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A 31 años del salvaje genocidio contra los armenios de Azerbaidján

Sumgait fue el inicio, pero le siguieron otros hechos similares

 

Inspirados por la perestroika de Gorbachov, el 20 de febrero de 1988, los representantes de la población armenia solicitaron en una sesión del Consejo Regional del Soviet de Nagorno Karabagh a los Soviet Supremos de Azerbaidján y Armenia, la anexión del Karabagh montañoso a Armenia. Esta solicitud fue precedida por otras seis peticiones similares a otros Soviet regionales.

Sin embargo, al día siguiente el Kremlin adoptó una resolución contrariando el principio universal de autodeterminación popular. Las autoridades prefirieron tomar una resolución política sobre el problema ignorando por completo el pedido popular, lo que provocó multitudinarias protestas de la población de Karabagh.

Aprovechando la indecisión política que reinaba en el máximo cuerpo de la URSS, las autoridades comunistas azeríes falsearon la historia regional provocando la histeria nacionalista en los medios de comunicación, transformando la cuestión en un conflicto étnico de envergadura. El desencanto de ambas partes con el poder central fue aprovechado por grupos de incontrolados para sembrar el pánico, desoyendo las llamadas a la calma de Gorbachov. El lado armenio atendió en mayor medida a los llamamientos del Secretario General del Partido Comunista mientras que su contraparte azerí continuó con la espiral de violencia.

Un funcionario azerbaijano de alta graduación, A. Asadov; amenazó con una “invasión de 100.000 azeríes armados” a Nagorno Karabagh. El 22 de febrero, una muchedumbre que llegaba a varios miles de azeríes enardecidos comenzó a moverse hacia Stepanakert desde algunas regiones cercanas a Aghdam con la supuesta intención de “restaurar el orden”. Las matanzas se evitaron apenas por un margen demasiado estrecho.

Las masacres en la ciudad de Sumgait, ubicada no lejos de la capital Bakú, ocurrieron a plena luz del día según lo atestiguan numerosas comunicaciones de entonces. El mayor pico de las atrocidades tuvo lugar entre los días 27 al 29 de febrero de 1988.

En aquellas trágicas horas murieron más de 300 personas y otras 300 resultaron heridas, en su gran mayoría armenias. La situación fue tan grave que alguien tan imparcial como Andrei Sajarov hizo una denuncia pública de los acontecimientos. Una oscura sombra cubre estos hechos y lo único cierto que aparece es la figura dominante de la KGB sobre los acontecimientos.

La política antiarmenia y las provocaciones generadas desde los más altos niveles del gobierno azerí encontraban eco así en las hordas que atacaron a la población armenia.

El diario ruso Izvestia publicaba en su edición del 20 de agosto de 1988, declaraciones del procurador militar de la Unión Soviética, Alexander Katusev; quien aseguraba que el área entera de Sumgait, una ciudad de 250.000 habitantes se había transformado en un sitio liberado que para la ejecución de pogromos contra los armenios.

De hecho, el 27 de febrero de ese año, el mismo Katusev había salido en la televisión soviética incitando veladamente a los azeríes a cargar contra los armenios.

Los hechos de Sumgait se desarrollaron en una ciudad que se convirtió en una arena romana donde una jauría de azeríes armados irrumpió en los hogares armenios para agredir a sus moradores e incendiar sus casas. De acuerdo a testimonios directos, grupos de 50 a 80 personas que portaban armas de puño, cuchillos, hachas y hasta bombas molotov; saquearon no menos de doscientas viviendas de residentes armenios. Familias enteras fueron echadas a la calle, robadas sus pertenencias y matados o heridos sus integrantes. Negocios, talleres y vehículos de armenios ardieron bajo la mirada de una muchedumbre enardecida que no tenía control alguno.

Las estadísticas que se manejaron por entonces hablan de decenas de muertos y un par de centenares de heridos. Pero la realidad es que la cifra real nunca pudo ser determinada con exactitud y tampoco pudo saberse cuántas familias quedaron mutiladas y despojadas de sus bienes debiendo escapar del terror con apenas lo puesto.

