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Shushí, el corazón de Artsaj

Opinión

shushi-liberacionVeinticinco años atrás la historia de coraje y valentía escrita por nuestro pueblo sumó un nuevo capítulo con la liberación de Shushí, el corazón de una Artsaj que se desangraba en la desigual lucha de liberación protagonizada por los nuevos fedaí armenios.

Aquellos hombres y mujeres habían acudido al frente de batalla desde Armenia y muchos países de una Diáspora preocupada por la suerte de ese pedazo de patria que un oscuro dictador había cedido a los azeríes en un intento de debilitar a Armenia y de paso “comprar” la voluntad política de una raza sin identidad ni historia y cuya única cualidad era la de adueñarse de la cultura y tradiciones de los pueblos conquistados salvajemente a sangre y fuego.

La ofensiva para libertar Shushí no sólo fue un punto de inflexión para el movimiento de liberación, fue también considerada como una de las operaciones militares más particulares  de los tiempos modernos.

Por aquellos días era insostenible para los escasos pobladores de Shushí el terrible bombardeo al que eran sometidos día y noche desde las alturas circundantes por las tropas regulares azeríes.

La arriesgada operación llevada a cabo por las tropas de liberación allanó al camino a las heroicas fuerzas que combatían en condiciones dispares, armamento antiguo e inadecuado, pero estaban impelidas por el espíritu heredado de aquellos voluntarios que resistieron a los esbirros turco-otomanos a principios del Siglo XX.

Después del 9 de mayo de 1992 llegaron la liberación del estratégico paso de Lachín, ahora denominado Berdzor, habilitando un corredor vital para el abastecimiento de los luchadores de la libertad. La guerra duró dos años más, pero muchos analistas e historiadores afirman que la recuperación de Shushí con su histórica catedral fue un enorme acicate para los armenios.

Shushí es una ciudad que está en plena recuperación. Es cierto que el avance y desarrollo de las obras es tal vez un poco lento, pero es más cierto aún que quien llega a ese rincón patrio se sorprende por los cambios que se producen año tras año.

La ciudad recuperará pronto el estatus de capital cultural de Armenia con el apoyo de Armenia y la Diáspora, que no olvidan el logro de su liberación estuvo fundado en la unidad y compromiso de toda una Nación que no sólo apoyó económicamente, sino que también se transformó en protagonista de su futuro.

La liberación de Shushí costó la sangre de muchos jóvenes que no dudaron en entregar su vida en aras de un ideal supremo. Esa epopeya fue un claro mensaje al mundo enviado por un pueblo que se resistió a ser víctima de un nuevo genocidio y logró a través de su incomparable valor, doblegar a un enemigo que aún hoy teme enfrentarse abiertamente a las tropas armenias.

La realidad de una Artsaj que no cesa de crecer se opone a la crueldad de un oponente que se sabe inferior e invierte ingentes sumas de dinero para equipar a sus tropas. Pero la pertenencia y el coraje no se compran. Bien lo saben Aliev y sus mandos militares que se ocultan detrás de una retórica bélica que ya no asusta a nadie.

Artsaj es libre e independiente y tiene millones de armenios en todo el mundo que la sienten propia y como tal están preparados para volver a luchar por ella.

Jorge Rubén Kazandjian

 

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