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Sirios armenios se refugian en su patria ancestral

Historias de nuestro tiempo

siria-1Ereván (Economist.com).- Cuando la guerra estalló en Siria en 2011, algunas de las familias más pudientes de la minoría cristiana armenia del país emigraron a Ereván, donde alquilaron departamentos de lujo en la Avenida Norte de la ciudad. Sentían, según dirían tiempo más tarde, como si fueran unas vacaciones. El gobierno les dio espacio en una escuela local, donde varios maestros de aquel país que habían llegado como refugiados, instruían a sus hijos usando el programa curricular sirio.

La guerra civil de seis años ya ha obligado a más de cinco millones de personas a buscar asilo en un país extranjero. Entre 2015 y 2016, cientos de miles atravesaron los Montes Balcanes, buscando seguridad en Europa. Sin embargo, solo una minoría de los sirios armenios tomó esta ruta, mientras muchos fueron hacia Armenia. Con su propia población reducida por la emigración (cayó de 3,6 millones de habitantes en 1991 a casi 3 millones en la actualidad), Armenia se contentó por la llegada de estas personas, la mayoría educados, de clase media y emprendedores.

Antes del conflicto, unos noventa mil armenios étnicos vivían en Siria, dos tercios de ellos en Alepo. Muchos descendían de antepasados que habían huido de su patria en 1915, escapando del genocidio cometido por los turcos otomanos. Para la mayoría de ellos, la guerra civil ha puesto fin a un siglo de historia. Hrair Aguilian, un hombre de negocios de 61 años, invirtió los ahorros de su vida en una fábrica de muebles en Alepo justo antes de la guerra, sólo para verla destruida. “Duró cien años, está terminado. No hay futuro para los cristianos en Medio Oriente”, expresó el mismo.

Según se cree, no más de un tercio de los sirios armenios permanecen en el país árabe. Muchos se dispersaron al Líbano, Canadá, Turquía, los estados del Golfo Pérsico y otros lugares. El resto, hasta treinta mil personas,  fue hacia lo que consideran su madre patria. Los más adinerados, para quienes les fue fácil moverse, llegaron primero. Otros esperaron a que pase la guerra y huyeron sin nada, solo una vez que sus medios se agotaron.

Vartán Oskanian, ex ministro de Relaciones Exteriores de Armenia, nacido en Alepo, comenta que muchos de los refugiados han comenzado pequeñas empresas. En Siria, los miembros de la minoría armenia tendían a ser profesionales calificados o artesanos, muchos eran conocidos como joyeros, médicos, ingenieros e industriales. Los armenios nativos, por su parte, parecen estar felices con los restaurantes que han abierto los recién llegados, que han traído sus sabores más intensos a un país donde la cocina está bastante influenciada por los sabores rusos.

Casi todos los refugiados terminaron en Ereván, excepto unas treinta familias provenientes de zonas agrícolas que fueron asentadas en Nagorno Karabagh. De hecho, algunos jóvenes que habían luchado en el ejército sirio se ofrecieron como voluntarios para servir en el frente de este conflicto, pero otros, aún más jóvenes, no se apresuran a sacar la ciudadanía para no tener que hacer el servicio militar.

Vazkén Yacoubian, quien una vez dirigió una empresa de construcción en Damasco, ahora dirige la rama armenia de la Unión General Armenia de Beneficencia (UGAB), organización benéfica a nivel mundial. Él afirma que los refugiados siguen llegando desde Siria, aunque no más en grandes números. Incluso algunos han vuelto, especialmente aquellos con una propiedad, aunque fuera solo para desprenderse de ella. Muchos sirios armenios aseguran que tienen el deber de regresar porque su diáspora forma parte importante de la identidad armenia y esta debe ser preservada.

Sin embargo, Oskanian explica que los que han regresado a Siria le ven poco futuro a la comunidad. Es que allí, los armenios han apoyado firmemente el régimen de Bashar al-Assad, que los ha protegido de la persecución de extremistas musulmanes. Pero este gobierno controla solo una parte del territorio sirio y su destino en cualquier acuerdo de paz es incierto.

Por su parte, los funcionarios del Ministerio de la Diáspora de Armenia, que fueron sorprendidos sin estar preparados por la afluencia masiva de refugiados, no se arriesgan. Actualmente toman planes de contingencia en caso de que surja un nuevo conflicto en el Líbano, y miles de armenios libaneses tomen el mismo camino.

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