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29 años después del terremoto que asoló Armenia

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Un día como hoy hace 29 años, el 7 de diciembre de 1988 exactamente a las 11 horas y 41 minutos un terremoto de más de 7 grados de magnitud golpeó el norte de Armenia. La catástrofe afectó a las ciudades de Spitak, Leninakán (Hoy Gyumrí), Kirovagán y Stepanaván, las que sufrieron enormes daños materiales y gran número de víctimas fatales.

Gyumrí resultó una de las más afectadas con la destrucción de gran parte de sus edificios, iglesias y locales públicos. La hora en que sucedió el violento sismo contribuyó a que el número de muertos fuera mayor, pues tomó a la mayoría de los niños en las escuelas. La mayoría de las edificaciones de más de un piso de altura se derrumbaron atrapando a sus moradores.

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Decenas de localidades del noroeste armenio se vieron afectadas por el terremoto y sus diferentes réplicas. El movimiento sísmico también se sintió en Ereván, la capital armenia donde los temblores provocaron mucho temor en la población.

Las tareas de rescate se demoraron más de la cuenta pues la mayoría de los médicos y servidores públicos falleció o quedó malherida por efectos del cataclismo. Tampoco ayudó el tiempo pues desafortunadamente ese invierno fue uno de los más intensos jamás registrados. Los que lograron sobrevivir a la catástrofe, se enfrentaron en las siguientes horas nocturnas a temperaturas de más de 35 grados bajo cero.

Recién al día siguiente comenzó a llegar a la región el auxilio de los rescatistas armenios. Con el paso de los días la ayuda internacional se hizo presente en la zona del terremoto.

Tragedia de toda una nación

El 7 de diciembre de 1988 fue una fecha luctuosa no sólo para los afectados directamente por uno de los sismos más cruentos de la historia, sino para todo el pueblo armenio diseminado por todos los rincones del mundo.

El terrible terremoto que prácticamente destruyó la región noroccidental de la República de Armenia fue un golpe demoledor que el pueblo armenio debió absorber en circunstancias extremadamente difíciles, en el momento decisivo en que habría de iniciarse una nueva página de su historia.

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La agresión azerí contra la autodeterminación de Karabagh y el inminente resquebrajamiento de la URSS que tendría como consecuencia la iniciación del proceso de independización armenio requerían el concurso de todos los sectores de la nación, pero el movimiento sísmico obligó a una movilización sin precedentes, tanto interna como externa..

La magnitud de la catástrofe hizo que la mitad de la población de Ereván se apresurara a acudir en ayuda de la segunda ciudad de la República, Gyumrí (entonces, aún Leninakán) y de la población de Spitak, epicentro del sismo. Todas las comunidades armenias del mundo, con ejemplar espíritu de solidaridad, enviaron grandes cantidades de elementos que amortiguaron en alguna medida los sufrimientos de sus compatriotas sin hogar expuestos a los rigores del invierno armenio.

La solidaridad internacional se tradujo en un incesante fluir de toda clase de abastecimientos, hospitales de campaña, viviendas de emergencia, elementos de remoción de escombros.

Más allá de la ayuda material, debe destacarse muy especialmente el aporte humano, cuyo sacrificado esfuerzo permitió salvar incontables vidas.

No se sabe a ciencia cierta cuántas fueron las víctimas del terremoto: se estiman hoy en alrededor de 25.000, pero quizá fueron muchas más. Pero el sismo hizo aflorar las miserias de un régimen corrupto: las construcciones deficientes por el “desvío” de materiales, la obsolescencia del equipamiento “disponible” para afrontar emergencias semejantes, a lo que hubo que sumar la extraña “desaparición” de importantes partidas de asistencia provenientes del exterior.

Triste historia que parece no tener final para sus protagonistas. Hoy, casi tres décadas después aun hay familias viviendo en situación precaria luego de enésimos anuncios de todos los gobiernos armenios que prometieron hasta el cansancio la construcción de viviendas para los damnificados.

El resultado de esa inacción es el vaciamiento de la población de las localidades afectadas. Muchos emigraron a la capital armenia, pero otros, la inmensa mayoría se fue del país en búsqueda de aquello que sus propios hermanos no pudieron o no quisieron ofrecerles.

A 29 años del terremoto el dolor todavía recorre las vidas de los sobrevivientes.

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