Los sobrevivientes relataron sus padecimientos: “La policía salió de la vista de las multitudes, dejaron el terreno libre para que se cumplieran sus objetivos”, dijo Arsén Mikaelian; “no había asistencia para los heridos armenios, ni siquiera un poco de compasión humana. Mi madre estaba gravemente herida con una conmoción cerebral producto de los golpes recibidos, pero no hubo médicos ni hospital para ella, todo fue negado”, agregó.

El ejército soviético llegó el 29 de febrero, pero poco hizo para proteger a los armenios, solo se resguardó de las piedras que le arrojaron los manifestantes descontrolados.

Los graves hechos de Sumgait y los que les sucedieron no hubieran sido factibles de ejecución de no haber existido una venia tácita de las autoridades. Ello puede deducirse así, pues dentro del más alto nivel del gobierno había sujetos como A. Mehdiyev y Ahmed Ahmedov que fueron sindicados como los organizadores del traslado de miles de activistas azeríes que llegaron a Sumgait en la última semana de febrero provenientes de Aghdam, Fizuli y otras localidades vecinas.

Decenas de autobuses y hasta un tren especial fueron utilizados para concentrar mano de obra hostil que instigada por falsas noticias sobre la muerte de dos jóvenes azeríes, comenzó con las primeras acciones del cruento pogromo.

 

 

Las tropas, al mando del coronel F. Huseynov, llegaron procedentes de Bakú casi en el apogeo de los sangrientos sucesos. El gran número de sus efectivos hubiera sido más que suficiente para detener los ataques, pero hubo hechos que ocurrieron en su presencia sin despertar ninguna reacción ni interés de proteger a las indefensas víctimas armenias.

Así lo atestiguan, miembros de la familia Avanesian, asaltados por la caterva azerí que mató a dos jóvenes hermanos, violó a su madre y hermana y dejó en ellos el estigma turco-azerí tan padecido por la víctimas del genocidio Armenio de 1915.

Artsaj autobus armenio destruidoTeléfonos que no funcionaban, rutas bloqueadas para el escape de los armenios, controles que fueron capaces hasta de obligar a desnudarse a los armenios para comprobar su origen no musulmán, fueron parte de un plan bien estructurado y mejor desarrollado. Vehículos asaltados e incendiados podían verse en todos los accesos a Sumgait. Sus propietarios fueron asesinados o en el mejor de los casos despojados de lo poco que habían podido rescatar en su escape de la muerte segura.

Esta y otras informaciones provienen de una nota publicada por el periódico ruso “Moskovskie Novosti” (Noticias de Moscú), que en su edición del 22 de mayo de 1988 dio cuenta de los hechos sucedidos con lujo de detalles.

Sumgait 3Pero el asalto azerí no se detuvo en Sumgait, poco después en mayo del mismo año continuó en Shushí. Las autoridades locales bajo el pretexto de resguardar a los armenios, organizaron su deportación. En poco menos de noventa días no quedaron residentes armenios en esa ciudad. Al mismo tiempo fueron atacados y heridos o muertos los pobladores armenios de la aldea de Khodjalú.

Ya en noviembre y diciembre del mismo año, los pogromos antiarmenios cubrieron todo el territorio de Azerbaidján. Los hechos más graves tuvieron lugar en Bakú, Kirovabad, Shemakh, Shamkhor, Mingechaur y Najicheván.

La prensa soviética describía entonces cómo un grupo de vándalos atacaba un pequeño hospicio de ancianos armenios y mataba a doce hombres y mujeres, entre ellos varios discapacitados. En el invierno de aquel año ya casi no quedaban armenios en las aldeas y villorrios armenios de Azerbaidján. Alrededor de cuarenta pueblos del norte de Karabagh y alejados de la región que reclamaba su autodeterminación, incluyendo las regiones montañosas de Khanlar, Daskhesan, Kedabek y Shamkor, quedaron vacías de armenios.

