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Santiago Farrell: “Hrant Dink fue un mártir de nuestra profesión”

Editor de Internacionales del periódico Perfil

Farrell_DinkDespués de expresar mi agradecimiento al Consejo Nacional Armenio por haberme considerado merecedor del premio Hrant Dink, un galardón que me llena de orgullo, sólo quiero aportar unas breves reflexiones a partir de esta distinción y de la importancia que tiene para mí el rol de la comunidad armenia en la Argentina, pero también en el mundo, y a las enseñanzas que su historia y su cultura pueden dar a nuestra sociedad.

Comienzo con el reconocimiento de la abrumadora responsabilidad que significa para mí, como periodista, recibir un premio que lleva el nombre de Hrant Dink. Como parte de mi trabajo acompañé en su momento la noticia de su asesinato, pero en estos días traté de conocer más sobre su obra y su figura. Y, como seguramente les pasa a todos ustedes, que están más familiarizados con su mundo, ese conocimiento sólo me generó admiración por su compromiso con la verdad y por su valentía, tanto intelectual como física.

Sé que lo más sencillo sería para mí destacar el coraje de Dink, que lo llevó a desafiar los prejuicios y falsedades que se encuentran en lo más profundo de la sociedad turca actual, de sus instituciones, de su política. Y que lo convirtieron en un mártir de la profesión. Sus revelaciones sobre el origen armenio de la hija adoptiva de Mustafá Kemal Atatürk agigantan su valor periodístico si pensamos que fueron hechas por alguien nacido en ese país y que vivía en ese país. Como suelo decir, siempre es más fácil poner adjetivos como “salvaje” a los dictadores o jefes de Estado cuando están a miles de kilómetros de distancia… Dink desafió los cimientos de la sociedad en la que estaba inmerso. Eso es realmente tener coraje.

Sin embargo, yo quiero elegir otro aspecto de su trabajo y su manera de ver el papel del periodismo. Leyendo sus trabajos, buscando materiales en la página de su fundación, me encontré con una frase que me pareció muy vigente, y especialmente para los tiempos que vivimos hoy. La leo en la traducción que encontré: “Desafié la versión aceptada de la historia porque no escribo sobre las cosas en blanco y negro. Las personas están acostumbradas al blanco y negro, por eso es que se asombran de que hay, también, otros tonos”.

Es una reflexión interesantísima, formulada por un hombre que bien podría haberse proclamado como el propietario absoluto de la verdad y desde allí pontificar. Sin embargo, dio a su trabajo la dimensión humana de tender puentes, de buscar matices, esos matices que definen nuestras vidas y que parecen haber desaparecido de nuestra vida pública. No necesitamos grandes verdades con las que nadie puede lidiar, necesitamos matices. Y Dink creía que ese era el punto central de su trabajo.

Magda-Tagtachian-y-Santiago-FarrellLa segunda reflexión que quería hacer es sobre la importancia que tiene para un país como la Argentina el empeño sistemático y persistente de la comunidad armenia en defender la memoria -y la existencia, aunque parezca increíble- del genocidio pero, también, en extraer permanentemente enseñanzas de él. La necesidad de memoria, verdad y justicia ante ese crimen es un elemento clave de la experiencia armenia, como lo es de la experiencia del terrorismo de Estado argentino. A lo que si se me permite le agregaría el imprescindible Nunca Más.

Y finalmente, comparto con ustedes una mirada afectuosa, pero desde afuera, de la comunidad armenia. Hoy el mundo parece vivir un momento en el que las identidades se levantan como paredes que nos separan unos de otros. Identidades excluyentes. Somos esto que somos, con la misma fuerza con que no somos el otro, el diferente. Pero tengo la intuición -por supuesto que sin ninguna base científica- de que la identidad armenia es, por el contrario, integradora. Por mi trabajo suelo leer la prensa de otros países y a menudo veo cómo, por ejemplo, gran parte del periodismo libanés es ejercido por armenios; por libaneses armenios. Y lo mismo he percibido en Siria. Y ahí está el ejemplo del propio Dink, que escribía para armenios, pero no sólo para ellos. Percibo, si me permiten, a la identidad armenia como un plus, como un enriquecimiento que cada uno de ustedes tienen. Es decir, que hay un “modo armenio” de ser libanés; un “modo armenio” de ser argentino. Y que esas identidades no se excluyen: se potencian.

Premios-Dink-Farrell-KhatchikCuando tuve la oportunidad de visitar Ereván con un grupo de colegas, al saber que éramos argentinos nuestros guías nos hablaron de Eduardo Eurnekian, de su ayuda a Artsaj, o de

Nagorno Karabagh, como la llamamos “los otros”, de sus inversiones. Entonces, en una oportunidad que tomé un taxi le pedí a nuestra traductora que le preguntara al conductor si lo conocía. “Sí, claro, me dijo, es un armenio de origen argentino”. Creo que esa es la síntesis de lo que quiero expresar. En la Argentina, no tengan dudas de que Eurnekian es un argentino de origen armenio. En Armenia, es un armenio de origen argentino. Identidades reversibles o complementarias, nunca excluyentes.

Por último, una aclaración necesaria. En la invitación que los amigos del Consejo Nacional Armenio distribuyeron se alude a que figuro en la “lista negra” que elabora el gobierno de Azerbaidján. Dado que uno está recibiendo un premio dedicado a alguien que dio su vida por lo que escribía, quiero aclararles que esa inclusión no fue por ninguna acción heroica, o por haber hecho de mi trabajo profesional una militancia activa por los derechos armenios sobre Artsaj. Simplemente fue por haber visitado la zona y haber escrito un artículo con su historia. Haberme incluido en esa lista habla más de las autoridades azeríes que de mí.

Muchas gracias.

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