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Toda la Historia es historia contemporánea

“Toda la Historia es historia contemporánea”, menciona el genial Saramago como una de sus frases preferidas, citando al italiano Benedetto Croce. Nada de lo sucedido en el pasado, por más remoto, es ajeno al presente y ningún suceso histórico está fuera de foco con miras al futuro. Así, la historia nos enseña que las consecuencias para Armenia han sido negativas cada vez que Rusia y Turquía se han acercado políticamente. A pesar de que los dos poderosos vecinos hayan sido históricamente contrincantes -por no decir enemigos, con numerosas confrontaciones bélicas en su haber- cuando han encontrado la fórmula del sustento político recíproco, hemos sufrido pérdida de territorios ancestrales: Kars, Ardahán, Aní, Najicheván, Artsaj… y hasta el símbolo eterno de nuestro pueblo, el majestuoso monte Ararat.

La remanida frase de que la historia se repite es lo primero que uno tiende a pensar frente al panorama actual de las relaciones ruso-turcas. Y a renglón seguido, en el potencial peligro que se cierne sobre los intereses estratégicos y nacionales armenios. Nos ha tocado en suerte una situación geográfica que ha sido y continúa siendo crucial para nuestra existencia como nación. Pero lo cierto es que nadie elige a sus vecinos. A partir de allí, una atenta lectura de los recientes sucesos en el panorama internacional debe mantenernos en alerta, más aún, en circunstancias en las que el tablero geopolítico de la región se ha transformado en un “campo de batalla” entre potencias mundiales y regionales.

Al tradicional conflicto de intereses en el Medio Oriente se ha sumado en los últimos tiempos el enfrentamiento en el Mediterráneo oriental. Las causas están claras como las aguas del mar en cuestión: la riqueza en hidrocarburos allí acumulada –gigantescos pozos de gas natural- es de tal magnitud, que todos pretenden sacar el máximo partido del negocio. A lo que hay que sumarle la importante ubicación geoestratégica de la región, base naval y aérea a un paso de las permanentes áreas de conflicto en el cercano oriente y el norte de África.

No cabe duda de que los enfrentamientos políticos en la región tuvieron una vuelta de tuerca con la adquisición de los misiles rusos S-400 por parte de Turquía. Una provocación sin precedentes hacia el socio estadounidense, cuyo presidente busca cómo salir del atolladero, bajo fuertes presiones del Congreso, del Departamento de Estado y del Pentágono, partidarios de una línea dura de sanciones hacia el díscolo “aliado” turco. Por su parte, el gobierno de Erdogan no repara en amenazas y advertencias de sanciones y sigue con su política de desafíos, en todas direcciones, en una suerte de póker regional e internacional en el que, por el momento, el único que lleva ventaja es el presidente ruso.

Pero no todo entre Ankara y Moscú es acercamiento. El apoyo de Turquía a “rebeldes” de toda calaña en Siria y sus intervenciones militares –con o sin luz verde externa- en el país árabe no son del agrado de Rusia, protagonista indiscutible en el devenir político sirio. Tampoco lo son los intentos de Erdogan por erigirse en líder islámico mundial -un rol que se autoadjudica en cada ocasión- ni su accionar unilateral y de clara provocación en las aguas de Chipre, país con el que Moscú mantiene estrechas relaciones.

Una cosa es cierta: la coyuntura política internacional no debe confundirse con los intereses estratégicos permanentes de las potencias en cuestión. Habrá que ver hasta dónde Washington y Moscú están dispuestos a seguir el tira y afloja con el régimen turco. Y hasta cuándo le permitirán desafiar a una y otra, sin obligarle a pagar un alto costo político y económico.

En cuanto a Armenia y en palabras del ministro de Exteriores Lavrov, está claro que Rusia la considera un aliado estratégico clave en la región. Algo que no es nuevo y que se remonta hasta el siglo XVIII, en tiempos de Pedro el Grande. Lo mismo cabe decir de la política exterior de Yereván, tanto de ayer como de hoy. No hay que ser un experto en geopolítica para afirmar que el factor ruso ha sido y sigue siendo de vital importancia para Armenia. Una mirada al mapa lo dice todo. Dicho esto, tampoco hay que olvidar que en épocas no tan lejanas, los intereses coyunturales de nuestros vecinos nos han jugado una muy mala pasada. El devenir histórico de Artsaj es el claro ejemplo. Y como toda la historia es historia contemporánea, no es cuestión de bajar la guardia.

Dr. Ricardo Yerganian
Exdirector del Diario ARMENIA
ryerganian@diarioarmenia.org.ar

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