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En la encrucijada entre lo virtual y lo real

Ereván (Anahit Sukiasyan para EVNReport).- Cuando estés en un autobús, en una tienda, en la facultad o la escuela, podrás ver personas, pero es probable que no recuerdes sus caras, ya que estas están pegadas a las pantallas de sus teléfonos. Para descubrir algo acerca de alguien, uno ya no tiene que preguntarle a conocidos en común, solo basta con encontrarlos en Facebook u otras redes sociales.

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Las redes sociales llegaron a nuestras puertas un día como invitados inesperados. Primero fue la mensajería instantánea israelí ICQ. Más tarde, los rusos llegaron a Armenia con Odnoclassniki, con la intención de conectar a actuales y viejos compañeros de clase. También, de forma lenta pero segura ingresaron Facebook e Instagram. Puede que parezca que todos tienen una cuenta en alguna de estas plataformas y que no queda nadie cuya vida social tenga solo lugar en el plano real, sin embargo, hay jóvenes que han decidido no dejar ninguna huella digital.

A.S es una estudiante universitaria. Sale con amigos, es activa en círculos culturales y, a diferencia de muchos otros, no publica fotos en Facebook, ya que cree que mantener un perfil en línea separa a su generación del sentido de la realidad. Su familia jugó un papel importante en esta decisión: “No es habitual que nosotros estemos activos en redes sociales. Personalmente, trato de evitar Internet porque creo que cuando las personas pasan demasiado tiempo allí, eventualmente se convierten en parte de una realidad alternativa y se separan de sus rutinas normales”.

Ella ve como los usuarios de redes tratan de demostrarles algo a sus amigos cada minuto que pasan despiertos. También tratan de convencerla a ella, incluso llegando a irritarse, porque quieren ver fotos suyas, pero se mantiene inquebrantable sobre su decisión de evitar pasar al mundo on-line. Si bien admite que estos sitios pueden ser una fuente de información sustancial, destaca que esta puede tener efectos negativos en el lector, por lo que limitar su uso puede resultar beneficioso.

Nunca se le pasó por la cabeza la posibilidad de perderse de eventos, discusiones o conversaciones por no estar en una de estas plataformas. En este sentido, confiesa que preferiría que la gente use el tiempo que pasan en estos sitios para leer un libro o intentar avanzar con sus planes.

Cuando hay que buscar a alguien que no esté en las redes en la Universidad Americana de Ereván, casi todo el mundo habla de la profesora Hourig Attarian. Su ausencia en las mismas ha generado una gran impresión entre sus estudiantes. “Recuerdo que al principio estaba ocupada, por lo que pensaba que estar en estos sitios sería otra cosa para verificar. Más tarde, el hecho de no registrarme fue como una forma de protesta, no quería ser parte del sistema. También tengo motivos políticos para no registrarme”, explica.

Si bien admite que las redes han desempeñado un papel importante en diferentes movimiento políticos, no está de acuerdo con la política de estas plataformas. Según señala, las personas en otros países han comenzado a ser más críticos, porque en esta época de ritmo acelerado, cuando parece que no hay tiempo para nada se depende de las notificaciones sin parar. “Uno siente pánico, queriendo estar seguro de que también está en la plataforma. Se ha convertido en una forma de adicción”.

Mientras que aquellos que han optado por mantenerse al margen, tienen confianza en su decisión, otros se sorprenden por esta. Parece que es más extraño y menos natural estar ausente de Internet que estar físicamente presente. A su vez, a medida que el debate sobre el impacto y el efecto de estos sitios en las relaciones humanas continúa, al final del día sigue siendo elección personal, cada uno de nosotros debe decidir sobre el tipo de vida que se quiere llevar.

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