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Se apaga la luz de mayo

Comienza a atenuarse la poderosa luz de cambios de aquel mes de mayo: lentamente surgen por los rincones de Armenia cuestionamientos a los gobernantes y a los parlamentarios.

Esa prometedora energía que revitalizó las esperanzas e ilusiones de iniciar por fin un proceso político inclusivo para Armenia, se va transformando en dudas al no ver todavía los primeros frutos y al relegarse las bases del proyecto que todos esperan. Armenia tuvo la oportunidad de reiniciar su sistema político, sin lamentar el altísimo costo de la pérdida de vidas, un sistema que venía cargado de corrupción, oxidación y estancamiento. Vicios que, cual epidemia, cooptaron a las instituciones, que derivó en el aislamiento, en el desprendimiento y en el abandono de la realidad y de las necesidades que atravesaban al pueblo. Mayo tomó por sorpresa a toda la conducción política armenia que se enroscaba en las alturas con cuestiones ajenas a lo que sacudía en tierra firme.

Con los ojos bien abiertos y rápido de reflejos un movimiento, Nikol Pashinyan llegó al gobierno impulsado solo y únicamente por la legitimidad que le obsequió el pueblo. Pero ese preciado tesoro es una gran responsabilidad que conlleva el deber de encausar al país hacia un nuevo camino. Sin embargo, este gobierno comienza peligrosamente a confundir la confianza que le prestó el pueblo con un poder eterno. Un gobierno que gira alrededor de muchas promesas, con una alta sobreactuación en generar cambios para que nada cambie al final.

Armenia no necesita un superhombre en el poder, pero sí espera la grandeza de la conducción en sumar a todos aquellos que tienen ideas e intenciones para aportar en un nuevo proceso político que signifique un desarrollo real. Quizás se debería haber convocado a la mayor cantidad de manos y mentes capaces de transformar, de una vez por todas, la realidad y encausar a Armenia hacia un futuro distinto. Quizás se debería haber evaluado el pasado, las decisiones, los errores, los aciertos, las posibilidades perdidas, y así dar luz un proyecto político sustentado en otorgarle más justicia, igualdad y derechos para todos.

El pueblo mira de reojo y desconfianza el crecimiento de los que van quedando al margen de este proceso, percibiendo que se vuelve a caer en el uso de viejas y caducas recetas. Cuidado que el tiempo es oro, y además es caprichoso, como aparecen las oportunidades también pueden desvanecerse rápidamente si no se aprovechan las instancias justas. Se inició un cambio cultural, un cambio estructural para dejar atrás los tiempos de oscuridad y poner a Armenia en vía hacia un horizonte luminoso: que nada ni nadie lo detenga.

Hagop Tabakian
Comité Central de la FRA
htabakian@yahoo.com.ar

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