tenía un nombre y que no era la única con esta afección.

De acuerdo al psiquiatra Aram Hovsepyan, aproximadamente el 3% de la población mundial padece esta condición y alrededor de un 8-10% de las personas tienen varios tipos de trastornos vinculados a la ansiedad. Según el especialista habría unas 200.000 personas con este padecimiento en Armenia. “Pero solo un pequeño número de ellas conoce el problema”, explica.

T., que tiene 17 años, posee problemas relacionados al Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG). Incluso las cosas más intrascendentes parecen ser un gran problema para ella. Cuando enfrenta situaciones difíciles, se pone extremadamente nerviosa y esto se traduce en una incomodidad física. “Me comienza a doler la garganta y toso constantemente, de forma sofocante”.

Los compañeros de curso han notado que su extraño comportamiento se complica aún más. Generalmente se le pide que “se lo tome con calma” o que “vaya a recibir tratamiento”, actitud que le hace creer que sus compañeros la odian. Todo desemboca en que le sea difícil conocer nuevas personas, ya que su subconsciente la engaña y cree que la rechazarán también.

Sin contar con el apoyo de sus padres, T. está buscando constantemente la forma de deshacerse de los pensamientos perturbadores sobre sí misma. En el pasado, para reprimir sus problemas, recurrió a los cigarrillos y al alcohol. Desde entonces, ha sustituido fumar y beber con el arte, en particular la pintura, aunque no tiene pensado ir a un psicólogo o psiquiatra. Ella no es la única que prefiere superar sus problemas ella misma o simplemente ignorarlos.

Según Khachatur Gasparian, un académico de ciencias psicológicas, las estadísticas oficiales muestran que el número de personas que buscan servicios psicológicos en la República de Armenia no supera el 1% de la población del país. Según cree, el número es el resultado del estigma social que probablemente comienza con la familia, de la desconfianza al campo de la psicología y la falta de conciencia sobre la salud mental.

G. tiene 20 años. Ella tiene un trastorno de pánico. Después de conversaciones tensas y recuerdos desagradables, le cuesta respirar, su ritmo cardíaco aumenta, siente dolor en diferentes partes de su cuerpo y sus extremidades se entumecen. “No puedo acostarme porque me hace parecer que me estoy muriendo. Tal vez la gente piense que estoy haciendo un gran show de la nada. No entienden cómo es sentir que en cualquier momento es posible explotar de dolor”.

G. cree que su familia la acusará de ser egoísta si se abre a ellos. “El problema es grave y la actitud de ‘¿de qué estás hablando?’ lo empeora aún más”, explica. A pesar de esto, aprendió a pedir ayuda a amigos cercanos y, conociendo de primera mano lo difícil que es pasar por ataques de pánico sola, ella insta a las personas a no avergonzarse y buscar ayuda. G. ahora está ahorrando para recibir tratamiento con un psicoterapeuta privado en lugar de ir a una clínica financiada por el estado.

Según Aram Hovsepian, el problema de los servicios psicológicos proporcionados por el estado es que no hay suficientes especialistas. “Resulta que solo hay dos psiquiatras clínicos por cada 40.000 pacientes. En tales condiciones, es imposible dedicar suficiente tiempo a cada uno, y como resultado, el tratamiento no es completo”.

K. tiene 21 años. Los síntomas de su TOC comenzaron a manifestarse cuando tenía cinco. Los mismos incluían contar, lavarse las manos continuamente y hacer la señal de la cruz. La condición se agravó durante su adolescencia. Cuando tenía 14 años, estaba segura de que era “anormal” y que alguien la había maldecido. Más tarde tuvo miedo de que sus rarezas fueran el resultado de un defecto mental. A la edad de 20 años, comenzó a estudiar sobre trastornos mentales. Al igual que yo, finalmente se encontró con los TOC.

Sus “rituales” diarios se habían apoderado de su vida y K. tuvo que dejar sus estudios universitarios y cuidar su salud. Ahora continúa su tratamiento con medicamentos y ve cambios positivos. Sin embargo, obtener ayuda no fue un proceso fácil, tuvo que cambiar varios terapeutas. “Mi primer psicólogo, no estaba familiarizado con este trastorno y me dijo que fingía tener una enfermedad mental para escapar de mis problemas”, comenta.

De acuerdo con Khachadur Gasparian, la ley no supervisa la concesión de licencias de profesionales en salud mental o el tratamiento de trastornos de este tipo en Armenia. Las personas pueden proporcionar diversos servicios psicológicos y psiquiátricos sin ninguna acreditación o regulación estatal. Según Aram Hovsepian, sólo los psiquiatras deben brindar el tratamiento de los trastornos mentales. “Sólo un psicólogo puede guiar al paciente”, argumenta. Según él, las personas no deberían confiar en aquellos que no pueden diagnosticar claramente el problema del paciente después de la primera visita ni en aquellos que prescriben varios medicamentos simultáneamente.

Para los expertos, la psiquiatría pediátrica sigue siendo uno de los problemas más desafiantes en Armenia. Aunque hay algún progreso, el estigma social, la falta de conciencia y la desconfianza de la población continúan obstaculizando el desarrollo del campo y la mejora de la salud mental de las personas sigue siendo lo último en los problemas ya ignorados de la salud física.

Me llevó ocho años descubrir qué me estaba pasando. Cuando compartí las noticias con mi familia, al principio no tomaron mis palabras en serio, pero después de reconstruir mi comportamiento y los síntomas, reconocieron el problema y su seriedad. Aún así, no me alientan a hablar sobre eso ya que les preocupa que los comentarios sean negativos. Por el contrario, tengo confianza en compartir mi historia y me he dado cuenta de que muchos a mi alrededor están bregando con problemas similares, sin embargo, tienen miedo de hablar porque temen el juicio de los demás.

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