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“Un pueblo cuyos hijos no son iguales ante la ley y la muerte, no logrará tener una Patria”

Estatua dedicada a Karekín Nshté en el centro de Ereván

Giro-x-1Palabras de Giro Manoyan, miembro del Buró de la FRA-Tashnagtsutiún, en ocasión de la inauguración de la estatua dedicada a Karekín Nshté

“Hoy es un día de fiesta. Lo es porque un 28 de Mayo de 1918, luego de las victorias de las batallas de Sardarabad; Pash-Aparán y Gharakilissé, se constituyó la República de Armenia y con motivo de esa celebración nos hemos reunido para presentar nuestros respetos a alguien que ha tenido un papel preponderante en el establecimiento y la subsistencia de ese estado.

Hijo menor del sacerdote Der Harutiunian, nacido a la vera del Río Araz, en el pueblo de Kznut de Najicheván, Karekín es una de las figuras con letras de oro de nuestra historia moderna, que fue ungido en el mundo armenio como Nshté.

A sus 17 años de edad el espíritu de liberación armenio había capturado la mente y el corazón del rebelde Karekín y encontrado su iniciación revolucionaria en las filas de la FRA-Tashnagtsutiún. Poco después, a instancias de Rosdom, uno de los fundadores de la FRA se había trasladado a Bulgaria para concurrir a la escuela de formación revolucionaria que tenía allí el Tashnagtsutiún. Luego de concluir sus estudios Karekín regresó a Tiflis.

Karekin-Neshte-3En esa ciudad es detenido y encarcelado en el marco de la persecución de la que fue objeto el Tashnagtsutiún por el régimen zarista. Cuando en 1913 estalló la Guerra de los Balcanes, se le confió a Karekín Nshté el mando del regimiento de la FRA que también estaba integrado por los revolucionarios búlgaros. Esa contienda resultó el bautismo de fuego de Nshté, que demostró en el campo de batalla su valentía y talento de estratega.

Avanzada la Guerra de los Balcanes, Karekín pasó a comandar el Segundo Regimiento de voluntarios armenios y en 1918 participó heroicamente de la gesta de Mayo con su destacamento en la batalla de Gharakilisé. Su destacada intervención militar en la Armenia montañosa en el período 1919/21 donde obtuvo importante logros lo impulsó a ser ascendido al rango de general.

Karekín ya era reconocido como Nshté en el otoño de 1919 cuando el gobierno armenio tomó la decisión de enviarlo a Zankezur como comandante general del ejército de las tropas que custodiaban las fronteras de Armenia. Allí, en Syunik y sus alrededores se enfrentó en encarnizados combates con las fuerzas regulares turco-tátaras y las turbas armadas. Mediante sus habilidades militares, talento organizativo y su inspiradora retórica, Karekín Nshté logró que sus tropas se juramentaran el 25 de agosto de 1920 en una iglesia del pueblo de Gavard, en la localidad de Kapán, a “permanecer fieles a la lucha por la libertad de la patria y combatir por ella hasta el último aliento”. Este compromiso fue conocido como bajo el lema “Por la Patria, como David Pek”. Esta fuerza nacional es la que resistió heroicamente los ataques conjuntos del kemalismo y los bolcheviques, logrando además armenizar toda la región montañosa de Armenia.

Luego de la sovietización de Armenia, Nshté se estableció en los Balcanes donde continuó con su tarea de fortalecimiento del Tashnagtsutiún. Nshté no sólo fue líder en esa área, sino que como consecuencia de una decisión del Congreso de la FRA tomó a su cargo el compromiso de organizar y comandar las filas de los militantes armenios allí establecidos. Bajo la bandera del Tashnagtsutiún sentó las bases de lo que sería en poco tiempo la Unión Juventud Armenia que aún hoy mantiene sus estructuras en Estados Unidos, Canadá y el resto del mundo.

A su regreso a los Balcanes, Karekín Nshté tuvo fuertes enfrentamientos con el Buró de la FRA de entonces. Y a pesar de estar fuera de las filas del partido, durante toda la Segunda Guerra Mundial comandó la familia tashnagtsagán de los Balcanes. Hasta su detención por el Ejército Rojo en 1944, Nshté defendió a los armenios de la región tanto de los soviéticos como de los peligros impulsados por Turquía.

El 21 de diciembre de 1955 falleció en la cárcel de Vladimir, ubicada a unos cien kilómetros de Moscú, considerada como destino de “peligrosos delincuentes”. Y cuando sus compañeros de prisión el reconocido activista Hovhannés Devedjian y su compañero de años Garó Kevorkian lograron dar la triste noticia de su muerte, el Tashnagtsutiún revalorizó el valor de militante de Karekín Nshté y lo devolvió a su justo lugar en la historia de la FRA y la memoria de las nuevas generaciones.

No importa cuánto tiempo pase, y cuánto se intente separar al Tashnagtsutiún de Karekín Nshté, nada va a cambiar. El hecho histórico del nacimiento en el crisol de la Federación Revolucionaria Armenia del legendario Nshté y su vida y obra, es fruto de la escuela de lucha revolucionaria y política que es el Tashnagtsutiún. Por lo tanto, no es posible aislar a Karekín Nshté del mundo ideológico y político de su partido por lo menos hasta el comienzo de la década del treinta.

Aquí, una de las reflexiones de Karekín Nshté respecto de la FRA: “El Tashnagtsutiún batalló por lograr el renacimiento de un pueblo alejado durante siglos del camino a la gloria… El partido hizo un gran esfuerzo para detener la caída… Un decidido esfuerzo para aunar la voluntad y el genio creativo de nuestro pueblo… Un esfuerzo para la comunidad religiosa por cuya propia naturaleza se habían convertido los armenios, transformándolo en estado y un pueblo hacedor de su propia historia.

El símbolo de la generación que logró la restauración del estado armenio es Aram Manoukian, para quien se espera que la capital de Armenia, Ereván; dedique una estatua erigida en el centro de la ciudad para el centenario del 28 de Mayo de 1918.

Y así como se intenta distorsionar la realidad separando al tashnagtsagán Nshté del Tashnagtsutiún, también  se tornan falsos todos los intentos de presentar respetos a quien es uno de los restauradores de la identidad del estado armenio como lo es Aram Manoukian, si éste no es merecedor de un digno lugar en nuestra capital. 

Con esta expectativa nos felicitamos con motivo de la inauguración de la estatua de Karekín Nshté y finalizó mis palabras con dos pensamientos de éste héroe: “Un pueblo cuyos hijos no son iguales ante la ley y la muerte, no logrará tener una Patria” y “Como las religiones, las naciones requieren que las manos de sus conductores sean cálidas y limpias””.

 

 

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