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Una novela que pretende encubrir otra

las_mil_y_una_nochesLa emisión de la telenovela turca “Las mil y una noches” que desde inicios del 2015 en horario central a través del Canal 13 de Buenos Aires, nos impone una serie de reflexiones acerca de una nueva forma de ejercer la política negacionista del estado turco especialmente activo en los últimos años en América del Sur, en especial en los que existen comunidades armenias y en aquellos que reconocieron el Genocidio.

En primer lugar, claramente no se trata de una casualidad. Todo lo contrario, hasta diría que se trata de una provocación, cuando el pueblo armenio se prepara mundialmente para conmemorar el Centenario del inicio del Genocidio perpetrado por el Estado Turco entre 1915-1923, crimen de lesa humanidad aún impune y no reconocido por Turquía y sus aliados, pese a la creciente cantidad de organizaciones supranacionales (ONU, Parlamento Europeo) como estados tanto nacionales, estaduales y municipales que han adherido al reconocimiento de este hecho aberrante, claramente violatorio de los más elementales derechos humanos, cuyas consecuencias los ciudadanos argentinos de origen armenios largamente conocidos, entre ellas el destierro y la formación de la diáspora a lo largo del todo el mundo.

Los intentos negacionistas turcos en esta región -en conjunto con la embestida diplomática y comercial azerí basada en sus petrodólares- han ido progresivamente extendiéndose desde los ámbitos diplomáticos, políticos, comerciales y académicos –cooptando, cuando no financiando- intelectuales, algunos legisladores y operadores periodísticos lábiles y faltos de ética profesional, que sirven como operadores locales de la ofensiva negacionista turca, tratando de presentar –hasta ahora- ante los círculos de poder a Turquía como un país moderno, de avanzada y hasta insólitamente tolerante y moderado, apuntando -en consonancia con la política adoptada por Ankara, de negar el genocidio, o tratar de presentarlo como una consecuencia “no deseada” dentro de la Primera Guerra Mundial, llegando al paroxismo de culpar a la víctima, en lo que podemos llamar la novela del negacionismo. La ignominiosa vigencia del artículo 301 del código penal turco y la demostración espontánea de vastos sectores de la ciudadanía turca en la plaza Taksim rechazando la política estatal represiva y buscando democratizar su Estado no hacen más que convalidar la endeblez de la directriz anacrónica de Ankara inclusivo respecto a la libertad de expresión de sus propios ciudadanos cercenando sus derechos más elementales, que apoyaron espontáneamente intelectuales y académicos turcos instando al Estado Turco a asumir su responsabilidad sobre el Genocidio perpetrado; al igual que el apoyo masivo de ciudadanos turcos respaldando la valiente actitud de Hrant Dink, director del semanario Agós, asesinado a plena luz del día en 2007 por fanáticos nacionalistas protegidos por el aparato estatal, por acusar al Estado Turco en su posición inaceptable de negar lo innegable.

Para Ankara es una indigerible espina clavada en su estrategia negacionista que la Argentina –a través de una incesante lucha comprometida y movilizada de un sector de la comunidad armenia de nuestro país, basada en la fuerza que emana de su derecho inalienable de lograr verdad y justicia- sea el único Estado del mundo cuyos tres poderes reconocieron el Genocidio Armenio.

Esta situación explica que la estrategia turca en nuestro país se vea obligada a mutar de tácticas: ahora, los temas populares son los arietes que pretenden una vez más ocultar la verdad histórica irrefutable ante los ojos del pueblo argentino, ganándose su simpatía con temas que les son muy caros: el fútbol, el turismo y las telenovelas. Pero, el pueblo argentino no es ingenuo: ha dado sobradas e indelebles muestras de apoyo ciudadano y estatal espontáneo y sincero a nuestros justos reclamos, lo cual nos compromete aún más en nuestro creciente proceso de integración como comunidad, para devolver a la Argentina tanta generosidad incondicional y constante.

La actitud postura genuinamente firme del presidente del club San Lorenzo de Almagro –a quien hemos agradecido por su valiente decisión- al rechazar el auspicio de Azerbaidján para su camiseta en el torneo oficial de fútbol de primera división, demuestran que con enorme coraje los ideales y valores no se negocian, y contrasta diametralmente con las indignantes y entrevistas que realizara el Canal 13 protagonistas de la citada serie, dedicando varios minutos del programa más visto por los televidentes argentinos a mostrar testimonios de la “cultura y tradiciones” turcas.

Ante la cruda realidad que “negocios son negocios”, afirmamos que nuestras convicciones e ideales constantes y profundos son claramente antagónicos y, de continuar con esta escalada, serían difícilmente reconciliables, si Turquía no procede a reconocer su responsabilidad histórica por el Genocidio Armenio y a reparar moral y materialmente sus consecuencia: es decir, lograr la merecida justicia para Armenia y el fin de la impunidad. No obstante, sería incauto de nuestra parte considerar que un productor exitoso como el titular de Polka, Adrián Suar, no esté al tanto que el pueblo de sus antepasados sufrió la Shoá, antecedente histórico más cercano tanto temporal como en dimensiones del Genocidio Armenio, y que el Estado de Israel no reconoce, en su condición de principal aliado regional de Turquía, este crimen que comenzara hace 100 años.

En esa misma línea, el lobby turco montó una enorme campaña de prensa que incluye –además de la emisión a la que hacemos referencia,- el informe especial de más de 20 minutos transmitido por la señal de cable Canal 26 el pasado sábado 18 de enero, donde se ensalzan las maravillas turísticas e históricas de Estambul, reconociendo que fue capital del Imperio Otomano, pero omitiendo cualquier mención a su responsabilidad en el Genocidio, programa seguramente pagado por el lobby turco, reforzado por emisiones especiales dominicales donde se resume semanales el devenir de la telenovela, además de la cobertura en medios gráficos, como la revista “Gente”, que le dan a este “éxito” televisivo. Ni qué decir profusidad inusitada de publicidades de Turkish Airlines –a partir del establecimiento de la ruta Estambul-Buenos Aires- en los principales medios gráficos nacionales, y de paquetes turísticos promocionados por operadores locales de dicha actividad, invitando a los turistas argentinos a conocer los destinos exóticos omitiendo deliberadamente informar que fueran escenarios hace 100 años de masacres y deportaciones crueles y masivas de poblaciones armenias, como Anatolia, Capadocia, y Esmirna, ciudad que fue lugar de la cruenta matanza de armenios y griegos -entre otras minorías- en 1922 por el desenfrenado nacionalismo fanático y expansionista de Kemal, quien no dudó en arrasarla e incendiarla.

Una novela que pretende encubrir otra: que Turquía es inocente y que el Genocidio Armenio es un invento de un pueblo que se victimiza.

Como comunidad, es nuestra obligación responder con inteligencia y estar más alerta, movilizados y activos que nunca, porque este tipo de acciones el preludio de nuevas maniobras que seguramente Ankara desplegará en el 2015 con la aviesa y provocativa intención de “lavar” su imagen a nivel local. En esta dirección se inscribe la próxima visita del primer ministro turco Tayyip Erdogan a nuestro país, en una reiterada provocación a los ciudadanos argentinos de origen armenio. Por eso exigimos memoria, verdad y justicia. Y que Turquía repare los daños morales y económicos causados al pueblo armenio. Ya es hora de que así sea: 100 años es demasiado tiempo para tamaño impunidad, descaro y cinismo.

En síntesis, la encarnación misma de la injusticia que no estamos dispuestos a aceptar.

Lic. Juan Carlos Tagtachian

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