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Un año difícil a las puertas del Centenario de nuestra República de Armenia

armenia--plaza--republicaArmenia vive intensamente cada año de su existencia. Es un país de muy corta existencia a pesar de ser una nación milenaria. Apenas un cuarto de siglo después de recuperar su estado democrático, nuestra patria se enfrenta a un sinnúmero de desafíos que ponen a prueba el temple de su pueblo y nación.

El 2017 fue un año sumamente difícil para los armenios, la situación de Artsaj sin definir, la crisis económica en ascenso con su consecuencia y la indefinición política del partido gobernante fueron algunos de los ingredientes de un escenario muy preocupante en el terreno social.

En enero y respondiendo a nuevas provocaciones azeríes, el presidente Sarkissian declaraba: “Nuestro ejército debe estar preparado para el combate”. Breve definición que resume las prioridades de un gobierno que no sólo debe velar por la seguridad de Armenia sino que tiene el compromiso adicional de hacerlo también por Artsaj. La guerra de los Cuatro Días de 2016 desnudó flaquezas en las instituciones militares armenias que pronto debieron enfrentar la situación descartando de sus mandos aquellos que estaban más preocupados por enriquecerse que por cumplir con las funciones asignadas. El reequipamiento militar continuó durante al año que finaliza y posiciona a Armenia como uno de los países más militarizados del mundo, por supuesto siempre hablando en relación fuerza/habitantes.

La asunción del nuevo primer ministro Karén Karapetian en septiembre de 2016 encontró durante este período a un empresario devenido en político, preocupado por alcanzar las metas económicas que él mismo se planteó ofreciendo un futuro de desarrollo que luego de más de un año de gestión apenas muestra algún adelanto. Los capitales que prometió sólo llegan a cuentagotas y a pesar de esforzarse por mostrarse como una opción firme y confiable para ocupar el cargo de premier en el nuevo sistema de gobierno parlamentario que se inaugurará en apenas unos meses, no termina de convencer a la clase política que ya comienza a mirar al actual jefe de estado como el candidato a seguir gobernando desde otro sitial de poder.

En el plano internacional, la política exterior armenia no ofreció cambios. Como ya hemos hecho notar en el pasado, nuestra diplomacia se muestra indolente y poco propensa a asumir las responsabilidades propias de un estado que se debate con la mayoría de sus vecinos y que se encuentra en absoluta desigualdad con el poder económico, político y diplomático del que hacen gala Turquía y Azerbaidján. De no existir la Diáspora pujante y luchadora que tenemos en cada uno de los países del mundo con presencia armenia, nuestra diplomacia estaría aún más alejada y menos presente en los foros internacionales. Desafortunadamente no comprendemos aún el motivo de la falta de atención de nuestra Cancillería para con Sudamérica, donde cada día se afianza más la presencia turco-azerí de la mano de representantes muy activos y por qué no admitirlo, con sus alforjas llenas de dinero para repartir o comprar voluntades.

Artsaj por su parte, sigue adelante con su lucha por afianzarse como estado independiente. Su gente sigue poniendo lo mejor de sí para cumplir con el compromiso de sangre adquirido con los valientes combatientes que recuperaron a costa de su vida ese suelo patrio. Esa fuerza de querer ser libres hace que de a poco los poderes mundiales comiencen a convencerse que los karabaghíes son merecedores de decidir su propio futuro. Es un largo camino que ya se comenzó a recorrer.

Finalmente, un párrafo para nuestra comunidad. Tal vez todavía no sea visible para muchos, pero lo cierto es que IARA (Instituciones Armenias de la República Argentina) está en plena labor y acaba de reemplazar sus autoridades cumplido el primer año de gestión. El proyecto es muy importante para los armenios de la Argentina porque es el espacio para trabajar en comunión de ideas en aquellas cuestiones que involucren a toda la armenidad y no sólo a nuestra colectividad.

Este primer tiempo de trabajo debe ser útil para evaluar la labor desarrollada y pulir los inevitables defectos de un colectivo que representa a todas las instituciones. Será necesario también plantear un mayor compromiso de participación de aquellos que todavía no se acoplaron debidamente y que seguramente a partir de la nueva conducción compartirán el esfuerzo y sacrificio que reclama la función.

En apenas unas horas ingresamos al año en que celebraremos el  Centenario de la conformación de la República de Armenia. Este festejo será de alegría y gran emoción porque es la concreción del ideal de todos nuestros antecesores sean estos de cualquier pertenencia política, credo o condición socioeconómica. Todos somos armenios, todos amamos a nuestra Patria y todos debemos luchar juntos por su futuro.

Jorge Rubén Kazandjian

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