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36° aniversario de la Operación Lisboa

En un contexto particular de la Causa Armenia tuvo lugar hace 36 años atrás un hito histórico en la lucha de liberación del pueblo armenio. El 27 de julio de 1983 marcaría y sigue marcando generación tras generación un punto de inflexión. En esa fecha, cinco jóvenes pertenecientes al Ejército Revolucionario Armenio tomaron la sede diplomática turca en la capital de Portugal con el objeto de manifestar y captar la atención mundial por la Cuestión Armenia.

La entrega y la convicción de estos jóvenes representaba la esperanza de tener una Armenia libre, independiente y unificada y una clara reivindicación para que el Estado turco asuma las responsabilidades de las masacres de 1915.

Una vez que ingresaron a la embajada y lograron el control de la misma, Simón Eahnian, Vaché Daghlian, Setrak Adjemian, Sarkís Aprahamian y Ará Kerdjalian, manifestaron que el ataque se había llevado a cabo porque “Turquía y sus aliados se niegan a reconocer el genocidio de los armenios”. Razón por la cual y, al no conseguir los reclamos, luego de tensas negociaciones, deciden inmolarse dando sus vidas por la Causa Armenia ante la indiferencia internacional generando un impacto posterior inesperado no solo en la juventud sino en la prensa internacional que ya no podría ser más ajena a los reclamos armenios.

Con posterioridad a la inmolación el Ejército Revolucionario Armenio (ERA) declaró: “Hemos decidido volar este edificio y permanecer en el colapso. Esto no es un suicidio, ni una expresión de locura, sino nuestro sacrificio al altar de la libertad”.

No es casualidad que cinco años más tarde en 1988 comenzara el Movimiento de Liberación de Arsakh alentado y motivado por el sacrificio y convicción de los jóvenes de Lisboa. La operación Lisboa debe ser entendida como un acto de plena convicción e idealismo revolucionario y totalmente opuesto al terrorismo. Es indudable, que los acontecimientos de 1983 marcarían un antes y después no solo en la agenda internacional de la Causa Armenia sino en el impulso que sigue generando en la juventud de la diáspora.

Treinta y seis años después, los sonidos de explosión se pueden escuchar dentro de la nueva generación. Quizás, sin embargo, este día debería servir como una oportunidad para que cada uno de nosotros reflexione sobre los sacrificios que hemos hecho por nuestra nación y nuestra causa y evalúe nuestros esfuerzos, individuales y colectivos, para promover las justas aspiraciones de la Nación armenia.

Después de todo, el “sacrificio máximo” fue de estos cinco jóvenes héroes. Si bien la mayoría de nosotros no estamos dispuestos a tomar medidas tan drásticas para promover la Causa Armenia, el Lisboa 5 debería servir como un impulso para hacer un sacrificio mayor, ya que sin ello no se puede lograr nada.

Leandro Parsechian
leanparse@hotmail.com

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