Cuarenta mil residentes armenios de Ganja (la tercera ciudad de Azerbaidján), también fueron violentamente expulsados de sus hogares, además de los más de 200.000 armenios de Bakú, la capital azerí, quedando solo allí una cuarta parte de ellos.

Al año siguiente, los ataques esporádicos, el saqueo y los continuos crímenes redujeron a menos de treinta mil los armenios de Bakú. Quedaron unos pocos, la mayoría de ellos ancianos que no podían trasladarse por sus medios. Ya en enero de 1990, los pogromos se renovaron e intensificaron. El 13 de enero de ese año, una muchedumbre violenta -calculada en 50.000 individuos- se desprendió de una gigantesca manifestación antiarmenia y comenzó metódica y salvajemente a concretar el último capítulo de esta monstruosa historia.

Durante dos días fueron asesinadas más de treinta personas, heridas otros centenares. Cuerpos mutilados, mujeres violadas y degolladas, embarazadas con sus vientres desgarrados, gente ardiendo aún viva, fueron el resultado de un raid difícil de calificar.

Artsaj 5Los diarios soviéticos informaban a diario de las sangrientas noticias, que solo despertaban pudor y vergüenza en sus lejanos lectores.

Siempre en discordancia con las cifras oficiales, los muertos de este último episodio llegaron a cientos. Los pocos armenios que salvaron su vida, en especial los de mayor edad, fueron deportados en difíciles circunstancias lo que provocó también la muerte de muchos de ellos.

Los pogromos continuaron hasta el 20 de enero. Para entonces, la ciudad ya había sido “liberada” de elementos armenios. Quedaban apenas un par de cientos de armenios o armenias casados con azeríes que debieron sufrir la penuria de ver cómo sus familiares eran acuchillados o despedazados con hachas. Algunos de ellos tiempo después fueron canjeados por prisioneros de guerra azeríes, durante las luchas de autodefensa de Artsaj.

La responsabilidad oficial quedó de manifiesto nuevamente. La inacción policial, la falta de respuesta a los Sumgait 4pedidos de auxilio y en especial la inhumana actuación de los profesionales médicos de los hospitales que certificaron las violentas muertes de armenios como si hubieran sido producto de enfermedades tales como diabetes, hipertensión, ataques cardíacos y hasta cáncer.

La policía, siempre de acuerdo a testimonios directos de sobrevivientes, estaba no lejos de los acontecimientos. Cuando cesaba el ataque por muerte o heridas graves de las víctimas, aparecían los guardias que secundaban a los saqueadores permitiéndoles la rapiña, pero reservándose para sí la parte sustancial de los vergonzosos botines.

Desafortunadamente los líderes soviéticos no tomaron decisiones apropiadas con relación a los penosos hechos soportados por los armenios. Los crímenes de Sumgait, Bakú y otras ciudades fueron considerados como parte de un momento muy particular de la URSS, que ya estaba al borde de su disgregación. Sólo así puede entenderse como el asesinato de centenares o miles de armenios haya quedado olvidado y sus responsables sin castigo.

Sumgait 2Al haber sido confinada en el olvido, la tragedia de Sumgait quedó impune y sus autores hoy intentan torcer la historia imputando a las víctimas la responsabilidad de sus propias muertes. Bakú pretende en la actualidad presentar como responsabilidad armenia hechos como el de Khodjalú, donde supuestamente se cometió genocidio contra los pobladores azeríes.

Una estrategia similar a la utilizada por Turquía al pretender transformar el Genocidio de 1915 en un enfrentamiento menor por cuestiones políticas regionales.

A diferencia de las masacres de 1915/1923, los acontecimientos de Sumgait, Bakú y otras ciudades donde murieron tantos compatriotas, tienen testigos que sufrieron en carne propia el escarnio de sus atacantes y violadores.

Pero la justicia todavía no llega, por el momento priva el interés del petróleo y el gas que hace que Azerbaidján sea considerado país “interesante” por las mismas potencias que cerraron sus ojos ante la sangre armenia derramada.

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